Versus – Ladyhawke.

“Volvemos al principio, Señor.
Quisiera creer que hay un alto
significado en todo esto.
Eso te haría quedar mejor a ti.”
Filip Gastón.

Hagamos un viaje a una época donde se desconoce la explicación de los eclipses, se les atribuyen eventos mágicos, presagios oscuros y consecuencias funestas; a una época donde las personas admiran el fenómeno con la vista desnuda, donde se confunde la astronomía con la astrología. No, no estoy hablando del año del señor de 2017, pregúntale a Trump o a tu secretario de educación, el señor Nuño; estoy hablando del medioevo. En esa época se sucede la historia de Ladyhawke, o temporizando el nombre, de #Ledyhalcona,

¿Por qué el Versus es de esta película contra una de vampiros milenialis? Porque los novedosos de tus editores quieren brillar como el eclipse. Además yo gané el duelo de tazos y me salvé de reseñar aquella que también se refiere, aunque sea parcialmente, muuuy parcialmente, a un eclipse.

Bueno, son los ochentas y en los créditos iniciales escuchas una música como de serie de televisión ochentera (¿te suena Automan o las aventuras de BJ?) que para sorpresa nuestra es adjudicada a Alan Parson. Demonios, ¿dónde quedó el Ojo en el cielo, Uk?

El film, dirigido por Richar Donner (no le digan nada, fue un señorón director de la TV de los 60’s y 70’s, desde los Banana Splits hasta la Dimensión desconocida, pasando por la Isla de Guilgan), nos presenta a un ladronzuelo sumamente creyente interpretado por Matthew Broderick en su gustado papel de… Matthew Broderick, cara de menso incluida. Eran los ochentas, recuerden. El tipo es un jovencito experto en diversiones y en escapes. Sale de la prisiónconventoobispadomazmorracatedral de Aquila para ser perseguido y casi atrapado por los soldados del Obispo. Y salvado después por un caballero oscuro aficionado a la cetería y montado en un percherón negro. Supera eso, Bruno Díaz.

Suena Alan Parson con algo que se parece a Games people play, parece que se revindica, y la genial fotografía nos mostrará atardeceres y amaneceres, la twilight zone pues, que son la clave para que vayamos entendiendo la trama. Al atardecer el hombre y el halcón desaparecen y entran en escena el lobo y la mujer. Bien raro.

A la par de Broderick, Filip Gastón en esta pelí, nos vamos enterando de la trama de esas apariciones y desapariciones; lo vemos soliloquear toda la película, si le hablara directamente a la cámara estaríamos en un Experto en diversiones. Al presenciar la primera desaparición del hombre y la primera aparición de la mujer podríamos pensar, usando el pensamiento crítico, en un travestismo coquetón, pero recordemos que estamos en una película de fantasía. El caso es que, como ya lo habrás sospechado, (viene un spolier chiquito), el hechizo que pesa sobre los personajes principales se parece mucho al de Fiona, la de Shrek. Mutan nahualmente de apariencia con el cambio de día a noche y viceversa.

A lo largo de la trama percibimos lo doloroso de la situación; de la bondad de Filip por ser el intérprete de ese amor salvaje, ahora sí que por involuntaria interpósita persona; conocemos de la maldad que los sumergió en ese castigo. Es una situación muy humana que te duela no poder tocar al amor de tu vida.

La historia nos hace conocer a Imperius, un sacerdote que involuntariamente fue quien los metió en ese trance. Él la ama a ella, ella a él y ambos comparten confesor así que le confiesan sus cositas y aquel, que abusa del vino de consagrar, va y le cuenta al Obispo quien también tiene su corazoncito que late por la lady, bueno qué quieren, la dama en cuestión es la hermosísima Michelle Pfeiffer. Quien, obviamente, lo manda a la santa friendzone. Y como las personas con poder son un poquito rencorosas y amantes de las artes oscuras pues les hace bulling de muy mala manera: Los lobos y los halcones son monógamos así que nanay. Nada de placeres carnales mientras dure la maldición.

Aquí viene lo bueno, el padrecito quiere revindicarse así que les dice que dios le habló, bueno, en esta película dios habla con todo mundo o les manda señales. El caso es que diosito le dice que el hechizo se rompe en un día sin noche y una noche sin día. Lo sé, vaya manera tan rebuscada de nombrar un eclipse, que por cierto nadie conoce ni espera. Ay, diosito, por eso la gente no te entiende. Yo también hablo con él, y qué.

Y esto es lo sabroso de la película: sus fallotas históricas. Aquila es un bastión católico, mencionan a los serracenos (musulmanes para la banda) pero sus soldados parecen bastantes moros. Si es la edad media donde la iglesia mandaba urbi et orbi eran los siglos XI al XIII, mencionan la peste pero esa fue en el siglo XIV. Además los castillos se veían muy descuidaditos para tener tan poca edad. Gracias, Wikipedia. Ok, ok, es fantasía, prosigamos.

Hay que reconocerle al director su manejo de la tensión dramática. Hay momentos en que se luce con ello. El uso, literal, del cliffhanger funciona genial a lo largo del film en diferentes momentos. Bravo, señor director. Ya, Alan Parson, ya déjalo así, en serio.

Llegando ya casi al clímax nos presentan: un duelo de caballeros, muy bien. A caballo, of course. Adentro de una catedral, qué tal. Justo durante una misa, blasfemos. Con espadas feas y pesadísimas, demonios. Nada de mariconerías de espadas que no pesan porque son de luz. Estas son para hombres. Ahí vemos al obispo con una actuación muy ad hoc, serio, casi mudo, esperando que sus caballos y peones defiendan al alfil. La mitra manda y cobra impuestos.

¿Qué? ¿El eclipse? Ah, sí. (Otro spolier chiquito) El día sin noche y la noche sin luna, gracias, diosito, es el mentado eclipse que justo en ese momento romperá la maldición. Por un vitral roto en la fachada de la catedral se inicia un eclipse de sol. Claro que la misa sería misa de gallo, de esas que se tardan mucho, porque la duración de un eclipse es de casi dos horas. El Obispo al verse derrotado dice la frase que todo freinzoneado que se respete debe decir: si no es mía no es de nadie. Eso, machitos.

La historia vale la pena, es fantasía pura, maneja una poética cosmológica en su trama, te entretiene, tiene paisajes fabulosos, mal colocados, pero fabulosos.

Amén de que lo genial de la película es tener dos finales felices: En uno el caballero se queda con su dama. En otro el padrecito se queda con el jovencito, de besito y todo.

Cantos gregorianos.

Bonus track: The Alan Parson Project tiene un tema llamado Total Eclipse.

 

Samuel Carvajal

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