Versus – La Tiendita de los Horrores (1986)

Mientras la década de los 80’s comenzaba, la gran influencia de los musicales en Broadway tenía ya un gran peso mundial a los cuales muy pocos tenían acceso y otros muchos dedicados a las artes escénicas no veían llegar la hora para que dichas producciones contaran con una versión en su país para poder darles vida.

Acostumbrados a un Broadway que en conjunto con un Hollywood Glamuroso abarrotaban las carteleras con musicales clásicos con música de orquesta, plumajes extravagantes y luminarias que aceptaban las propuestas de participar sobre las tablas de un teatro abarrotado de seguidores que al fin podrían ver de cerca a su actriz o actor favorito, llega de pronto la imposición de lo inimaginable, las adaptaciones musicalizadas de textos de culto de décadas anteriores. Y entonces sucede lo impensable, la prostitución del Broadway clásico con la inclusión de musicales cobijados con coreografías de jazz moderno, con letras sosas y pegajosas y un centenar de nuevos talentos apoyados con grandes actores del viejo Broadway como invitados especiales en algunas funciones. Y es justo dentro de toda esta transición donde aparece otro clásico musical llamado, La Tiendita de los horrores.

Un Manhattan decadente y sombrío, calles desiertas y llenas de vagabundos, una florería en bancarrota, una rubia adorable, un introvertido florista y una planta carnívora, son los elementos protagónicos del texto de 1982 musicalizado por Howard Ashman y Alan Meken quienes recurrieron al filme de culto de 1960 de Roger Corman en colaboración con Charles B. Griffith. Un filme de muy bajo presupuesto dentro del género de terror donde su protagonista Audrey Jr. (una planta carnívora) termina matando a prácticamente todo el reparto.

La adaptación musical respetó muchísimo el texto original no musical de los 60’s pero hubo que darle no sólo un final alternativo, sino un enfoque “Queer” para respetar el legado del viejo Broadway pero estar en sintonía con la transición de los 80’s.

El musical cuenta la historia de un Florista poco talentoso (Seymour) que trabaja en una florería en bancarrota ubicada en algún callejón perdido de Manhattan. También trabaja ahí una rubia apenas notable (Audrey) quien es víctima de maltrato físico y psicológico por parte de su gañan pareja el Dr. Phoebus Farb (un Dentista Sádico), y por supuesto la estrella del musical, la planta carnívora a quien el mismo Seymour bautiza con el nombre de Audrey 2. La planta llega a manos de Seymour aun pequeña, cerrada y exótica y la lleva al local ubicándola en el aparador para atraer clientes, lo cual funciona. El dueño del local le deja la responsabilidad total a Seymour para que cuide muy bien a la planta, a los pocos días la planta comienza a marchitarse, pero gracias a una pinchadura accidental de dedo con una espina, Seymour se da cuenta que la planta en vez de agua, pedía sangre humana y accede en secreto a alimentarla de su propia sangre. La planta comienza a crecer muy rápido al punto que no era suficiente el alimento y la planta comienza a exigir comida y obliga al florista a conseguirle personas para alimentarse. La historia da un vuelco inesperado cuando la planta se come también a la rubia Audrey, enfureciendo a Seymour y negándole atención y por supuesto alimento; La planta se revela contra él y hace todo lo que puede para también comérselo. En una contienda entre la planta y Seymour, la planta es destruida.

Pero, ¿por qué una historia de “terror” con personajes lúgubres y asesinatos horrendos pudo convertirse en un musical “Queer”?

La musicalización a Cargo de Ashman y Meken fueron el factor clave. Las letras sosas narrativas asignadas a cada personaje, apoyados en su mayoría con un trío de coristas interviniendo en casi todas las escenas con diferentes personajes, algunas veces clientas, otras veces vagabundas o pandilleras, etc. Eso más la adición de música de Opera Rock con jazz y pop, además de todos los clichés del viejo Broadway y un vestuario urbano en casi todo el elenco con excepción de la única mujer protagonista en quien aún se respetan los abrigos de Mink aunque viejos y desgastados seguramente comprados de segunda mano, más un ensamble de no más de diez personas moviendo una versátil escenografía que deja ver tanto el interior de la florería como el callejón oscuro y a su vez el consultorio del sádico dentista, y claro está, adjudicarle una voz profunda, roquera y estruendosa a la planta que tiene toques muy marcados de blues.

Todos y cada uno de estos exagerados elementos lograron que La Tiendita de los Horrores se convirtiera en un musical de ciencia ficción y una sátira de terror que poca demanda tuvo incluso para Broadway, quien no aceptaba fácilmente una producción de voces medianas y por supuesto haciendo una sátira del legendario Broadway clásico.  Tuvieron que pasar varios años desde su estreno OFF-Broadway en 1982 y fue hasta el 2003 que pudo unirse a las filas de Broadway como un “revival”. No obstante, en 1987 ya se había hecho una segunda adaptación al cine, pero esta vez basada en el propio musical.

Un musical como éste fue rescatado por un público incluyente que si entendía a la perfección esa mezcla de géneros y que venía apoyando en los suburbios a otras producciones muy exitosas como el caso de El Show de terror de Rocky (ópera rock enteramente queer) en la década de los 70’s. Irónicamente, aun con todos los elementos que ya eran sólidos de un Broadway queer clásico, este tipo de musicales eran apartados por ser “diferentes” y bajo ninguna circunstancia los grandes productores de la época lo veían como “propositivos”, sencillamente no los consideraban redituables. Broadway necesitaba historias que no sólo divirtieran, sino que conmovieran, por eso este tipo de textos no podía ser bien visto. Además, el público quería ver a algún famoso en escena y no estaba interesado en nuevos talentos, por lo que La tiendita de los horrores se adjudicaba otra desventaja más, ya que tenía que competir contra obras de renombre (y todas queer) como Funny Girl, Gypsy, A Chorus Line, Hair, y la legendaria Dreamgirls lanzada el mismo año entre otras.

La Tiendita de los horrores no es para un público en específico. Es un texto muy simple y entendible para todo espectador. El simple hecho de ver en escena una colorida y monumental planta carnívora asesina extraterrestre y encima cantante es ya de por sí algo divertido, claro, eso siempre y cuando se disfrute de las sátiras. Hasta cierto punto maneja hasta con delicadeza aspectos sexuales o pícaros sin hacerlos evidentes u ofensivos, no maneja lenguaje inapropiado y salvo la justificación extraterrestre de la procedencia de la planta es todo un espectáculo musical fácilmente disfrutable.

Sin duda alguna, son pocas las obras musicales que cuentan con esta fabulosa y rara mezcla de géneros. Existen musicales de un solo género y en su gran mayoría van acompañados del toque “queer” sin embargo en el transcurso de los años, Broadway ha resurgido gracias a la transformación evidente de dicha tendencia, sin embargo, en esencia es lo mismo. En un contexto general, un musical tiene como objetivo transmitir un mensaje mediante piezas musicales de arte, vestuarios exóticos, voces memorables que sacuden al espectador y logran que se vayan felices muchas veces coreando las canciones pegajosas que tal vez y si el exigente público lo permite, se conviertan en temas legendarios y clásicos que todo actor y bailarín de teatro musical quisiera alguna vez en sus vidas interpretar.

 

Rodolfo Aguirre

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