Balazos en el carnaval – Primer Acto

“BALAZOS EN CARNAVAL”

“Un desfile de Antifaces que se pretende representar en dos actos”

PERSONAJES

 

VIEJO DRAMATURGO: Porfirio Chacón, Tijuana, Baja California, 48 años.

JOVEN DRAMATURGO: Basilio Rodríguez, Mazatlán, Sinaloa,  31 años.

DAMA DE HIERRO: Daniela Quezada, Tepatitlán de Morelos, Jalisco, 33 años.

Lugar: Guadalajara, Jalisco: Casa de Porfirio. Se visualiza en una colonia de clase media.

Tiempo: Hoy.

PRIMER ACTO

      La casa de Porfirio no es muy grande, típica de una colonia de clase media baja de la capital de Jalisco e incluso no sería inverosímil que se situará en Tonalá, Tlaquepaque, Zapopan o Tlajomulco, como dato característico debe de estar cerca de una avenida o cuchilla para que sea una constante de choques y accidentes viales. Sólo se distingue la sala que a su vez se utiliza como comedor, hay modestos muebles, pero sobre todo sobresale una pared llena de carteles enmarcados de obras de teatro, libros regados, antifaces y vestuario carnavalesco. Como otro rasgo característico se recomienda decorar la casa con alguna bandera de Inglaterra y con pósters de grupos clásicos de Punk, puesto que el personaje formó parte del movimiento cuando fue el “Boom” en la ciudad de Tijuana. Porfirio está sentado en una modesta silla, escribiendo en su computadora portátil, sobre una mesa no menos modesta. Es alto, de edad madura pero aún de buen ver, utiliza un bastón pues cojea de una pierna, viste al estilo del “pachuco moderno” (Pero con cierta influencia del caballero británico de los grupos de rock).

TRAMOYA: Sonido de un choque.

El “Viejo Dramaturgo” se sobresalta y sale de la escena al espacio designado como calle. En el breve momento en que está ausente del escenario suena su teléfono celular, en cuanto deja de sonar él entra. De nueva cuenta toma su máquina; después de estar un momento pensativo comienza a leer.

Porfirio: “Ahora sabrán quiénes somos los sicarios hijos de su madre, para que ya no les queden ganas de venir a vernos a obras de teatro” ¡No! Se me hace muy mamón que amenacé al público con una pistola (Sonríe y en ese momento tocan a la puerta). Está abierto, ¡pásale!

Entra Basilio, viste saco, pantalón y camisa. Es alto y guapo.

Basilio: ¿Cómo supiste que era yo? ¿Y cómo puedes escribir tan tranquilo luego de un choque?

Porfirio: Ya tenías cita y eres puntual, además esto es Guadalajara, no Beirut.

Basilio: Dos años de no verme y sigues con la pinche mirada en tus obras. Al menos un jodido abrazo buey.

Porfirio: ¡Pues que no se haga esperar! (Deja la máquina a un lado y se levanta)

Ambos se abrazan y al instante Porfirio aplica un candado de lucha libre al cuello de Basilio sin utilizar su bastón, ambos forcejean demostrando su fuerza hasta que se logra derribar al más joven y ambos ríen.

Porfirio: Yo entiendo esta ceremonia gladiatoria como un abrazo de hombre a hombre. (Lo ayuda a levantarse)

Basilio: Igual que siempre, Porfirio, me queda claro que todavía puedes.

Porfirio: No solamente dar pelea, sino también escribir obras de teatro. ¡La neta me alegra verte de nuevo! Supe que acabas de pasar por las mismas que yo.

Basilio: Tú te has separado dos veces y yo sólo una. ¡No es lo mismo!

Porfirio: Aún eres joven. Me puedes alcanzar y hasta superar.

Basilio: ¡No gracias!

Porfirio: Por cierto que soy un mal educado: ¿café, vino tinto o pulque traído de la “Sierra del Tigre”?

Basilio: Vino tinto.

Porfirio sale a la cocina que está en el lado opuesto del espacio marcado como calle, en ese momento vuelve a sonar el celular y sigue sonando pese al asombro de Basilio hasta que vuelve con el vino.

Basilio: ¡Sonó tu celular!

Porfirio: ¡Ya lo sé! Sonó también cuando fui a ver lo del choque.

Basilio: ¿Cómo lo sabes y por qué no contestaste ninguna de las dos veces?

Porfirio: Mi primera esposa me llama siempre a la misma hora, no puedo contestarle porque a los pocos minutos también  me llama la segunda, es cosa de todos los días.

Basilio: ¡No tienes remedio! En el momento en que fuiste por la bebida de Baco, estuve observando tu nueva obra, es muy de vanguardia. Lo que nos toca vivir en la actualidad y sobre todo a los que somos del norte.

Porfirio: Soy tijuanense, eso es lo que me ha tocado vivir siempre.

Basilio: De hecho, esa es la razón por la cual he venido a consultarte, viejo maestro.

Porfirio: (Bromista y sarcástico a la vez) Soy todo oídos viejo discípulo acabado.

Basilio: Es curioso que ahora los dos volvamos a coincidir en una misma ciudad en la que a decir verdad llevas poco tiempo de haberla elegido como lugar de residencia. Te podría decir miles de cosas que me han fascinado de esta ciudad, miles de cosas que hasta podría decir que he llegado a amar de Guadalajara, a su vez también ya hay cosas que he llegado a aborrecer y otras muchas que me cagan. Pues te recuerdo que yo estudié aquí, por lo tanto, vuelvo a un lugar muy familiar en donde ya viví cinco años de mi vida.

Porfirio: Yo empecé de actor callejero a los 16 años y ya estaba molesto con mi entorno. Ponte a pensar; el teatrero debe de estar siempre encabronado, ya sea actor, director, dramaturgo o lo que le dé su chingada gana. Somos la representación de la vida, siempre lo hemos sido, y si no tienes algo que sanar en el escenario, el teatro no sería curativo. ¡Eso es lo que te toca ése! ¿Qué quieres que haga yo?

Basilio: ¡Ser un auténtico maestro!

Porfirio: Siempre procuré serlo, nunca me gustó que me llamaran director, procuré ser sobre todo un carnal.

Basilio: ¡Pues no lo fuiste! ¡No se me ha olvidado la lana que te robaste en la última puesta en escena!

Porfirio: Te dije que fueron los gastos de… (Basilio interrumpe)

Basilio: (Enérgico y molesto) ¡Qué gastos ni que la chingada! ¡Te robaste un dinero que no les diste a los actores! ¡Y no te hagas buey!

Porfirio: (Enérgico) ¡Necesitaba dinero para mudarme! ¡Tú no lo entiendes porque aún no tienes hijos!

Basilio: (Aún en tono fuerte) ¡Y sé que el día que los tenga no seré una mierda para ellos como los has sido tú! Pero no he venido a cobrarte, al menos no con dinero.

Porfirio: ¡Entonces a qué chingados vienes conmigo!

Basilio: ¡Vengo a convertirme en un buen modelo y maestro para todos los jóvenes dramaturgos de la generación que sigue de mí!

Porfirio: (Sarcástico, pero no burlesco) ¡Jo-Jo-Jo! ¿Cómo piensas lograr eso y en qué calma todo el coraje que tienes?

Basilio: Dice un dicho del Budismo: “Si el alumno no supera al maestro, entonces el maestro es un fracaso”.  Así que pretendo tener un mano a mano contigo en lo que más nos duele.

Porfirio: Ser mejor actor, director o será…

Basilio: Dramaturgia.

Porfirio: Buena elección, me he dado cuenta que es lo más olvidado y a la vez la parte más trascendental del teatro. Pese a todo… Tengo tres libros publicados y según sé, tú no tienes ninguno.

Basilio: No presumas, cuando tenías mi edad ni siquiera soñabas con lo que ahora tienes. Conoces lo lineamientos, así que dame una de tus obras y viceversa.

Porfirio: No me desagrada la idea, pero hace falta un referí que cuente hasta diez o marque un K.O. Yo propongo uno, así disminuirá más tu ira hacia la estulticia en el teatro. Es más, qué te parecería si te dijera que el mejor crítico de mi obra es de Jalisco y lo acabo de conocer recién llegué a esta ciudad.

Basilio: Suena interesante, ¿cómo se llama el fulano?

Porfirio: ¡Es fulana! Y permíteme decirte que se siente orgullosa de ser de Lagos de Moreno. ¿Te molesta?

Basilio: Todo lo contrario. Había una pendeja que negaba ser de Guadalajara y decía que sus padres eran de Europa… de Uruapan habrá sido. ¡Se ve interesante la cosa!

Porfirio: Dos meses para la pelea. Sin indulto o empate. Como decían en la antigua Roma… (Hace movimientos con el dedo propios del veredicto de vida o muerta en la época de los gladiadores) Se escucha música de “Jhon Summer and the Mezcaleros” y se apagan las luces.

 

SEGUNDA ESCENA

    Al encenderse las luces Porfirio está pegado a su computadora, pero ahora se ve muy nervioso a diferencia de la anterior escena, viste un tanto más elegante sin perder su estilo de Pachuco postmoderno. Sobre la mesa de su improvisado centro de reuniones hay dos botellas de vino, copas, servilletas de tela y sacacorchos. Ahora sí se sobresalta al escuchar que llaman a su puerta.

Porfirio: ¡Diga!

Basilio: (Desde afuera) ¡Soy tu verdugo, Porfirio!

Porfirio: (Levantándose con cierto nerviosismo) Mi víctima quizás.

   Entra Basilio, viste aún más elegante, con traje y camisa de vestir. Trae unas hojas en las manos y no parece nervioso ni confiado, sino seguro de sí mismo.

Porfirio: ¡Bienvenido al infierno! Puedes servirte una copa si quieres.

Basilio: Soy educado, esperaré a que primero se sirva la dama. Por primera vez te noto con algo de culpa por todas las que has hecho.

Porfirio: ¡Eres muy directo! En parte tienes razón y en parte no, considero que lo que hice fue la única forma de triunfar en el teatro. ¡Supervivencia!

Basilio: Pero no a costa de robarle el dinero a los demás, eso se llama explotación. Tampoco te digo que el teatro debe ser siempre gratis, hay que encontrar una balanza. ¿Qué te pareció mi obra?

Porfirio: Esperemos a que llegue la referí de la contienda y por favor, deja a un lado tus comentarios despectivos sobre la gente de Jalisco.

Basilio: Te contaré algo en lo que llega la susodicha… Hace ya mucho tiempo, recién llegado a Guadalajara, conocí a una joven cantante que me preguntó mi origen, sólo le pude decir que eso no tenía importancia y ella me dijo…

Porfirio: ¿Qué te dijo, Basilio? ¿Qué tuvo que decirle una mujer a un misógino de mierda como tú?

Basilio: ¡Me dijo que el artista no tiene patria! Y no he podido quitármela de la cabeza; con esas palabras ella comprendió la necesidad que muchos tenemos de ser bucaneros, filibusteros, corsarios o simplemente aquéllos que dejamos todo lo que somos sin la certeza de volver.

    En ese preciso momento tocan a la puerta y es Porfirio quien habré. Entra Daniela, mujer alta y muy blanca, viste jeans y trae una vistosa bolsa de mano. Su semblante es tierno, pero a la vez imponente.

Daniela: ¡Mucho gusto! Tú debes de ser Basilio Rodríguez. ¡Daniela Quezada para servirte!

Basilio: El gusto es mío. Aunque te diré que Don Porfirio no me ha hablado mucho de ti.

Daniela: Pues verás, no quiero entrar en detalles sobre cuál es mi profesión, sólo te diré que tengo mucho que ver con el teatro en mi vida diaria, además de que es una de las cosas que más me ha decepcionado en este país, junto con la prensa.

Porfirio: Tomen una copa, creo que será lo mejor antes de comenzar con esta disputa.

    Porfirio descorcha una de las botellas con la maestría propia de un chef y sirve vino. Mientras tanto Daniela y Basilio se acomodan en el espacio. Hasta que se les entregan las copas y el anfitrión hace la seña de un brindis.

Los tres al mismo tiempo: ¡Salud!

Porfirio: ¡Ahora ya podemos comenzar a destrozarnos! Mi reina… ¿Qué opinión tienes de lo que yo escribí?

Daniela: No puedo negar que tu dramaturgia es bastante entretenida. Se te nota lo tijuanense y no has podido negar esos aspectos tan relevantes del norte: los sicarios, la droga, prostitutas, violencia.

Porfirio: Lo sabía. La neta que no me gustó la de Basilio, creo que seré un fracaso como maestro, pero no como dramaturgo. ¡No intentes cambiar al mundo muchacho! Eso ya no se puede lograr, tienes que escribir de lo que está pasando en la actualidad para representar una realidad existente.

Basilio: Acordamos que al principio es ella la única que emite opiniones, así que ahora sólo le puedo pedir su comentario sobre la mía. En otro momento nos arreglamos frente a frente.

Daniela: Pues… Me encantó la tuya, la metateatralidad de incluir una obra dentro de otra; alternando títeres con actores de carne y hueso, el conflicto sobre el futuro del teatro de marionetas contra el deseo de anular los diálogos dentro de él.

Basilio: ¡Lo hice con mucho coraje!

Porfirio: Ese siempre ha sido tu error, metes muchas cosas de tu vida y tu sentir, escribimos teatro, no experiencias personales.

Basilio: Nunca lo expongo de la manera en que lo dices, para eso existe algo llamado otredad. Si crees que soy yo quien habla de mí a otra persona, es porque soy buen dramaturgo, nunca he dado referencias de mi propia vida en mis obras.

Daniela: De hecho, me parece que cualquier persona ya sea lector de teatro o espectador, puede sentirse identificado, incluso yo me sentí así, por lo que no me parece que esté hablando de él directamente. En ambas obras encontré conflicto y compromiso social.

Porfirio: Bueno, ahora el veredicto ¿Cuál de las dos darías por ganadora?

Daniela: Francamente daría por ganadora a las dos, así no tendría que haber ningún perdedor, pero como eso no puede ser…

Basilio: ¡Lanza tu veredicto! Yo y él lo sabremos aceptar, ¡Somos caballeros y ten por seguro que no habrá reclamo!

Daniela: No puedo creer que un misógino como tú me hable de esa manera. Me enteré de algunas de tus hazañas. Quizás no seas tan como te llaman y hasta seas un caballero. Eso ocurre muy frecuentemente con las que no saben ver detrás del maquillaje teatral.

Porfirio: De nuevo nos hemos salido del tema ¿Cuál es tu veredicto?

(Pausa Larga)

Daniela: ¡Basilio es el ganador!

Se apagan las luces

 

Gerardo Martínez Acevedo “Efrén Bantú”

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