El cumpleaños

Aquella mañana de invierno era especial para Eduardo, había esperado con ansias la presente fecha pues era el cumpleaños de su único hijo, Alberto. A pesar de haber realizado la misma rutina esa mañana: bañarse, rasurarse, arreglase para ir a trabajar y darle el beso de despedida a su esposa, en todo momento estuvo pensando en que ya sabía cual era el regalo idóneo para su pequeño, de quien se despidió con un beso en la frente.

Si bien transcurrió algo activa la mañana en la oficina, ya que era fin de mes, miraba las horas pasar demasiado lento, por lo que aguardar el descanso de las dos de la tarde se hizo eterno. Una vez llegado el momento se retiró ilusionado por saber que el regalo le encantaría a su hijo, y recorriendo de un extremo a otro la ciudad, llegó al punto acordado para la entrega del artefacto que tanto anhelaba para su pequeño.

Una vez efectuada la compra abrió la caja donde estaba guardado el minúsculo artilugio, al observar aquella dodecaédrica roca, no mayor a un melón, recordó el obsequio del año anterior, aunque las marcas de cada sección eran muy diferentes, de hecho, al analizarlo a detalle, se dio cuenta que sólo la forma y dimensiones eran iguales. Volvió a meterlo en el recipiente, se retiró del sitio y fue a comer un par de hot-dogs con salchicha alemana que tanto disfrutaba, regresó a la oficina y terminó los pendientes que tenía para esa tarde.

Al salir, a manera de rutina, caminó por el parque viendo el atardecer frente a él, preguntándose insistentemente si en verdad era buena idea el regalo, pero el amor que sentía por su pequeño, y su familia en general, aminoraron el pesar.

Rumbo a casa, ya más animado, pasó a comprar el pastel y los detalles para la fiesta. Una vez que llegó a su hogar, preparó todo en la mesa y hubo una gran cena con confeti y espanta-suegras inundando el lugar, corrieron los gratos recuerdos que en familia habían pasado, risas y sin duda, el momento de abrir el presente.

Previo a la apertura, Eduardo derramó una lágrima y le dijo “te amo” a Alberto, después volteó y le dijo lo mismo a Karina, su esposa. Hecho esto, abrió el obsequio frente a todos, era la segunda pieza de tres rocas de una remota parte de Asia, maquilada y construida a la medida, por solicitud expresa a un culto antiguo, necesarias para efectuar el tan ansiado ritual, habló con desesperación: “un año más, sólo un año más y todo estará bien”, se tranquilizó y secó sus lágrimas.

Al final de la velada, en silencio hizo limpieza en el comedor, llevó a su esposa e hijo al sótano, los guardó en sus respectivos féretros y los despidió con amplia sonrisa. Ya en su cuarto, vio la foto que tenía en su buró, justo encima del recorte con la noticia del terrible accidente donde habían perdido la vida hacia tres años ya.

Al contemplarlos de forma melancólica, recordó con obsesivo detalle las consecuencias del impacto en cada parte del cuerpo de su esposa. Primero, su cráneo partido a la mitad en forma transversal, un ojo había sido destrozado por completo, aquel muñón en el brazo izquierdo, hasta donde alguna vez hubo un codo, sus costillas incrustadas hacia dentro dejando ver un pecho completamente oprimido, su corazón estallado, las piernas deshechas apenas debajo de las rodillas. Cambió la mirada en la imagen hacia su hijo, su sol, recordando como al verlo en la morgue no entendía porque sus piernas estaban acomodadas a un costado de su tronco, preguntando de forma caótica al doctor donde estaba su estómago y por qué no veía su ombligo.

Después de meditar un rato, dejó la foto en su lugar, apagó la lámpara, cerró los ojos y antes de quedar dormido pensó: “el próximo año finalmente estaremos juntos, utilizaré el ritual para revivirlos con el permiso de aquel que vigila del otro lado del abismo”.

Sobre el Autor: Miguel Angel Borjas Polanco (Tampico, Tamps. 1976) Licenciado en Contaduría (IEST-98), Ingeniero Industrial de Mantenimiento (IT-2016) y Master en Administración (ITESM-2002), escribe cuentos cortos y poesía desde los 16 años como una forma de expresión personal, de igual forma, como manifestación del desarrollo creativo que la lectura ha motivado en su vida.

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