Naturaleza Humana

I

 “Las Tres Leyes de la Robótica.

1.- Un robot no puede dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2.- Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera ley.
3.- Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda leyes.”

Manual de Robótica, 60ª. Edición, año 2100.

 Isaac Asimov.
“Yo robot” (1950)
 

II

 ─ ¿Tiene alguna idea de porqué ha bajado el rendimiento del reactor T-r4? ─preguntó, frunciendo el entrecejo, Oscar Morales Oswork, director general de la A. Robots. Miraba con desaprobación al sujeto frente a él.
─ Aún no tengo una respuesta concreta ─comenzó Carlos Calvin, encargado del reactor T-r4─, pero mis mejores hombres y yo en una reunión que tuvimos ayer, formulamos una hipótesis: puede que sea todavía una explicación sencilla, pero de cualquier modo, ya hemos programado el envío de un cron para que analice lo que está sucediendo en T-r4.
─ ¿Cuál es la hipótesis que han formulado hasta ahora? ─Oscar no se mostró interesado por los planes de Carlos y sus hombres; él simplemente quería una respuesta.
─Le repito, aún es muy simple…
─ ¡Dígalo!

Oscar Morales era un hombre muy estricto, nada sorprendente para quienes lo conocían pues era un veterano de la ya olvidada guerra positrónica. Nadie era capaz de mostrarse seguro en frente de este hombre, una sola mirada de sus fríos ojos escarlata (el color de sus ojos se debía a la exposición de la radiación causada por la explosión de un cerebro positrónico durante la ya mencionada guerra); Carlos no era la excepción y comenzó a hablar despacio y un poco titubeante.

─ Ambos estamos de acuerdo en que los modelos H-6NO  son hasta ahora los robots más perfectos que se pudieron haber creado.
─ Sí, sí. Eso lo sé perfectamente, por favor valla al grano.
─ Este tipo de robots están diseñados para replicarse a sí mismos por medio de la reproducción. Tenemos registradas aproximadamente diez generaciones, y en cada una de ellas se han presentado cambios en su comportamiento, nada de qué preocuparse, siguen realizando sus debidas actividades…
─ Eso no me dice nada. ¡Yo quiero saber porqué está bajando el rendimiento del reactor!

Carlos comenzó a titubear; no soportaba tener fijos en él esos ojos escarlata.
─ ¿Lo sabe? ─ Oscar estaba furioso.
─ Ah… Sí ─hizo una pausa para tranquilizar sus nervios─. Los modelos H-6NO están diseñados para estudiar los elementos que se encuentran en su entorno, esto con la finalidad de que los utilicen como es debido para dar energía al reactor. Su cerebro tiene un extraordinario parecido al de un ser humano. Quizá… ─dudó por unos segundos ─ adquirieron conocimientos que no benefician en nada al reactor, y estos conocimientos se están pasando de generación en generación…
─ ¿Quizá? ─preguntó Oscar profiriendo un suspiro─. No parece seguro de lo que me está diciendo. ¿Hace cuánto tiempo no inspeccionan el reactor?

Oscar acababa de hacer la pregunta que Carlos temía. Se puso aun más nervioso de lo que nunca había estado en sus veinticinco años de vida.

─ Dos años… ─le costó mucho pronunciar esta sencilla frase.
Oscar suspiró con desesperación. ─Lárguese de aquí.
─ Señor…
─ No quiero nada de drones, quiero que usted y sus mejores hombres se preparen para partir ahora mismo a T-r4; van a analizar y resolver el problema… de lo contrario está usted despedido, ¿me entiende?

Carlos asintió con la cabeza y salió dando zancadas de la principal sala de juntas de la American Robots.

III

T-r4 se encontraba cerca de la Nebulosa de Orión, aproximadamente a veinticuatro años luz de distancia. Carlos viajó junto con sus mejores hombres: Stephen Shelley, Ignacio Cáceres y Ray Meyer; los tres eran de los mejores ingenieros que había en la A. Robots, expertos en matemáticas y cada uno con un diplomado en el estudio y análisis de los cerebros positrónicos.

El viaje duró un año doce días.

Antes de aterrizar directamente en la superficie de T-r4, los hombres decidieron que observarían durante un día entero el comportamiento de los robots y ver si podían encontrar una anomalía; Shelley colocó la nave en modo de camuflaje (prácticamente la nave se volvía invisible para que los espectros visibles de los robots fueran incapaces de verlos) y la detuvo, flotando a cinco mil kilómetros de la superficie. El tiempo que los matemáticos habían pactado para observar, no se cumplió ni en un uno por ciento, ya que en el primer segundo que los ojos de Carlos se fijaron en T-r4, se percataron de algo aterrados; en el centro del único continente del reactor (el reactor era una especie de réplica de la tierra con un solo continente al que llamaron Pangea) había una gran máquina parecida a una gigantesca podadora eléctrica. A su alrededor la gran mayoría de los robots estaba trabajando, pero no en las actividades para las cuales habían sido programados (al menos los primeros modelos H-6NO) si no que daban mantenimiento a la gran estructura metálica que se levantaba frente a ellos. A la derecha de la máquina había una barrera de metal que partía el continente; del otro lado de la barrera había más robots, estos sí se dedicaban a obedecer sus programaciones.

─ Qué… ¡Por dios!

Dios; hacía ya cientos de años que esta expresión no era utilizada.

Carlos se apresuró a traspasar las imágenes que veía en la pantalla individual a una gran pantalla que emergió del techo de la nave para que sus tres hombres pidieran observar lo que le había causado tal impresión. Los cuatro tripulantes de la nave quedaron atónitos.

─ ¿Qué carajo están haciendo? ─preguntó Ray; su rostro se había puesto blanco. Estaba asustado.
─ No lo sé, pero tenemos que averiguarlo; así como también tenemos que averiguar de dónde salió esa máquina ─volvió la mirada a Shelley y con la mejor voz de mando que pudo hacer ordenó─. Desciende un poco más, desde aquí no logro ver bien.

Shelley lo hizo. Simultáneamente, las bocas de los cuatro ingenieros formaron una O y sus ojos se abrieron como platos; la cima de la máquina tenía una especie de trono en el cual uno de aquellos robots yacía, simplemente sentado sin realizar un solo movimiento, observando trabajar a los otros.

IV

Los robots H-6NO eran hasta ese momento los robots más perfectos que se pudieron haber creado desde que la U.S. Robots and Mechanical Men y Consolidated se unieron para formar la A. Robots (American Robots). Los modelos AD-6N (Llamado Adán) y EV-A3 (Eva) fueron el inicio de este gran proyecto; Adán y Eva fueron los primeros robots humanoides que se crearon, eran réplicas exactas, ya que habían sido construidos sobre cuerpos humanos verdaderos. Estos robots tenían la capacidad de reproducirse por medio del apareamiento y procrear a otros robots con sus mismas características. Así nacieron los H-6NO. Para evitar una sobrepoblación en Pangea, programaron a los robots para que en determinado momento, estos perecieran.

V

Quien estaba en la cima de aquella estructura gigantesca era Adán.
─ ¿Ese de ahí es AD-6N? ─preguntó Carlos con perplejidad.
─ Sí… pero ¿cómo es posible? Él debió haber muerto hace más de cinco generaciones.
─ No lo sé ─empezó Carlos mirando con mucha atención a los robots─, pero por ahora debemos enfocarnos en hacer que vuelvan a sus actividades. Vean ese grupo de allá ─señaló a un grupo de cuatro H-6NO que habían dejado de hacer lo que sus programaciones les decía y se dirigieron al extremo de aquel muro donde había una especie de puerta, y cruzaron del otro lado─, cada vez son más los que dejan de trabajar para el reactor.

En el momento en el que los cuatro robots cruzaron la puerta metálica, Adán se puso de pie y con sólo el movimientos de sus manos los dirigió. Sin un sólo titubeo se pusieron a trabajar.

VI

Tres hombres salieron de la nave en la cual había viajado durante un año para realizar un trabajo que bien pudo haber hecho un dron. Equipados con trajes espaciales (a pesar de la alta tecnología que había en esa época, los trajes espaciales seguían siendo iguales a los que se utilizaban hace más de cien años, con algunas pocas diferencias de comodidad y flexibilidad), Carlos, Ray e Ignacio se abrieron paso por entre algunas rocas (mucho más grandes que ellos mismos) hasta posicionarse detrás de los robots que parecían trabajar hipnotizados en aquella extraña máquina. Ignacio llevaba consigo una especie de rueda, que en realidad era una plataforma magnética. Cuando estuvieron a una buena distancia, según consideraron ellos, subieron a la plataforma y en menos de un segundo ya se encontraban a más de cuatro metros del suelo.

─ ¿Qué hacen? ─vociferó Carlos.

En ese momento el ejército de robots se volvió al unísono, Adán dejó de dirigir al grupo que hacía poco se había unido y miró a los tres extraños que parecían flotar sobre una placa metálica.

─ ¿Qué están haciendo? ─volvió a decir Carlos con más calma y bajando el tono de voz.

Ninguno respondió.

─ Háganse a un lado.

La plataforma comenzó a moverse en dirección a la máquina, todos los robots obedecieron. Adán se apresuró a hacer ademanes con las manos; Ignacio interpretó de inmediato que estaba ordenando a los robots que atacasen. Las máquinas, una vez más en una sincronía increíble, inclinaron sus piernas y se lanzaron contra la plataforma. Se detuvieron. Ignacio sonrió. Al menos las leyes permanecen en ellos. Pensó. Llegaron hasta Adán, hicieron que la plataforma los elevara a la altura de este.

─ ¿Qué estás haciendo? ─el rostro de Ignacio estaba pálido y parecía temblar dentro de su traje─. ¡Responde! ─gritó al ver que era ignorado.
─ Aguarda, eso no te va servir de nada. Estos modelos no fueron equipados con la capacidad de hablar; su propósito sólo es hacer funcionar el reactor ─era Carlos quien hablaba.

Ignacio suspiró fastidiado ─ ¿Qué hacemos entonces?
─ Pero, sí pueden recibir órdenes ¿no? ─se integró Kay.
─ Sí…
─ Entonces ya tenemos todo resuelto; sólo hay que darles la orden de volver a sus actividades. Que desarmen esta cosa y tiren el muro.

Kay se volvió para colocarse frente a los robots y usando el tono de voz más alto que tenía ordenó que se detuvieran.

─Escúcheme, quiero que en este mismo instante derrumben ese muro.

Las maquinas miraron al humano que hablaba y se volvieron hacía el muro cuando este se los señaló. En ese mismo instante Adán levantó la mano izquierda con la palma hacía el frente, los robots se volviera hacía él y ahí se quedaron inmóviles.

─ ¡No! ─se quejó ─. ¡Derriben ese maldito muro!

Adán permanecía con la mano levantada y dando órdenes por medio de la telepatía. El silencio que reinada en aquel reactor se rompió cuando algunos robots comenzaron a hacer ruidos extraños; en seguida de sus cabezas comenzó a emerger humo. Estaba haciendo corto circuito.

─ ¿Qué… mierda?
─ Ojalá fuera así de sencillo ─contestó Carlos con desánimo.
─ ¿A qué te refieres?
─ ¿Por qué están obedeciendo a Adán? ─comenzó calmadamente el encargado del reactor T-r4─. Para lograr hacer funcionar este reactor, sólo se requiere de dos actividades que los robots deben realizar, Eva era la encargada de una de ellas y Adán de la otra; esto quiere decir que las hembras, por así decirlo, heredan las actividades de Eva y los machos las de Adán. Sólo en caso de ser necesario pueden recibir órdenes, exclusivamente, de un ser humano ─calló por unos cuantos segundos para reflexionar─. Adán debió haber muerto hace más de cinco generaciones, por lo que no debería tener la capacidad de dar órdenes a los otros. Les vuelvo a preguntar ¿Por qué están obedeciendo a Adán?

Ignacio y Kay se miraron confundidos.

─ No comprendo ─dijo Kay.
─ Creo que yo sí ─terció Ignacio ─. Adán y Eva fueron construidos sobre auténticos cuerpos humanos pero modificados con piezas de metal para darles mucha más resistencia, la idea inicial era que sus crías fueran exactamente iguales a ellos; pero mirándolos bien te puedes dar cuenta de que están hechos de metal, sólo heredaron un recubrimiento de piel que los hace parecer humanos, ni siquiera su rostro deja de parecerse al de un robot común y corriente. Por lo tanto, Adán, teniendo más características humanas, para ellos es un ser humano, y lo tienen que obedecer.
─ Exacto ─asintió Carlos─. La segunda ley les dice que tienen que obedecer las órdenes de un ser humano.
─ ¿Y por qué no obedecieron cuando nosotros les dimos la orden de tumbar el muro y volver a sus actividades? ─Ignacio sonaba nervioso─ ¿Es que acaso no somos humanos para ellos?
─ No es eso, pero, de alguna forma esa máquina debe de beneficiar a Adán, por lo que si nos obedecen a nosotros estarían infringiendo con la primera ley.
─ ”Un robot no puede dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño” ─citó Kay.
─ Sí ─continuó Carlos─. Cuando Adán levantó la mano, dándoles la orden de no obedecernos, su cerebro cayó en una especie de dilema; si nos obedecen a nosotros estarían dañando a Adán, por otro lado si obedecen a Adán, nos harían daño a nosotros, por eso es que algunos hicieron corto circuito.
─ ¿Y si le ordenamos a Adán que ordene a los robots lo que queremos, creen que funcione?
─ No lo sé, me parece algo muy simple como para ser la solución. Inténtalo.
─ ¡Hey! Adán ─la voz de Kay aún tenía un toque de nerviosismo.

Adán se acercó todo lo que pudo hasta ellos y los miró con sus casi humanos ojos.

─ Diles a esos robots que se detengan y que tumben ese maldito muro inmediatamente.

Adán negó con la cabeza.

─ ¿Qué? Mierda, tú también eres un maldito robot, me tienes que obedecer. La segunda maldita ley en tu programación te dice que lo hagas ─Kay habría golpeado la cabeza de Adán repetidas veces con el dedo, de no ser porque entre ellos y el robot había medio metro de vacío.
─ Kay, regresemos a la nave y discutamos con más tranquilidad lo que aquí está sucediendo. Te estás poniendo nervioso.

Carlos ordenó a la plataforma que regresase a la nave, esta de inmediato se empezó a abrir paso entre los robots, y una vez en el lugar del que habían partido hace algunos momentos, descendió hasta el suelo.

VII

─ ¡Muy buen trabajo, chicos! ─exclamó Stephen con una gran sonrisa en el rostro.
─ ¿De qué estás hablando? ─pregunto Kay fastidiado.
─ Lograron resolver el problema, el reactor ya está funcionando correctamente, incluso está generando el doble de energía de lo habitual.
─ ¿Qué? ─Carlos se apresuró a mirar el monitor donde se mostraba el registro de energía proveniente del reactor─ ¿Tienes modo de saber de dónde proviene esa energía?
─ Sí ─Stephen se apresuró a abrir un mapa de Pangea.

En el centro de aquel gran continente había un gran punto de color verde que parpadeaba lentamente.

─ Ahí, donde el punto verde marca, es el origen de toda esa energía. ¿Qué demonios hicieron?

Carlos se echó a reír a carcajadas. Stephen lo miró confundido y volviéndose a sus compañeros pregunto ─ ¿Qué le pasa?
─ ¡Oh! Por eso Adán no nos quería obedecer, la máquina provee de energía al generador, que al mismo tiempo nos da a nosotros energía en la Tierra.
─ Si lo hacía estaría rompiendo la segunda ley ─Kay sonrió─. Esos malditos robots encontraron el modo de crear una máquina que hiciera el trabajo por ellos.
─ Sí que son idénticos a un ser humano ─Carlos no dejaba de reírse.

Volvieron a la Tierra.

Sobre el Autor: Omar Torres Díaz (Ciudad de México, 1998) –  Su gusto por la lectura comenzó a la edad de 7 años, por curiosidad, ya que su madre siempre llevaba un libro consigo. Comenzó a escribir a la edad de 17 años y hasta la fecha ha escrito nueve cuentos y una novela. Su más grande meta en la vida es llegar al área de Recursos Humanos en alguna empresa y si así se le permite, crearse una carrera en la literatura.

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