Un nahual muy tapatío

1992 fue un año clave y decisivo para el cómic norteamericano de temática “Súper Heroica”, para empezar comenzó la publicación de “Spawn” (El Engendro), por parte de una editorial independiente a cargo de Todd Macfarlane, un conocido ex dibujante de la saga de “Spiderman” que fue creador del controvertido personaje “Venom”, provocando con su nueva nueva empresa llamada “Image Comics”, un fenómeno de ventas que nunca se creyó posible por parte de una editorial desconocida que cometió el sacrilegio de retar a los dos monopolios estadounidenses dedicados a la historieta comercial. Uno de ellos “DC Comic”, provocó ese mismo año el más importante acontecimiento en ventas de toda la década de los noventas, “La Muerte de Superman”, el personaje más emblemático no sólo de dicha compañía, sino de todo el género del “Súper Héroe”, años atrás el teórico italiano Umberto Eco lo había definido como un mito. Irónicamente este acontecimiento tendría una repercusión trascendental en México, para entonces la historieta autóctona había desaparecido casi por completo, sólo sobrevivían las re ediciones de títulos como “Fantomas” o “Memín Pingüín” a cargo de Grupo Editorial Vid. Al respecto es de mención el caso de “Punisher Zona de Guerra” de la “Marvel Comics”, un conocido personaje con una temática más adulta y que en su portada en español aparecía lo siguiente: “Para su venta a mayores de 18 años”. Por lo que muchos lectores que anteriormente leían la publicación mexicana del “Pantera”, una de las máximas expresiones del mal gusto azteca con un alto contenido de vulgaridad, cambiaron a Gervasio Robles Villa por Frank Castle. Pero fue precisamente la publicación en castellano de la ya mencionada “Muerte de Superman”, la que provocó un éxito en ventas que nunca se había reportado, al menos en una publicación de dicha tendencia, esto en 1993. En 24 horas se habían agotado todos los números y ya estaban demandando más. Ese éxito comercial fue la palanca impulsora del “Boom” del género de fantasía “Súper Heroica” en territorio mexicano, influenciando a la juventud con un estilo de dibujo específico a tal grado que dicha generación olvidó por completo la añeja tradición del “Pepín”, llegando a cometer la falacia de nombrar cómic sólo al “Súper Héroe Norteamericano” y diferenciarlo de otros estilos de narrativa gráfica únicamente con el “Manga”.

Posteriormente la mencionada forma de arte secuencial japonesa fue la que se puso de moda e influyó de forma muy negativa a los adolescentes imponiendo una sola estilística para dibujar. Ante todo esto habría que recordar los comentarios del teórico de historietas norteamericano Scott McCloud, al decir que el género “Súper Heroico” es sólo un pay de fresa en el aparador de una cafetería y que hay mucho otros sabores más que probar. Es un hecho que en los Estados Unidos hay bastantes autores fue del género del tipo con capa y poderes, e innovadores en diversas temáticas, tales como Robert Crumb, Harvey Pekar, Spain Rodríguez, Gilbert Shelton, Peter Bagge, Jaime y Beto Hernández, etc. Es como decir que toda la producción nacional se fundamentó en “Lágrimas y Risas”, además de que como escuela básica, el cómic europeo fue casi totalmente desconocido por esas fechas y lo sigue siendo para muchos jóvenes.

Por lo tanto, era muy evidente que la nueva ola de producción local estaría primordialmente influenciada por tipos con la ropa interior por fuera que saltaban de un edificio a otro, pues la mencionada moda japonesa fue un tanto posterior, con algunos notables antecedentes como fue el caso de Gabriela Maya y Adaliza Zárate en la Ciudad de México, que ya para entonces producían un fuerte estilo nipón. Y al respecto de la producción independiente de los noventas, un caso muy particular tuvo su génesis en la capital de Jalisco: “Xiuhcoatl, la Serpiente de Fuego”. La ciudad de Guadalajara, aunque es la segunda más grande del país, siempre se ha caracterizado por su doble moral y fuerte conservadurismo católico, pese a todo fue en dicha urbe lo que muchos han llamado el nacimiento del “azteca volador”. Y al respecto, del primer número de esta saga, creada por Fernando García Rosales e ilustrada por Víctor López Viera, tenía ya un aspecto poco usual dentro del cómic de “Súper Héroes”, comenzar con un poema en náhuatl, nada menos que de Netzahualcoyotl, el gran señor de Texcoco (con su respectiva traducción al castellano). Desde la primera página se explicaba sin diálogos que un joven tapatío como cualquier otro fue elegido para llevar los poderes de la deidad de “La Serpiente de Fuego” y de ahí viene un típico cliché, donde el personaje salva a un padre y su hija, sí típico cliché de vigilante nocturno, salvo por el detalle que ahora no fue en Nueva York, fue en las calles de Guadalajara, una ciudad que aunque no llega a los números alarmantes de otras ciudades del país, sí es conocida por sus violaciones y feminicidios. Posteriormente el personaje vuelve a su realidad para alejarse de ella e iniciar un viaje onírico a una tierra mitológica prehispánica y a la par, gracias a una narración elíptica conocemos a Sonia, hermana gemela de Marcos el protagonista, quien forma parte de un grupo de teatro y es dueña de un café, a su vez viajamos hasta un ritual chamánico que se realiza en Matehuala, San Luis Potosí para la transformación en “Nahual”, unos lugareños aparecen, primero para tratar de impedir la trasformación y posteriormente se deciden a cazar a la bestia. Al volver con la serpiente de fuego, es notorio cómo pasa una serie de pruebas de tradición tolteca y conoce al que será su maestro, “El Caballero Águila”, para luego volver a la realidad y ver volar a su nuevo guía, corroborando que toda su odisea fue verídica.

En el segundo tomo se narra la travesía del “Nahual” de Matehuala a Guadalajara, con el notable error de mencionar que dicha población está en la huasteca cuando en realidad es la cabecera municipal del altiplano potosino. Aquí nos encontramos a “Xiuhcoalt” en lo que se puede llamar, otro chiché del “Súper Héroe”, salvar a dos jovencitas de una pandilla, con el notable rompimiento de ver un cartel en el callejón que anuncia un concierto de dos iconos del rock tapatío de los noventas y que a la fecha siguen en auge: “Cuca” y “Garigoles”. Es necesario comentar la participación de Jovito Panteras, que precisamente es el líder del grupo “Garigoles” y que se encargó de la composición y pantallas de los primeros dos números de esta revista. Posteriormente, el protagonista agradece a su nuevo mentor y se retira a su papel de ser sólo un joven tapatío llamado Marcos, con un fuerte problema de depresión, eso lo hace aislarse de su responsabilidad como “Serpiente de Fuego”, ante la inminente llegada del “Nahual” a Guadalajara, pues ya se comienzan a reportar homicidios que no pueden ser cometidos por ningún otro asesino, que a su vez son encomendados a una pareja policíaca, una hermosa mujer con los bellos ojos que distinguen a las damas de Jalisco y un típico gordo bigotón e incompetente, que entra en la ya famosa sátira sobre la ineficiencia policíaca en México, que ya ha sido muy explotada en el cartón político, cuya narración concluye con el inicio de una brutal y sanguinaria batalla entre el “Nahual” y “El Caballero Águila”, mientras el protagonista se sumergía en sí mismo.

Es necesario menciona una historia anexa al tomo dos, en donde una de las muchachitas que fue salvada por “Xiuhcoatl” narra a manera de diario, su supervivencia ante el ataque de los pandilleros. En apariencia podría ser de nuevo un cliché de la típica adolescente del manga, pero no lo es, ninguna de ellas portó el traje de marinero de las colegialas japonesas, sino un uniforme muy propio de las Secundarias Técnicas de Jalisco o alguna Preparatoria Incorporada a la Universidad de Guadalajara. Y evidentemente que provenían de algún barrio de clase media baja y con el elemento de que una de las chicas vivía con sus dos tías, solteronas, quedadas, santurronas y de poco criterio, lo que le daba un elemento fuertemente tapatío y que decir del tour de cumpleaños, que las típicas amigas adolescentes emprendieron y que respondía a lo que hacía la juventud de Guadalajara en los noventas; ir a plazas comerciales, jugar videojuegos en establecimientos propios para hacerlo e ir al cine, con la aclaración de que no fue en un centro comercial de clase alta, sino cercano al centro de la ciudad, del otro lado de la Calzada Independencia, que anteriormente dividía las dos clases sociales de la ciudad o incluso en el municipio de Tonalá que en ese tiempo estaba lleno de pandillas. De hecho no vieron al personaje como un “Súper Héroe”, sino como su ángel de la guardia, elemento quizás algo cursi o hasta risible, pero muy verosímil en una sociedad conservadora.

El tomo tres inicia con otros dos policías investigando y viendo al “Caballero Águila” muy malherido en su combate con el “Nahual”. Ahí encontramos de nueva a la pareja policíaca del gordo y la mujer, que son burlados a causa de la incompetencia del bigotón, por lo que sólo con atención y seguimiento de los números anteriores, se puede descubrir que se trata de los matehualenses que aparecieron en el primer capítulo y que están cazando a la bestia. Alternando las secuencias en las siguientes páginas, vemos la batalla de Marcos contra su propia depresión y la sangrienta lucha entre “El Caballero Águila” contra “El Nahual”, que concluye con la toma tardía de responsabilidad por parte de “Xiuhcoatl” y la muerte de su maestro, en apariencia esto del poder que implica responsabilidad podría parecer un plagio del más representativo personaje de “Marvel”, pero hay que tomar en cuenta que aquí se toma en cuenta el paso de la tradición Tolteca para preparar al guerrero y que la depresión es una enfermedad crónica y muy propia de los jóvenes de toda Latinoamérica.

El último tomo propiamente de esta revista fue publicado en 1998 y presentaba la victoria del personaje sobre el monstruo en donde al final se quemaba el cuerpo de su maestro con otro elemento en la narración como presentar a Lilian, la mejor amiga de Sonia. En este último tomo fue esencial en la saga al contener anexo los resultados de un concurso de talento local en homenaje a Pancho Madrigal, quien en ese tiempo impartía el primer taller de historieta de la ciudad, esto en “La Casa de la Palabra y las Imágenes”, que sería más conocida por talleres de Poesía y Narrativa, impartidos por Raúl Bañuelos y Luis Martín Ulloa respectivamente. Posteriormente hubo una gran ausencia del personaje de 1998 hasta el 2015. Es de mención que en su periodo inicial, su competencia directa fue la publicación de “Minerva Cómics”, que precisamente también tenía un enfoque de tendencia de “Súper Héroes Tapatíos” ubicados en la Barranca de Huentitán, más que nada por el hecho de que ahí se encuentra la Facultad de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara y la mayoría de los dibujantes de dicha publicación estudiaban ahí, (Sin por ello generalizar pues este arte siempre se ha caracterizado por la diversidad de sus exponentes). Si bien las historias a diferencia de la anterior obra analizada, carecía de profundidad y contenido, sí se caracterizó por ser una importante escuela posterior a la de Don Pancho Madrigal que formó a gran parte del talento de su ciudad, sobresalen Axel Medellín y Ulises Arreola que ya están de lleno en la industria editorial de Europa y Estados Unidos.

Sin embargo, “Minerva Cómics” nuca volvió a ser lo que fue y sus sobrevivientes en la actualidad han tratado de seguir su tendencia de formar historietistas y publicar; pero fueron arduamente opacados por nueva escuela que impuso el catalán Pol Gañil Subiros, egresado de la Universidad de Barcelona.

Actualmente la mini publicación “Epicurios” de dichos sobrevivientes, más bien fue una especie de imitación de la primera revista de verdadero cómic underground de Jalisco, llamada inicialmente P.U.T.A y posteriormente N.E.T.A, fundada precisamente por Pol Gañil, Mauricio Cárdenas y “Efrén Bantú”, que debido a la ya mencionada doble moral de Jalisco, no pudo pasar del número cuatro, so amenaza de censura. Muy diferente ha sido el regreso de “Xiuhcoatl”, en el reciente 2015, ahora en la revista “Códices Infinitos”, acompañado de tres nuevas sagas, “Arango”, “Verne” y “Ruidoso e Infernal”, este último escrito y dibujado por Fabián Quintero, uno de los ganadores del mencionado concurso en honor a Pancho Madrigal, que ahora vuelve un dibujo mucho más elaborado y profesional.

Sobre “La Serpiente de Fuego” actual, Víctor López Viera ya no es el dibujante en turno, sino su creador Fernando García Rosales, la nueva aventura aunque aún no concluye, también da mucha temática que analizar, inicia en una disputa de pandillas de alguna colonia conflictiva de la ciudad, que es frustrada por el personaje, que ahora sí controla sus poderes y toma el papel de “Súper Héroe”, de nuevo nos encontramos con “Café la Cueva”, atendido por Sonia con la presencia de Lilian y Daniel, el empleado flaco y simpático. Marcos aparece más buen mozo y maduro, ha vuelto a su formación universitaria y está mejor de su problema depresivo, sin embargo, la saga no deja de tener ese estilo único al plantear elementos tan propios de su sociedad como lo es la historia anexa de una mujer maltratada por su esposo (típico macho ignorante de Jalisco), presentar la imagen del nuevo antagonista que no es otro sino el típico ser de la mitología náhualt, “La Llorona” y conforme avanza la historia al ver la represión policíaca sobre una mujer que ha perdido a su hijo, se puede llegar a la siguiente conclusión. La ciudad de Guadalajara verdaderamente necesitaba a un “Súper Héroe” que utilizara “Maxtle”, luchará contra policías corruptos, secuestradores, narcotraficantes y por qué no, seres mitológicos de naturaleza autóctona, quizás esta urbe lo necesitaba más que cualquier otra metrópolis estadounidense, por lo que en definitiva, sin ser un plagió del cómic norteamericano, “Xiuhcoatl”, “La Serpiente de Fuego”, es uno de las más importantes aportaciones de su género a la ahora renovada historieta mexicana, “Pepín” o porque no llamarlos códices, “Códices Infinitos”.

 

Gerardo Martínez “Efrén Bantú”

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