Literatura y sus vínculos con la ciencia.

Un domingo en la alameda, como diría La Verbena popular, perdido en CDMX me llevó al Palacio de Bellas Artes. En el recinto artístico más emblemático de la nación se programó una conferencia acerca del maridaje de la ciencia y la literatura. Era un mediodía del dos de abril del año en curso en la sala Manuel M. Ponce. Sí, soy totalmente palacio.

A la conferencia, moderada por Adán Ramírez Serret, y llevada a cabo por Gabriela Frías, Jesús Ramírez y Alberto Chimal, asistimos cerca de cincuenta personas. En una ciudad con casi nueve millones de habitantes, en el recinto más bello para el efecto y lo mejor de todo, siendo un evento gratuito, no debería entristecernos  tanto que los eventos culturales regios tengan tan poca afluencia.

Daba por un hecho que el tema a tratar, sin decirlo, iba a centrarse en el género de la ciencia ficción abordado desde ambos flancos: literatura y ciencia. Digo, no hay ningún género que haga esa combinación con tanto descaro. En la fantasía no entra la ciencia; en la novela negra, por dar un ejemplo al aire, tal vez entre la ciencia pero sólo de ladito, nunca como eje rector de su ficción. Por el otro lado la divulgación científica peca capitalmente si te cuenta una ficción. La mesa estaba servida.

Gabriela Frías Villegas, científica y matemática, nos recuerda el nacimiento de Frankenstein y a su madre literaria Mary Shelley en la época maravillosa de descubrimientos científicos que le dio un pie para escribirla y ella hizo el resto de las suturas para todo lo demás. También pone el dedo en la llaga al aceptar abiertamente que el prolífico Isaac Asimov no tiene mucho que aportar literariamente al arte si lo ponemos al lado de grandes literatos. Lo siento, pero es un hecho incuestionable.  Claro que, en su descargo, debemos aceptar que el mundo literario y no literario, no sería el mismo sin, por dar sólo un ejemplo, las tres leyes de la robótica. Es más, sin la palabra robótica para ser más claros. Gracias, Isaac.

Aquí nace una primera interrogante ¿se debe usar dos raseros para calificar las obras literarias de ciencia ficción? Es decir, por un lado su valor como literatura pura y por otra su aporte a las cosas que la ciencia ficción hace con singular alegría. Cuáles cosas, te habrás de preguntar. Sigue leyendo.

En el turno del neurocirujano, y por añadidura escritor, Jesús Ramírez Bermúdez, hace desde su trinchera una reflexión que pone de manifiesto la ventaja de imbricar ambos quehaceres: el encuentro de lo suave de la poesía y la literatura con lo duro de las ciencias y sus conocimientos es una semilla para hacernos del pensamiento crítico.
Autor de “Un diccionario sin palabras y tres historias clínicas”, una obra de ensayos, aborda desde su parcela científica la riqueza que la literatura puede dar al lenguaje de la ciencia y también la herramienta que son las letras para poder dejar expresarse a la ciencia. Hace un voto por bajarle dos rayitas a la pretendida superioridad que tienen las ciencias sobre las artes, aclarando que el camino de ambas tiende al mismo destino por diferentes caminos: llegar a la verdad.

Cosa que también hace la ciencia ficción postulando escenarios plausibles que cuestionan nuestro presente por medio de mundos ya utópicos, ya distópicos que nos dejarán reflexionar en nuestro comportamiento y tratar de llegar a la verdad de si estamos haciendo lo correcto o no.

Por su parte el escritor Alberto Chimal, quien por cierto reniega del mal nombre dado al género en español “ciencia ficción”, debido a una temprana y mala traducción del término inglés que debería ser correctamente traducido como “narrativa científica”. Lo siento, llegamos un poco tarde al bautizo y al reparto de etiquetas.  Chimal plantea que el género es una herramienta para (otra de esas cosas que suele hacer la “narrativa científica”) no sólo especular sobre el futuro sino también evaluar nuestro presente.

Como estoy escribiendo de memoria y no quiero poner en boca de algún conferencista lo que dijo otro, trataré de resaltar lo que las neuronas acumularon, entre ello las obras que mencionaron del género como ejemplo de esas otras cosas que hace la ciencia ficción, perdón, Chimal.

De Siete Evas de Neal Stephenson nos encaran a la idea de que en un mundo habitado sólo por mujeres que no necesitan “onvres” para nada, nada, dije, sería conveniente traerlos de nuevo a instalar su heteropatriarcado o, así sin ellos la humanidad estaría mucho mejor. No hay género literario que dentro de su estética pueda plantearse una cuestión así de cruda. Punto para la ciencia ficción.

La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Leguin, un relato muy sabroso donde, como en la incluyente CDMX, tienes la libertad de elegir tu sexo como mejor te plazca y nadie te dice nada. La idea de una sociedad así, insisto, no podría ser planteada en el universo de Sherlock Holmes o Madam Bovary o Rosario Tijeras.

1984 de Gorge Orwell nos pone de manifiesto algo que en su momento podría considerarse futurista pero al día de hoy es tan presente como Donald Trump.

¿Qué cositas hace la ciencia ficción? Presentarte ideas que por medio de la ciencia pueden ser plausibles. Cuestionarte y ponerte a reflexionar acerca de la naturaleza humana, lo sé, lo sé, eso hace el resto de la literatura y otras artes, pero… en base al uso de la tecnología que no es otra cosa que la ciencia aplicada. Acuérdate de Black Mirror. Predecir mundos bueno o no tan buenos; escenarios que ejercitan nuestra imaginación. Y la diseminación de ideas y hechos científicos en una narrativa que otros géneros ni en sus sueños más húmedos podrían hacer. Y si lo hicieren se convertirían en… ¡Bingo! En Ciencia ficción.

En la sección de preguntas y respuestas saltaron temas como “la dilución de la calidad literaria” por la facilidad de publicar en línea cualquier cosa (como una revista de ciencia ficción, fantasía, poesía y terror llamada el Ojo de Uk) idea que algún panelista y alguien del público rechazaron de facto.  Otra: la posibilidad de la inclusión del uso de la topología matemática como forma estética para algún relato del género. La imposibilidad de la divulgación científica sin las herramientas literarias.

El evento todo un éxito por la riqueza expresada por los integrantes de la mesa.

Esperemos tenerles más noticias al respecto.

Hasta aquí mi reporte, Ukín.

Samuel Carvajal Rangel

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