Voces de Cuba: Maielis González Fernández

Maielis González Fernández nació en La Habana, Cuba y actualmente radica en Madrid, España. Empezó a escribir a los 24 años porque fue un efecto colateral de la lectura. Aunque le es difícil escoger tres autores que la haya influido como escritora, podría mencionar a Jorge Luis Borges, Ítalo Calvino y Roberto Bolaño.

El Ojo de UK: ¿Cuales creen que sean las razones de que no hay una mayor producción de ciencia ficción latinoamericana?

Maielis González: A decir verdad, no creo que sea realmente escasa la producción de ciencia ficción que existe hoy por hoy en Latinoamérica. Existe, eso sí, un efecto de invisibilización de dicha producción que se debe a varios factores, entre ellos, la reducida cantidad de estudios académicos sobre el tema o de promoción o de interés de las grandes editoriales por esta literatura a la que todavía miran como cosa poco seria. Sin embargo, desde hace algunos años se viene dando un fenómeno interesantísimo al interior de la literatura latinoamericana en que algunos escritores, vamos a decir convencionalmente, del mainstream –esto vendría a ser, narradores más apegados al realismo o a la escritura de una literatura fantástica o real-maravillosa, que sí tendría prestigio académico y editorial–, han incluido en sus obras elementos y tópicos de la ciencia ficción o incluso, se han lanzado de lleno a concebir una literatura de género.

Ricardo Piglia, Rodrigo Fresán, Marcelo Cohen, Edmundo Paz Soldán, por ejemplo, son autores que la crítica no considera escritores de ciencia ficción y ellos mismos tampoco se han pensado de esta manera; y han escrito, sin embargo, muchas de las mejores obras de ciencia ficción de los últimos años en idioma español. Ahora, que esta sea una ciencia ficción de signos diferentes, que se perciba como más light, que sintamos que la atención está más centrada en el uso del lenguaje; que lo está más en el regodeo sobre la extrañeza y la fascinación que provoca el novum introducido, y no en el novum en sí mismo… es harina de otro costal.

En todo caso, tengamos presente que la ciencia ficción producida en Latinoamérica nunca tuvo un componente altamente hard o tecnológico; quizás porque hemos sido antes consumidores que creadores de tecnología, porque sí es cierto que ha existido un desfase en el arribo a nuestra parte del mapa de los últimos avances en el terreno de la ciencia, porque no somos Estados Unidos o Japón que invierten buena parte de su presupuesto en investigaciones científicas y tecnológicas. Pero también –y no se suele pensar mucho en esto– a los que escriben ciencia ficción en Latinoamérica nos interesa el lenguaje, nos interesa el testimonio intimista y subjetivo, nos interesa imaginar sociedades distópicas extrapolando antes cuestiones políticas, económicas o culturales porque la literatura colindante al género de ciencia ficción en nuestra tradición escritural ha influido indefectiblemente en nosotros. Porque hemos bebido de El Quijote, de García Márquez, del barroquismo de Carpentier o Lezama, de ese coloso que es Borges. Porque, en definitiva, escribir en español y en inglés son cosas diferentes, incluso si se trata de escribir ciencia ficción.

Así, contrario a muchos que miran nuestro panorama actual con desaliento, yo creo que nos encontramos en un momento bastante favorable: la democrática Internet facilita la publicación de revistas y fanzines sobre el género, hay una afluencia de editoriales especializadas en ciencia ficción y fantasía en español, muchos concursos mainstream comienzan a premiar obras de este tipo, las grandes editoriales como Alfaguara o Mondadori han empezado a publicar libros de género –aunque nunca digan en la tapa o en la nota de contracubierta palabras como ciencia ficción, distopía o ciberpunk–, ¡y hasta ser nerd o geek se ha puesto de moda! Así que no puedo imaginar una coyuntura mejor para la ciencia ficción que esta que estamos viviendo.

Ya, si de veras estamos ante el fin de la ciencia ficción, como muchos proclaman, si en serio el género agotó sus posibilidades y su capacidad de dar vueltas de tuerca y sacarse ases de la manga. Si lo que vamos a hacer en español, en Latinoamérica, es otra cosa, es slipstream, es “post-ciencia ficción” como ya algunos la han bautizado… pues quizás no sean estas, como aparentan, malas noticias.

EOdU: ¿Hacia dónde se está moviendo la literatura fantástica en Cuba en general?

MG: La literatura de fantasía y ciencia ficción en Cuba goza actualmente de bastante buena salud en cuanto a publicaciones y acceso por parte del público se refiere. La colección Ámbar de la editorial Gente Nueva ha sido determinante en este estado de cosas, pues es por esta vía que se publica la mayor parte de los libros de estos géneros. En Cuba ha sido casi una tradición la compilación de antologías, ya sean temáticas o generacionales, que recopilan cuentos de esta clase y si se revisaran las más recientes se daría cuenta de la heterogeneidad que prima en el panorama. Aunque el ciberpunk parezca cosa del siglo pasado muchos microuniversos que se construyen se hacen bajo estos presupuestos. También se puede percibir que está tomando cierta fuerza una llamada fantaciencia –esta literatura que está en los bordes de la fantasía heroica y la ciencia ficción– o incluso el steampunk.

EOdU: ¿Cuáles son los temas que a ti te apasionan y que reflejas en tus escritos?

MG: Hasta ahora, realmente he sido bastante heterodoxa. Los dos libros de relatos que he publicado hasta ahora (Los días de la histeria, Colección Sur, 2015 y Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas, Guantanamera, 2016) y la novela juvenil para la que ando gestionando su publicación (Espejuelos para ver por dentro) han sido de ciencia ficción. Sin embargo, se podría decir que llegué bastante tarde al género, a leerlo y ya luego a escribirlo. Y llegué de una forma bastante atípica, desde la Academia, por contradictorio que suene. Soy graduada de Letras y durante varios años fui profesora de literatura en la Universidad de La Habana, y a la ciencia ficción llegué investigando (y casi por casualidad), a tal punto que mi tesis de licenciatura fue sobre el ciberpunk escrito en Cuba. Así fue como conocí a la mayoría de los autores que escribían en Cuba ciencia ficción y fantasía, participé asíduamente en los Eventos Teóricos Espacio Abierto y he continuado estudiando y publicando artículos y reseñas ahora sobre la ciencia ficción latinoamericana. El interés por escribir ficción, por otro lado, siempre había estado ahí –desde la tardía niñez y la adolescencia como le pasa a casi todo el mundo– y juro que no sé bien cómo o cuándo ocurrió esa transición –sí puedo decir que fue luego de graduarme de la Universidad– pero en algún momento comencé a sentir la necesidad de amueblar universos bajo mis propios parámetros… y empecé a escribir ciencia ficción.

Como tengo una formación en humanidades respeto mucho y le tengo cierto miedo a atreverme con la ciencia ficción más hard. Cuando me quiero lanzar a esa piscina antes tengo que leer e investigar muchísimo, porque es lo que tiene esto, que no basta con que esté “bien escrito” o “suene bonito”. No se puede incurrir en errores de lógica, debe ser verosímil, hay que apelar a la “imaginación razonada” como decía Borges. Así que en cuanto a temas, me interesa mucho la distopía, la extrapolación de sociedades a partir de sus rasgos políticos, administrativos, culturales. En el ciberpunk también he metido un poco la cuchareta, sobre todo porque me atraen mucho los ambientes decadentes a los que apela; por más que los temas de las Inteligencias Artificiales, la posthumanidad o lo que habrá más allá de la Singularidad Tecnológica me atraigan igualmente.

El space opera, los romances planetarios o la fantasía épica, por otra parte, no son temas sobre los que me interese escribir. Y si lo he hecho ha sido desde la parodia.

Y, como resulta evidente, hasta ahora he escrito más cuento. Apenas comienzo a incursionar en la novela. Si soy del todo sincera, siempre he tenido miedo a aburrir y consideraba que nadie iba a invertir parte de su valioso tiempo en leer algo que hubiera escrito yo por más de 20 páginas. Pero he ganado valor con el tiempo o quizás no sea valor sino narcisismo. El caso es que me estoy atreviendo a ir por cosas más largas, pues en definitiva, los lectores promedio, por lo general, leen más novela que cuento. Y los lectores de este género han probado en múltiples ocasiones su resistencia en su fanatismo y fidelidad a las sagas, trilogías, tetralogías. Así que espero que a mí también me apañen.

EOdU: ¿Cómo imaginan a América Latina en cien años?

MG: Es una pregunta difícil. Es difícil porque es fácil imaginarse una sociedad post apocalíptica, superpoblada y contaminada. Es fácil decir que si seguimos como vamos Latinoamérica terminará por ser una cantera seca y sobreexplotada por las empresas multinacionales a las que poco le importa el medioambiente o el patrimonio de cada nación. Es fácil imaginar que terminemos pareciéndonos a esa imagen esteriotipada que tienen de nosotros en el primer mundo, para quienes “los latinos” son una masa indiferenciada de gente que habla muy alto, come muy condimentado, baila bien y se emborracha a menudo; cuando, por otra parte, “los latinos” pareciese que añoraran asemejarse cada vez más a un modelo uniforme de civilización que se piensa así misma como superior y que usa los mismos smart phones y sube fotos con los mismos filtros y en las mismas posturas a Instagram. Todo eso sería muy fácil.

Sin embargo, los futuros que imaginamos los autores que escribimos ciencia ficción, muchas veces, no son los futuros que de veras creemos que sucederán –definitivamente no son los futuros que deseamos que sucedan– sino que son metáforas e hipérboles de algunos rasgos que están presentes en nuestra sociedad actual. Pero, como decía mi abuelo cuando se dedicaba a vender seguros en una Cuba pre-socialista, a veces “hay que pensar en lo malo para que nos sorprenda lo bueno”. Y esos futuros que con tanta alevosía vaticinamos, en ocasiones, no toman en cuenta los cambios visibles y favorables que en la sociedad han estado llevando a cabo en los últimos tiempos las minorías por la igualdad y la inclusión, los avances en la lucha por una sociedad más tolerante que hasta cierto punto hemos ido conquistando, la concientización con respecto a nuestra responsabilidad para con el medio ambiente o con nuestro patrimonio cultural e histórico, la preocupación por nuestra correcta alimentación y salud que promueve todo esto de la cultura fitness. En fin, que existe un contrapeso para tanto oscurantismo, aunque quede muchísimo por hacer todavía y bien lejos estemos de una sociedad medianamente idónea. Pero tampoco es que estemos con los brazos cruzados. Ahora, los escritores nos centramos en los aspectos macabros porque, entre muchas otras cosas, son más interesantes desde el punto de vista de la ficción.

En todo caso, lo que sí está claro es que de aquí a cien años la tecnología será mucho más omnipresente de lo que ya hoy es. La ciencia habrá avanzado de tal modo que posiblemente sea indistinguible de la magia y eso insuflará de un poder inmenso a quienes posean esos adelantos científicos y tecnológicos. Espero, no obstante, que aún nos quede conciencia suficiente para tomar las decisiones certeras, para continuar siendo empáticos y compasivos con nuestros semejantes, para no dejar de ser racionales respecto a nuestras acciones… para preservar, en fin, nuestra humanidad.

http://tercerafundacion.net/biblioteca/ver/persona/31463

http://tercerafundacion.net/biblioteca/ver/libro/61192

Entrevista por Abraham Martínez.

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