Adán

Cierto, no tenía ombligo, jamás lo tendría.

Le causaba gracia las historias que inventaría la humanidad para explicar esa peculiaridad.

Se encontraba a cuatrocientos millones de kilómetros de la tierra. Regresaba de un largo viaje orbital al rededor del sistema solar. Era una nave espacial sumamente especializada. Creada en tiempos inmemoriales: Germen I.

Alguien, no tenía datos de quién, le había encomendado el cuidado de la raza humana. Creadas como una especie de naves salvavidas, habían escapado justo a tiempo, en secreto, de la destrucción de la civilización terrestre. No había sobrevivido ningún homo sapiens. La radiación había eliminado sorpresivamente a la raza humana. No estaba, nunca lo había estado, preparada para una guerra nuclear.

Repentinamente la estupidez humana, ¿a caso existe otro tipo?, se apoderó del planeta. La inteligencia se esfumó igual que los inertes cuerpos de hombres y mujeres.

El daño ecológico había sido terrible, la diversidad de compañeros de la humanidad habían perecido también; pero la naturaleza es poderosa, de casi todo se ha podido recuperar, esta vez no sería la excepción.

Tras casi noventa y seis millones de años la tierra había curado sus heridas, cubierto las cicatrices, olvidado a la humanidad. Lo había superado. Estaba a la espera de un nuevo hijo, más sensato, menos violento, más inteligente.

Germen I.

Era la promesa, la segunda oportunidad. La nave en sí era un gran computador, donde estaba guardada la memoria colectiva de la humanidad, todo lo bueno, y también todo lo malo. Con la ventaja de la lógica frialdad de un cerebro de silicio, esos conocimientos serían vaciados a una humanidad nueva, inocente, moldeable. Pero ¿en dónde se encontraba esa humanidad?

Se encontraba al cuidado de Adán; Germen I era, también, un banco de óvulos fecundados, escogidos de la que fue la humanidad entera. Todas las características físicas estaban presentes. No se podían dar el lujo de dejar que se perdiera ningún rasgo humano, nadie puede saber qué promesa se esconde en cada gen. A casi nueve meses de distancia a la tierra, era tiempo de pedirle a Germen I que iniciara el proceso de descongelación de los óvulos. Su cuidado biológico durante esos nueve meses, estaría en manos de Germen I. Adán supervisaría el proceso hasta aterrizar.

Una vez establecidos en tierra y terminado el proceso embrionario, el cuidado había sido  responsabilidad de Adán, ahora, estaría bajo la supervisión psicólogica de Germen I. Pero quién se haría cargo de educar, criar y amar a eso indefensos seres que se encontraban ahora en el borde de un mundo nuevo.

Los ingenieros, creadores de la nave y del plan, lo habían programado todo perfectamente.

Crearon a Germen I, pero era necesaria una interfase lo más “humana” posible para un desarrollo psicológico sano de la raza próxima a renacer. Finalmente optaron por Adán. Adán sería el padre de la humanidad, al menos de la parte que se encontraba en Germen I.
En silencio Germen I recibió un mensaje proveniente de Germen II.

Tiempo para fecha de aterrizaje: 9 meses, 3 días, 14 horas, 16 segundos.
Funcionamiento de Aditamento Antropomórfico (ADAN) en Germen I: óptimo.
Lugar de aterrizaje: (-40,54,28)(+18,32,36)
Funcionamiento de Eventualidad A (EVA) en Germen II: óptimo…

Adán se divertía imaginando las historias que inventaría la humanidad para explicar su origen.

Eva también.

 

 

Samuel Carvajal 

 

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