La pastilla del día anterior

Lágrimas negras y violáceas manchaban su rostro. A pesar del consejo recordado de sus padres y tíos que la trataban de aleccionar cada fin de semana, la oposición de las religiones y las terribles experiencias de sus amigas, ella tomó “la pastilla del día anterior”. Sabía que eso no remediaría lo sucedido, pero cuando menos no traería a otra víctima a sufrir al mundo. ¿O estaba matando a un futuro Beethoven? En realidad no importaba, los efectos del medicamento comenzaban. Sólo podía tomarlo cuatro veces cada año, de lo contrario no surtía efectos y dañaba su organismo. Fuertes dolores, mareos, parecía que le iba a estallar el cerebro, las cosas a su alrededor comenzaron a pasar en reversa, cada vez más rápido. Regresó un día exactamente. Usaba un hermoso vestido corto y escotado, zapatos de tacón y una cadenita en el tobillo. Se estaba terminando de maquillar, tiró las pinturas al piso, se cambió, se puso pantalones, un saco y zapatos viejos, se desmaquilló y se despeinó. Se tumbó en el sofá de su habitación, quizás al rato iría por algo de comer a la cocina, pero por nada del mundo saldría. Miró el espejo de reojo y cayó en cuenta de que nada había cambiado en su mente y en su corazón: el dolor, la sensación de fragilidad, el miedo y la rabia permanecían intactos. Además ignoraba que era el tío, el esposo de la hermana de su madre, el que la había seguido por toda una cuadra la primera vez y que ahora esperaba, sin consejos, detrás de la puerta.

Jorge Chípuli

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s