Canoa o el Terror Metatextual.

¿Qué comes que aguantas tanto?

“Cinco empleados de la universidad autónoma de Puebla fueron linchados esta noche por más de dos mil habitantes del pueblo de San Miguel Canoa, al ser tomados por estudiantes. Cuatro de ellos perecieron, otro se encuentra gravemente herido. Los cinco empleados habían ido de excursión a esa población de donde pensaban salir al cerro de la Malinche”.

Esa es la primera frase que escuchas de la película.
Esa es la película.
Aquí nadie puede llorar spoilers ni siquiera por lo que lea en esta reseña. Comenzamos.

Uk fue a la Cineteca de Monterrey, con director presencial incluido, a ver una función especial de Canoa, película dirigida en 1977 por Felipe Cazals que narra un hecho verdadero acaecido el catorce de septiembre de 1968. ¿Terror? Sí.

En el Ojo de Uk tenemos una fórmula muy simple para decidir si una obra es de terror o de horror.
El Horror incluye elementos sobrenaturales para causar miedo.
El Terror te causa miedo por elementos naturales y hasta ordinarios.
El Exorcista: Horror. Psicosis: Terror. Ya tú haces la tarea.

Bien, Canoa es una obra que su director niega que sea de denuncia: Yo expongo, tú juzgas. ¿Terror? Si te da miedo es terror. ¿Da miedo? Sí.

La anécdota es lo más simple: unos trabajadores de la uni de Puebla que deciden aprovechar el puente del 16 de septiembre (del 68) para subir el cerro de la Malinche.

El trasfondo y el desarrollo de la historia no es nada simple.

Es 1968, la juventud estudiante de este país está en concordante efervescencia con los movimientos sociales y estudiantiles del mundo: El Mayo Francés, la primavera de Praga; en casa estaban las manifestaciones y huelgas en la UNAM, el Politécnico, Chapingo; el apoyo de sindicatos agredidos con antelación por el gobierno: Telegrafistas, ferrocarrileros, electricistas, pilotos, médicos.
El horno estaba para bollos: Calientito y en su punto. La gente hablaba del movimiento estudiantil, unos a favor otros de plano se hacían a un lado o, si leías la noticias: muy muy en contra porque la tele te decía que los estudiantes eran un peligro para México. ¿Dónde habré escuchado eso antes?

Los personajes arman una excursión de esas que siempre terminan bien, bueno casi siempre: improvisada, con más ánimos de pasarla bien y convivir que de ir a practicar formalmente el montañismo. Equipo sacado del closet o comprado en la tienda de la esquina de último momento. Nos trepamos al camión y vamos felices echando relajo a pesar de que ya sabemos que nos puede llover en la montaña: Cantamos en el camión porque somos jóvenes y la vida nos trata bien; es puente y que nos valga sorbete el mundo y sus broncas aunque sea por un rato. Claro que el camión va a Canoa y lo más probable es que vayan habitantes de ahí en él: Alguien los manda callar porque dice que hacen mucho alboroto.

El cineasta nos presenta un juego muy sabroso. Si la película inició con la redacción de una nota periodística, el filme sigue ocasionalmente con un tono de documental: De esa manera nos presenta al pueblo de San Miguel Canoa con toda la parafernalia de un cortometraje escolar con datos, pelos y señales de cómo se mueven las cosas ahí. También conocemos a algunos de sus personajes: El señor Matanza alias el Sacerdote del pueblo, las autoridades, los borrachos y buenas, el “entrevistado” que te da un testimonio objetivo de lo que pasó, pasa y pasará en el pueblo de marras. Todo esto acompañado por un perenne sonido de proyector de película.

Llegamos al ocaso a Canoa, pedimos tortas y refrescos en la tienda y lo esperado e indeseable empieza: Se suelta el aguacero con toda su fuerza que complicará el ascenso: Hay que buscar refugio aunque sea sólo por hoy en la noche.

El manejo de las atmósferas es un gran logro del cineasta: El pueblo anochecido y más oscurecido por el aguacero nos deja ver a medias el movimiento de reacción de los lugareños ante la visita de “los de la universidad” que ellos dan por hecho que son estudiantes. Idas y vueltas bajo la lluvia, alertando a vecinos la mayoría de las veces sin usar el español y finalmente el ir a dar con el “Padrecito” a pedir posada: No sin un interrogatorio osco de por medio les es negada la solicitud. Algunos otros corrieron con menos suerte, son invitados a largarse a punta de pistola.

Lo genial del terror, pregúntale a Hitchcock, es que todos sabemos del mal acechante menos la víctimas. El pueblo entero se enrosca y enseña la legua bífida y sus colmillos sin que los universitarios, perdón, ya yo también los confundo: sin que los trabajadores de la universidad se den cuenta. Finalmente por azares del destino encuentran asilo en casa de un pariente de una persona que viene de la ciudad. Para fortuna nuestra esta persona odia el status quo y apoya al movimiento estudiantil que previamente pasó por el pueblo para explicarles la lucha pero, como pisaba callos del poder local, fueron corridos con suma amabilidad.

La cuerda se tensa y eso debemos agradecérselo al director: Adentro todo es camaradería y hasta ligue amoroso. Afuera, en el atrio de la iglesia, los Simpson, o todos los feizbukeros enterados del chisme, preparan las antorchas para ir a linchar al monstruo. Adentro, escuchamos a lo lejos los altavoces del pueblo alertando que los bandidos ateos llegaron al pueblo a colgar la bandera “roja como el infierno y negra como sus pecados” justo de la torre de la iglesia como lo hicieron los estudiantes comunistas en la catedral del Deefe (vamosaestarcomovenezuelañiñiñi). Afuera, el ejército (no literal) mandado (y comandado) por el padrecito, se prepara ciego de ira, a punto pedo y con cero pensamiento crítico (bien raro) a “defender sus animalitos porque se los van a robar; a salvaguardar a las mujeres del pueblo porque las van a violar; a defender al padrecito porque lo quieren matar”, todo mundo se la traga y va por ello. Insisto, no sé qué me recuerda eso.

Adentro, claustrofóbicamente nos damos cuenta que “Ya nos llevó la chingada”. Y sí. Empieza uno de los montajes más terroríficos de los que yo pueda tener memoria, pocas veces he presenciado un linchamiento en el cine. Tal vez gracias a Mel Gibson y la santa madriza gráfica que le arrimaron a su Jesús europeo. Pero la diferencia está en que aquello podría no constarte que pasó. Esto, y ahí radica parte del terror, sabes que sí pasó.

Vemos un baño de sangre porque piensan que así se dan uno de pureza.
El monstruo de Fuenteovejuna hace alarde de su justicia pitera y su fanatismo acéfalo. Vemos a las autoridades sometidas a un poder alterno (¿dónde habrase visto eso?) en esta ocasión con sotana y no con cuernos de chivo, el resultado es el mismo. Te jodes cuarenta y tres veces a quién ni la debe ni la teme. El pueblo cerró el paso a ambulancias y patrullas. El pueblo linchó hasta que se cansó de defender su fe y su sistema económico: nada de ateos y menos de comunistas, o al revés; que vivimos en un paraíso moral y económico, que aun no fiscal, al menos no para todos. Sí, es Terror con todas sus letras. ¿Gore? Si me apuras sí, también pero poquito.

Después del clímax ya en el hospital, a uno de los sobrevivientes el médico le hace la pregunta del epígrafe al verlo tan madreado: ¿Y tú qué comes que aguantas tanto?

Al pueblo, igual que al gobierno después de un sismo, le urge volver a la normalidad, por ello vemos, ya en los estertores del linchamiento, que un vecino le pregunta a otro por sus animalitos. Benditoseaelseñor.

Pero la mano del señor director no nos abandona, sigue con el recurso de la cámara en documental y el padrecito da su más falsote testimonio apaleando el octavo mandamiento y diciéndonos, a nosotros que sí conocemos toda la verdad, la más pura mentira. Él no fue porque estaba malito. Sí, ajá.

Para seguir don Felipe Cazals nos da cátedra de su oficio cinematográfico, nos receta nuevamente al recurso del narrador objetivo chismoso del pueblo, quien al ver la cámara rehuye su encuentro sólo para irse a topar con otra cámara que filma la festividad del patrono, aquel que defiende a la iglesia (pos así cómo), aquel que derrotó al dragón, ya sabes, a menos de quince días de realizada la heroica defensa de su fe, el día 29 de septiembre pues. El personaje prefiere darnos la cara y restregarnos que si estabanos mal, pos ora estamos pior.

Y el remate más fregón es la última toma, donde vemos al padre encabezar la procesión por la terregosas calles del pueblo, seguido por la imagen del arcángel y su fiel grey. Y tú sólo puedes preguntarte ¿cómo el padre puede… ¿cómo el pueblo puede… ¿cómo nosotros podemos…

¿Por qué terror metatxtual?

Porque lo veo fuera de la pantalla.
Sigo viendo gente que se traga que “fulanito es un peligro para México”.
Veo poderes que manejan al pueblo a su antojo con logotipos televisivos.
Veo gente que le dices comunismo, o Venezuela, pal caso es lo mismo, y se orina en los pantalones.
Veo linchamientos, si no con antorchas, sí con piedras de muros de feizbuk.
Veo que a cuatro décadas de esta obra a este país le sigue haciendo agua la canoa en el peor de los sentidos. Y parece que le gusta.
Veo que el Terror se impuso con base en bayonetas y narcoestados.
Veo gente muerta por millares, supera eso, Haley Joel Osment.

¿Y tú qué comes que aguantas tanto, México?

No me hagas caso, ve a verla, está en Yutub.

 

Samuel Carvajal

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Un comentario sobre “Canoa o el Terror Metatextual.

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