“Hombre hembra” de Joana Russ

Joana Russ mereció el premio Nebula por esta novela en 1975, la historia está ubicada en cuatro dimensiones temporales donde vemos la vida de diferentes personajes que tienen en común tener Jotas en sus nombres y en su desenvolvimiento por los universos temporales: Joana, Jeanine, Jale y Janett, cada una diferente de la otra, no sólo en lo físico, sino en lo intelectual, mental y en su respectiva época.

Joana Russ (guiño guiño a la autora, sin ser ella, obvio) es la mujer de la década de los setentas del siglo XX (en un mundo no tan diferente del nuestro), se ha definido como alguien que sabe que las mujeres son iguales que los hombres, a pesar de que en ese círculo social se insiste en que toda mujer necesita casarse y tener hijos para tener completa su objetivo en la vida y con eso llegar a la felicidad.

Jeannine es la hija de la posguerra y de la Gran Depresión, adora a su gato, los jardines y está comprometida con un hombre como Cal, quien le insiste en que la necesita para ser feliz y llenar sus expectativas, ya que las mujeres no tienen las suyas, de entre todas pareciera que es la que entra en la “normalidad” esperada.

Janet proviene de un mundo donde los hombres murieron por una pandemia global y ahora es dominado por mujeres que supieron reproducirse entre ellas mismas y tener hijas, el lugar es llamado Whileaway, ahí todas tienen sus reglas, y ella vendría a ser una pacificadora y aseguradora de la paz, parecida a un oficial o a un militar, pero los peligros por los que pasan las mujeres no son ni los de la guerra ni enfrentamientos ni dominaciones de territorios, sino la supervivencia de ellas mismas y aprender a ser independientes y alimentarse de lo que les da la tierra, está casada con su Victoria y tiene dos hijas.

Jael podría ser la más badass de todas, ya que ella es una guerrera con todas las de la ley, debe ir a un territorio llamado Mansland, del cual han corrido a todas las mujeres, y la forma en que subyugan a otros es hacerlos hombres convertidos, gays que trasvisten y violan porque ya no hay mujeres que entren en ese papel por el cual se han negado. En su mundo ella se enfrenta a otro hombre quien le sigue pidiendo que no se comporte como un hombre ya que se sabe que deben ser débiles y sumisas, Jael sabe usar armas y además su cuerpo está adaptado para que le salgan garras y dientes afilados, usa el ataque de la histeria contenida, con esto ayuda a defender a las otras que se encuentran en su viaje temporal.

Este libro fue un reto de lectura, debido a la polifonía de sus voces y de los personajes, pero conforme se avanza en la historia de cada universo y situación se va aclarando quién es quién, y cómo es que se llegaron a encontrar, aunque la novela es de 1975 vale la pena para reivindicar a las mujeres, y comprender las respuestas que provienen desde el feminismo más radical, el de las lesbianas, el mismo que aboga por la sororidad, o el ayudarse entre mujeres.

Es de ese tipo de publicaciones que se odian o se aman, y la autora lo sabía pues por un lado tienes largas peroratas contra el hombre como especie (lo que hoy las feministas radicales llaman onvres al ser menos que humanos empáticos y sin sentimientos por los demás) y por otro lado tiene denuncias tan acertadas como el mansplaining desde el momento en que en sus primera páginas pone una cita de R. D. Laing, del libro “The Politics of Experience” donde ejemplifica como los hombres hacen menos los problemas de las mujeres. También desarrolla las problemáticas de la cultura de la violación y el aplastamiento de las mujeres al ser reducidas a objetos de intercambio desde el mundo útopico de Whileaway.

Algo que pareciera definir este sentir sobre el ser mujer, de acuerdo a Joana Russ, es la siguiente cita:
        “Mis pensamientos fluyen sin forma como el flujo menstrual, todo muy femenino y profundo y lleno de esencias, muy primitivo y lleno de «y», se llaman «frases continuas».

Mi mente está encenagada. Putrefacta. Soy una mujer. Soy una mujer con mente de mujer. Soy una mujer con una enfermedad de mujer. Soy una mujer sin envolturas, calva como una bola de billar. Dios nos ayude a mí y a ti.”

Es más adelante cuando se aclara el título, Joana se convierte en hombre hembra, hablándolo desde el constructo social que se requiere para poder formar parte de la participación de las mujeres. No puedo decir el final, pero sí les puedo asegurar que ninguna de las cuatro Jotas regresa igual.

Los hombres en la actualidad se pueden quejar de idioteces que tachan de excluyentes, como la división de vagones en el metro, el que existan películas con protagonistas femeninas, que “arruinen sus infancias” porque han decidido cambiarle el género a sus personajes, o de hacerse las víctimas y disculparse después de que asesinaron a una mujer dentro de su casa. Y se seguirán quejando de que colectivos feministas pinten bardas, monumentos y rompan vidrios, pues a nadie le importa la vida.

Esta semana todo mi facebook se convirtió en una retahíla de quejas sobre el feminismo actual, o mejor dicho, los feminismos. Desconozco qué fue lo que desencadenó la queja (entre un presidente misógino que dice que en el país no hay muertas y otro al norte que insiste en vetar a sus soldados transgénero ya es difícil saberlo), pero casi todo tuvo que ver con el desencanto de que las feministas que omiten a las sexoservidoras y a las mujeres trans en su discurso (las definiciones para referirse a esas personas que normalmente trabajan para los privilegios del macho blanco heterosexual son SWERF [Sex Worker Exclusionary Radical Feminist] y TERF [Trans-Exclusionary Radical Feminist]) ¿Por qué narro esto a manera de desenlace en esta reseña? Porque se comprende la decepción de la separación para quien quiera hacer feminismo incluyente. Y como este fue el mes de la inclusión y la diversidad, vale la pena revisarlo desde una perspectiva plural e interseccional, por eso es importante rescatar a Jane Russ y “Hombre hembra”, de la cual es más fácil encontrar reseñas escritas por hombres sintiéndose atacados por la escritora, aunque también hay páginas feministas que han desarrollado un poco la novela, pero se siguen limitando a ser reseñas escritas por hombres, por eso faltarían mujeres que lo desarrollen más a profundidad, yo como la autora de esta reseña, admito mis limitaciones al ser mujer cisgénero, pero eso no tiene porque impedir que otros puedan dar su opinión desde perspectivas que me son desconocidas y es por eso que este acercamiento es una forma de abrir el debate

¡Interseccionales e intersexuales, busquen este libro para discutirlo y difundirlo aún más, ya que sigue dando de qué hablar! ¡Los escucho!

 

 

Laura Elena Sosa Cáceres.

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