Versus – Crepúsculo: Eclipse

Hace un año exactamente, en el mes de agosto de 2016, inauguramos una sección fija en este su semanario; que ha tenido toda clase de enfrentamientos: versión original versus cover; secuela del original versus secuela del remake; versiones diferentes de los mismos personajes fantásticos; novela versus película, e incluso la misma obra enfrentada contra sus propias deficiencias, desde la óptica de dos autores distintos.

Como si este evento hubiera sido presagiado de forma sobrenatural, el lunes de esta semana en Estados Unidos se puso apreciar un eclipse total de sol alrededor de las dos de la tarde, que aquí en la Región Cuatro vimos como un eclipse parcial, que cubrió un poquito más de la mitad del sol del mediodía.

Y como los editores de este semanario somos muy cotorros, no quisimos dejar pasar el tren del mame sin subirnos, aunque sea parcialmente, como el eclipse; y aprovechamos la ocasión para enfrentar dos cintas en las que el amor, un eclipse, la aventura y los licántropos y Hollywood, se conjuntan con resultados tan contrastantes como el sol y la luna.

Tras una reñida contienda de tazos que terminó en derrota para su servidor y, haciendo gala de toda mi hombría y machez, acepté la consigna de reseñar la tercera parte de la popular saga “Crepúsculo”

Así que como nobleza obliga, abróchense los cinturones para esta vertiginosa verborrea llena de spoilers y comentarios sarcásticos, por los que más de un hablador se gana la rechifla en la sala de cine.

Estamos en Fork, Washington, un pueblo en medio de las montañas y los bosques del pacífico noroeste, lamentablemente muy alejado de Gravity Falls y Twin Peaks, pero en donde los seres sobrenaturales se sienten bastante cómodos, ya que aquí coexisten los vampiros y los hombres lobo.

La película (sí, no iba a leer la novela) empieza en un campo de violetas, donde nuestra joven protagonista Bella Swan (quien ya había hecho películas fantásticas, como “Zathura” y “La habitación del pánico”) comparte los rayos del sol con Edward Cullen (Robert Pattinson, el Cedric Diggory de “Harry Potter”) quien es un vampiro… si a estas alturas del siglo XXI no sabes que en “Crepúsculo” los vampiros son inmunes al sol, no tienen colmillos, están hechos de porcelana, no se transforman en niebla o animales, y además les brilla la piel, creo que has vivido debajo de una piedra. Bendito tú: Bella parece estar enamorada de Edward y hablan de sus planes a futuro, que incluyen para ella aceptar convertirse en vampiresa, pero sálo hasta haber terminado la prepa.

Kilómetros al sur, en Seattle, se ubica el cuartel secreto de un enemigo por demás ridículo (No, no es el Dr. Evil de Austin Powers) se trata de la vampiresa Victoria, quien ha convertido a Riley Biers (un tranquilo vecino de Fork) en vampiro, con la consigna de crearle un poderoso ejército de vampiros recién nacidos… o neófitos… ambas traducciones distan mucho de dar miedo, aunque se explica que los humanos recién vampirizados, son mucho más rápidos, fuertes y sanguinarios. Y todo esto pasa bajo la mirada oculta del clan Vulturi, entre cuyos miembros está Jane (Dakota “Mi papá era Tom Cruise cuando salieron los marcianos” Fanning) quien pareciera no ser vampiro sino Mortífago de Voldemorth… lo cual es más o menos lógico porque tenemos a Cedric como antagonista.

Aunque las noticias de desapariciones de jovencitos en Seattle y los asesinatos brutales, hacen sospechar al Clan Cullen de que se trata de vampiros; Bella está más preocupada por terminar la prepa y convencerse de si quiere disfrutar de su humanidad un rato más, o de si quiere ya darle el tesorito a Edward, y con tesorito me refiero a su sangre, no piensen mal, que este vampiro es muy respetuoso y literalmente le pediría permiso a su padre antes de besarla… porque el hombre es el sheriff de policía y está armado (pendejo no es el Edward).

Además de las profundas preocupaciones escolares de Bella, está el asunto de que en las dos películas anteriores la trama giraba en torno al triangulo amoroso entre el vampiro multimillonario dueño de una isla privada, y Jacob Black (Taylor Lautner, quien fuera “El niño tiburón” de Roberto Rodríguez, y a quien no parece haberle cambiado la cara) un hombre lobo de ascendencia piel roja que suele andar sin camisa por ahí, presumiendo sus bíceps y su moto, para beneplácito de las mamás que llevan a sus hijas al cine… pues bien, no será millonario pero está muy enamorado de Bella, y en su nombre los licántropos han llegado a una tregua con los vampiros, para protegerla del pequeño ejército de vampiros neófitos/recién nacidos que viene en camino.

El muy bien educado Edward le propone matrimonio a Bella, quien acepta (y que mujer no lo haría, si no le dio un anillo con un brillante, sino con dos docenas engarzadas, porque #DineroDineroDinero) sin embargo su vida corre peligro y en vez de mandarla en avión al lugar más lejano del mundo, deciden irse a esconder en una tiendita de campaña, con lo mínimo necesario para morir congelada… así que como su prometido no puede darle calor (no porque tenga mucha educación, sino porque los vampiros de porcelana son fríos) es necesario que llegue Jacob para cumplir con el deber de mantenerla calientita en frente de su novio oficial, y en donde los dos muchachos tienen un intercambio civilizado de palabras, en vez de un combate de coplas con guitarra antes de romperse la madre, como nos enseñaron Pedro Infante y Jorge Negrete (¡No agarren a esos muchachos, que no se van a pelear!); al día siguiente, Bella le confiesa a Jacob que se va a casar con Edward, total ya salió el sol y no se va a morir de frío, así que el hombre lobo se va de ahí con el corazón roto, y ella, a modo de premio de consolación, le da su besote en la boca, pero nomás de amistad. Su prometido, educado vampiro caucásico eurocentrista, no le recrimina nada… igual y lo tomó como su despedida con stripper, vaya usted a saber. Eso o es marica. No sé.

Pues bien, ha llegado la hora de la verdad: el ejército de Victoria arriba a la comarca y se van a armar los mandarriazos. Hombres y mujeres lobo que se transforman a voluntad, con todo y pantalones, pero siempre sin camisa, pelearán codo a codo junto a los vampiros del clan Cullen, que ni así muestran sus colmillos. Pero todo esto es sólo un ardid de Victoria, cuya verdadera motivación es vengarse de Edward asesinando a quien más ama, tal y como él la lastimó al matar a su amante James en alguna película anterior que no vi… y ahí me di cuenta que Victoria es la actriz Bryce Dallas Howard (Gwen Stacy de “Spiderman 3”) y no Brigid Brannagh (Sasha, en “Kindred: The Embraced” una serie de TV de los 90’s de vampiros de verdad) cosa que no tiene nada que ver con que Edward está a su merced y la de Riley, quienes pierden la cabeza por completo al oler la sangre de Bella, cosa que aprovecha Edward para vencerla, al tiempo que Riley es despachado por un hombre lobo.

De la batalla épica en el bosque, Jacob ha salido mal herido, los Vulturi se han hecho presentes, y haciendo uso del hechizo “Cruciatus” Jane tortura a la neófita que se había rendido ante los Cullen, completando el teatro de hacerles creer que ella no sabía desde un inicio las intenciones de Victoria.

Finalmente Bella y Edward pueden tener un momento de paz (Jacob se recuperará de fracturas múltiples de huesos y corazón en el inter) y descubrimos quién es el verdadero monstruo de esta saga: a pesar de los muertos y los sacrificios, Bella declara que al final, todo esto no era por hombres lobo ni vampiros, sino por ella, por su vida y por lo que desea lograr.

Antes de que los créditos rueden, sólo podemos sentir lástima por Jacob (quien casi muere por ella) y por Edward, quien tendrá que soportar en los siglos por venir, no sólo la cara inexpresiva de Bella, sino su descomunal egoísmo y megalomanía.

Nota curiosa: Stepheny Meyer comenzó a escribir esta saga como un fan fiction de “Harry Potter”, lo cual explica no únicamente ciertas similitudes, sino la elección del casting. Posteriormente su saga inspiraría a la escritora E. L. James a escribir un fan fiction de “Crepúsculo” que se convertiría en el best seller de soft porn para amas de casa “Cincuenta Sombras de Grey” también ubicado en el pacífico noroeste.

¿Y a qué hora salió lo del eclipse?

Pues bien, amables lectores, Meyer explicó en su momento que el eclipse es una metáfora en que Jacob representa la luna (por lo de la licantropía), Edward el sol (por lo de los brillitos bajo su luz) y Bella la Tierra… en torno a quien giran los astros celestes y el resto del universo, en su imaginación retorcida.

Alea Jacta Est!

 

 

Abraham Martínez Azuara “Cuervoscuro”

 

 

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