Versus – Alien: Covenant

El xenomorpho de Giger y yo tenemos una historia muy larga, que se remonta mas o menos a 1983. Mi primer acercamiento a la cinta titulada Alien: El Octavo Pasajero (1979) vino en forma de una especie de cuento para dormir. El papá de un compañerito de tercero de primaria tenía esta película en formato 8mm y después de ver en la caja ese extraño huevo con yema fosforescente escurriendo, quise saber de que trataba antes de verla. La narración que me hizo mi mamá sobre ella, me marcaría para siempre: me habló de esta nave que descubre un parásito en forma de escorpión, que se abrió paso por la panza de su huésped, creciendo para corretear a la tripulación dentro de la nave, mientras un androide asesino perdía el control, para al final… bueno, no voy a contarles el final si no la han visto, no quiero reclamos.

Y ese monstruo de otro planeta estuvo ahí, medrando en la oscuridad debajo de mi cama muchas noches hasta que en 1987 estrenaron en TV la cinta ALIENS (1986) y aunque tenía once años, quise verla pero en el cuarto de mis papás.

Fue amor a primera vista.

Desde ese día, la franquicia del monstruo guionizado por Dan O’Bannon y diseñado por H. R. Giger, se convirtió en inspiración para narrar historias de ciencia ficción y horror. Llegó a mí en el momento justo para infectarme y convertirme en un fan de hueso colorado. Antes de que ALIEN 3 llegara al cine, yo acaba de descubrir otra maravilla: los cómics editados por Dark Horse, y tomado de las cuatro manos de la reina alien, le di la espalda a los super héroes para siempre, embarcándome hacia otros mundos en los que encontraría más afinidad entre la literatura que consumía y el arte secuencial.

Así llegamos a través de las décadas al presente año.
Riddley Scott nos acaba de entregar la más reciente historia de esta franquicia (sí, nuestro VERSUS de este mes confronta al primero, a la bellota, con el monstruoso árbol que engendró a través del cine) y me he encontrado con dos posturas diferentes, resultando en aquella frase que se ha vuelto tan común en Hollywood: “O la amas o la odias”.

Empezaré diciendo que esta cinta es una secuela de Prometheus (2012) la cual nos narra el origen de Los Ingenieros, esos seres con rostro de calamardo guapo que crearon la vida en la Tierra hace millones de años, usando un extraño polvo negro que reconfigura las proteínas de los seres vivos; y como al cabo de milenios, decidieron que la humanidad era digna sólo de la extinción (o eso me explicaron, es una de las tantas fallas de la cinta). Así arrancamos la historia con el androide David de aquella otra película, retando de alguna manera a su creador, Mr. Weyland (David al final de la primer cinta, se embarca en un viaje para confrontar a Los Ingenieros, creadores de su creador) y diez años después encontramos la nave Covenant en su viaje a lo que será un mundo capaz de albergar a la humanidad. Sin embargo a medio camino se topan con una transmisión de radio proveniente de otro planeta más cercano, igual de hospitalario para la humanidad, y estos camioneros espaciales (porque preparación de astronautas no tienen) deciden bajar a investigar.

Oh, sorpresa. No hay una sola forma de vida animal en ese mundo, pero sí polvo negro que al ser respirado por dos de los tripulantes, causa la casi instantánea incubación de unos pequeños xenomorfos que nacen de forma humanoide, sin pasar por la etapa serpentina larvaria. David, el androide, reaparece y los salva de estos pequeños monstruos y los lleva a las ruinas de la ciudadela de Los Ingenieros, donde descubrimos la atroz verdad: David fue el responsable de la extinción de los creadores de su creador, en una especie de parricidio al cuadrado.

No quiero “echar a perder” la cinta para quienes consideran que Prometheus es de lo mejor que le han visto a Scott. Covenant para mí es una colección de decisiones tomadas por personas con limitado uso de su cerebro, violando los principios básicos de la exploración, del sentido común y del espacio tiempo: Así veremos cómo un androide con limitado conocimiento humano hizo bioingeniería con varitas y lodo, no sólo para destruir a una raza capaz de terraformar planetas y de cientos de millones de años de antiguedad; sino además fue capaz de diseñar a una de las criaturas más letales jamás conocidas por el hombre, Los Ingenieros o los Yautja (también conocidos como Depredadores) y esto en un lapso de unos pocos años; además de otras sorpresas que como dije, no quiero arruinarles.

¿Habrá una tercera cinta para completar la trilogía del origen del alien? No lo dudo ni tantito: las señoras quieren seguir pagando por ver a Michael Fassbender en overol entallado, los fans incondicionales de Scott seguirán yendo a ver sus trabajos y yo, al igual que ustedes, haré lo mismo por razones diferentes, es decir, mera distracción.

Del mismo modo que George Lucas se empecinó en recetarnos una trilogía de precuelas para su gran Opera Espacial, 20th Century Fox está más que decidida a mantener con vida a la gallina-reina alien que pone huevos de oro, y para su humilde servidor, Covenant al igual que El Ataque de los Clones, es una de esas cintas olvidables que se ven una sola vez en el cine, para después taaaal vez verle unos minutos si la están pasando en la TV.

(Si quieren leer buenas historias de la franquicia, acudan a Dark Horse Cómics)

Abraham Martínez Azuara “Cuervoscuro”

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