Gabriel

La respiración agitada, una gota de sudor y un escalofrío.

Abre los ojos despacio, ¿sólo ha sido una pesadilla? Las manos temblorosas buscan el interruptor desesperadamente. La necesidad de luz, el miedo a la oscuridad… el miedo a la luz.
Sus peores temores se hacen realidad cuando va descubriendo la habitación.
En una esquina se encuentra Gabriel con la mirada clavada en el cuerpo sin vida de la señora Ramírez, en las pequeñas manos de aquel todavía está la navaja que se encontraron en la calle, llena de sangre y en su rostro una mueca quiere ser una sonrisa. La faz de un monstruo de poco más de once años.
Desesperación. Arrodillada con la cara apoyada en el suelo, los ojos mirándolo fijamente mientras las manos en el cuello dan fe del intento desesperado de agarrar una vida que se marchaba navegando en un río de sangre roja. La boca intenta lanzar un grito que ya nunca llegará.

De repente una sonora carcajada hace que le dé un vuelco el corazón. Gabriel ríe de manera escandalosa.
—¡¿Lo viste?! —grita mientras la señala con la navaja— ¿Lo viste? ¡La hija de puta como sangraba!
La habitación empieza a dar vueltas otra vez; no, esta vez se obliga a mantenerse consciente. Gabriel se pone en pie entre sonoras carcajadas y lanza tremenda patada contra las posaderas de la señora Ramírez dejándola en una postura antinatural que resulta perturbadora.
— ¿Pe… pero qué has hecho? —consigue balbucear.
Gabriel deja de reír y le dedica una mirada traviesa —¿Quien?¿Yo?
Los ojos de Juan se abren de par en par cuando la navaja se abre paso en su estómago, la habitación vuelve a dar vueltas y esta vez no puede evitar entrar en la oscuridad.
— Tranquilo, Gabriel —la voz del inspector de policía suena suave y tranquila—. Por lo que me cuentas, Juan se volvió loco, mató a la señora Ramírez e intentó matarte a ti, y fue entonces que en el forcejeo le clavaste la navaja en el estomago. ¿Es esto correcto?
Gabriel no puede dejar de temblar y entre sollozos consigue mover afirmativamente la cabeza.
— Bien pues, no necesito nada más. Llevadlo a comer algo —un agente se acerca y abrazándolo suavemente lo conduce fuera de la habitación. Antes de salir dirige una última mirada a su buen amigo, ningún sentimiento, una sonrisa fugaz.

“El próximo será más elaborado. Quiero disfrutarlo más.” piensa.

}

 

David Roldán Naspred

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