Smells like… “Piel de cebolla”

Se puede decir que el término de novela gráfica es aún algo reciente en las editoriales mexicanas. Al respecto es interesante la forma en que el teórico Jorge Fregoso define como tal a este género siendo de los pocos académicos mexicanos que se han atrevido a hacerlo:

“Recientemente se ha dado una nueva alternativa de la historieta, con la aparición de lo que se conoce como la novela gráfica, que es una nueva forma de historieta-libro. Lo poco que se ha hecho en este medio solo se ha ubicado en un público que no está preparado, y con los problemas de distribución típicos de estas publicaciones” (Fregoso, Jorge, “La Narrativa Léxico-Pictográfica”, Editorial Universidad de Guadalajara, México: 2005. Pág. 224.)

Y al menos en México, aún es insuficiente el estímulo para el mismo. Un caso concreto fue “El Premio Jus de Novela Gráfica” que en su corta existencia sólo tuvo a tres agraciados: Augusto Mora, Patricio Betteo y Sergio Vicencio.  Este fenómeno ya se ha difundido por el resto del continente a veces con mejores resultados y es curioso el caso de la película argentina “Bomba”, cuyo protagonista no es otro que precisamente un adolescente de 19 años que ha ganado un concurso de este tipo con una historieta autobiográfica. La trama o conflicto comenzó cuando dicho personaje sube a un taxi y descubre que se trata de un coche-bomba,  ahí comienza la interacción con el conductor que está por matar a su ex mujer con su respectivo amante e inmolarse a sí mismo en dicha campaña. ¿Quién es prisionero de quién? Sobra decir que dicho filme contó con los dibujos del ya famoso historietista Pablo Túnica. Con dicho ejemplo se puede concluir que la juventud hispanoamericana puede lanzar fuertes valores en esta nueva forma de hacer novela, sin entrar en los clichés del “Súper Héroe” o el “Manga”.
Y específicamente la no ficción o las referencias autobiográficas están tomando un papel muy radical, un ejemplo arduamente trascendental fue el caso del guionista norteamericano Harvey Pekar, quien toda su vida trabajó como archivista de un hospital de veteranos en Cleveland, hay un personaje trascendental que siempre mostró: él mismo.  Quizás en la narrativa en prosa o de la crónica como tal (ya que estamos hablando de una narración de hechos verdaderos),  pudiese ser redundante contar sólo lo cotidiano; pero en tiempo fue y sigue siendo ahora; toda una revelación en el cómic mexicano hablar de lo que le puede acontecer a cualquier persona, ya que antes de ello dichos lectores estaban acostumbrados a las historias de súper seres con capa. Además de que Pekar tenía la capacidad de contar los hechos con un estilo muy propio que causaba un fuerte humor e ironía a la vez, convirtiéndose el precursor historietístico  de lo que ahora se ha definido como “Nuevo Periodismo”, uno de los más importantes teóricos del periodismo en México, el tijuanense Federico Campbell, lanza el siguiente comentario sobre esta forma de hacer reportajes:

“Este fenómeno desinhibido, que quiere fundir la novela y el reportaje en un solo género, que no se abstiene de interpretar ni de recrear, reacciona contra el trabajo de los reporteros tradicionales (pasivo, grisáceo, informe) y desea impregnar de apremio (estético) estilístico las fortalezas habituales donde se empobrece se burocratiza o se degrada al lenguaje”. (Campbell, Federico, “Periodismo Escrito”, Editorial Alfaguara, México: 2002. Pág. 110.)

Y que en fechas más recientes el franco-canadiense Guy Delisle ha explotado de una forma arduamente trascendental, al mostrar un panorama gráfico y urbano de ciudades como Jerusalén o países como Birmania. Pero ahora viene otra pregunta, en base a elementos que un autor toma de la realidad puede lanzar una obra de fantasía. La respuesta es sí, un claro ejemplo es “Ruinas” del norteamericano Peter Kuper, que es el resultado de sus dos años vividos en Oaxaca y de su libro anterior, no por nada titulado “Diario de Oaxaca”.

La historia de “Ruinas” pudiese parecer autobiográfica al tratarse de un matrimonio neoyorkino que decide tomarse un sabático en tierras mixtecas, salvo por el hecho de que parte de la trama es que dicha pareja no tiene hijos y en la vida real es notorio el papel que Kuper juega como padre. No cabe duda que si bien es cierto que dicha obra está fundamentada en su experiencia en México, es totalmente una obra de ficción con enormes juegos oníricos que este autor sabe hacer y que ya los ha mostrado en otras de sus obras, como cuando convierte a Nueva York en una jungla y a él mismo en Tarzán, analogía de lo difícil que es viajar por la capital del mundo.

Y entre toda esta parafernalia, hace poco que apareció la novela gráfica “Piel de Cebolla” del mexiquense Edgar Camacho, un joven autor ganador del Primer  Premio Nacional de Novela Gráfica Joven 2016,  que vuelve a ser un estímulo para las nuevas generaciones. La historia, pese a tener un dibujo sencillo maneja una buena narrativa presentando los hechos de forma elíptica, he ahí su riqueza.
Todo comienza con el clímax, donde dos jóvenes a bordo de un camión de comida son perseguidos  por una banda de motociclistas. Es gracias a los alimentos que se esparcen por la cajuela abierta y específicamente por dos jitomates que caen en los ojos de uno de sus perseguidores lo que hace que dicho vándalo caiga en un barranco, lo que provoca que sus compañeros abandonen la persecución para corroborar que esté bien. De ahí se da el “Flash Back” para conocer a uno de los protagonistas: Rolando. Un joven que al instante muestra su desgracia, un brazo roto y anuncia que fue despedido legalmente para recibir una indemnización, come sus chilaquiles y a la vez llora, pues no sabe que hacer con su vida. Al instante se presenta Nera, una joven que vive en un camión de comida dentro de un taller mecánico y que lleva una vida diferente en forma y actitud, de manera rápida ambos cruzan la mirada. Posteriormente también descubrimos la casa de Rolando y su habitación, donde ve series de zombies mientras come papas fritas y refresco, además de soñar con una especie de león. Finalmente sus amigos ya preocupados por él, lo invitan a salir. Ahí se encuentra con Nera y ambos deciden ir a un concierto al otro lado de la ciudad donde disfrutan de su banda favorita y de ahí a tomar unas cervezas. No se especifica la ciudad en la que están, pero es muy probable que sea una representación personal de Toluca.
Es mientras terminan sus bebidas que Rolando confiesa que se lastimó él solo el brazo al golpear una ventana del camión, pues estaba cansado de la monotonía de su trabajo como Diseñador Gráfico. De ahí hay un salto temporal y muestra a los dos atendiendo el mismo camión de comida donde vivía Nera donde precisamente su ingrediente secreto es una especia que proviene de sus dos plantas que siempre ha cultivado. Por lo que después de probar una papa al horno, un individuo que se descubre como uno de los motociclistas que los ha de perseguir, no tarda en atentar contra su patrimonio mientras duermen en un hotel. Ambos despiertan gracias a la intervención de una anciana llamada Doña Ness, que a tiro de escopeta ahuyenta a la banda cuyo nombre es “Hellpigs”, pero no logra evitar daños al camión y el robo de las plantas de Nera, que en su desesperación cae asfixiada y posteriormente vuelve en sí gracias a un té que le prepara la mencionada anciana.
¡No les fue difícil descubrir la identidad de sus atacantes! También tienen un camión de comida y gracias a la sagacidad de Rolando, recuperan sus plantas y ponen en evidencia a sus atacantes por internet ¡De nuevo se repite la historia! Ambos viajan a lo desconocido siendo “Piel de Cebolla”, complemento uno del otro. Y aunque no deja de ser una obra de ficción, al principio el autor pone en evidencia su relación con la realidad. ¡Para Nera de la vida real, Irma Karen!  Además de un dibujo en honor a ella con fuerte parecido al personaje. Aquí viene la relación con lo anteriormente dicho, quizás sea una historia totalmente de fantasía, pero con muchos aspectos personales que el autor ha experimentado y con una muy posible representación autobiográfica, pues físicamente no es muy diferente a Rolando, ni tampoco en otros aspectos como el ser también un Diseñador Gráfico de profesión y amar las enchiladas. ¡Nadie le puede criticar que en este momento no esté huyendo de dicha pandilla!
Lo que sí es muy cierto es que ha contribuido a que la juventud se forje un nuevo concepto de la novela gráfica, en el sentido de que la trama puede partir de algo tan simple como la vida de cada quien y que se puede contar por medio de un dibujo no tan detallado y sin pretender imitar estilos norteamericanos o japoneses. Ahora le corresponde a los jóvenes seguir este fuerte ejemplo que les deja Edgar Camacho, tal cual la letra del legendario grupo de Grunge: “Smell Like a Teen Spirit”, que ahora sería “Smell Like a Piel de Cebolla”.

   Sobre el autor: Gerardo Martínez Acevedo, “Efrén Bantú” (Matehuala, SLP, 1980) – Ha sido actor de teatro, locutor de radio y actualmente es feliz como profesor de bachillerato y dando talleres de historieta para niños, fue fundador de la revista P.U.T.A, primera publicación de cómic underground de Jalisco. Ha colaborado en las revistas Matices de Alemania, Characato Cómics de Perú y actualmente escribe el guión del cómic “Guadalajara 2040”. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s