Hemorragia – 2 de 10

11

Este es un balcón propio de huesos y dientes. El Leviatán los trae y yo los apilo. El mar añil desde aquí se ve eterno, incesante, como un extraño desierto.

12

El sueño del sueño de la cenizas, me repito… Quizás con estas venas rajadas lo pueda disolver.

13

Hasta aquí llega el olor nauseabundo de los demonios de la combustión, los empalados chillan, en las hogueras hay cosas que se retuercen, al prado verde lo oscurece la sangre.

14

Esta alba fresca es mejor para el machete, la hoja reluce, se aprecian todas las aristas de los dientes de sierra. Las venas se hinchan, se cargan de sangre.

15

¡Que vega el infierno! Que me descongele de este hielo. Que me salgan escamas y cola con punta de asta, que me crezcan cuernos para atravesar tu corazón.

16

Una noche tras otra; insomnio inerte, manos insepultas, piel amoratada, en este páramo de huesos varados de ballenas. Una noche tras otra, el recital del silencio y el brindis bermejo.

17

Todavía las manchas son visibles. Esta pared es testigo. Su sabor es salado y dulce.

18

En esta arquitectura hostil, el cuerpo fofo quedó clavado. Las aristas, los bordes afilados, las esquinas puntiagudas; reclamaron su porción de carne, su parte de sangre.

19

Una mujer llena de heridas. Tantas heridas, tantas bocas dentadas que buscan saciar venganza. Los colmillos resuenan en la oscuridad.

20

Necrópolis, ¡oh, necrópolis! Madre de los restos, padre de los huesos. Mar de sangre seca incógnita.

 

 

 Joan Baladre

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