“La Cinosura” – Femineidad y Máquina de Kit Reed

Este artículo no se concentrará en la biografía de la autora norteamericana Kit Reed, sino que retomará elementos de culturales y femeninos de su relato “La Cinosura” (1964) en la cual se aplicarán teorías, en su mayoría feministas, a la par de otros estudios culturales: que sirven como un marco de partida para englobar los elementos que a su vez se han ido caracterizando dentro de la ciencia ficción en literatura de los sesentas.

Cabe aclarar que también se toma en cuenta el movimiento que hubo del género literario naciente, ya que volvía a tener su impulso gracias a las revistas literarias. Tomando en cuenta lo anterior, hay que notar que esta historia se dio a conocer primero en la revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction en el año de 1964, y que llegó a México través de la Selección número 13, del Libro Amigo 289, Editorial Bruguera, cuya primera edición en español se dio hasta noviembre de 1974, con diez años exactos de diferencia.

Se toma a Kit Reed de referencia, debido a ser un punto en el que hay que tomar en cuenta su circunstancia histórica, esa que se encuentra dentro de la literatura femenina que resurgía paulatinamente, en un campo mayoritariamente masculino, lo cual no quiere decir que se le haya relegado o no se le haya dado la difusión correcta, ya que hasta la fecha, la autora es exitosa y vive de sus historias, además de dedicarse a enseñar literatura en ciertas universidades de Estados Unidos  (en la actualidad se encuentra en la de San Diego) y con esto hay que tomar en cuenta la siguiente afirmación: “Recordar que el campo intelectual como sistema autónomo o que pretende la autonomía es el producto de un proceso histórico de autonomización y de diferenciación interna, es legitimar la autonomización” (p. 250).

Es Bourdieu quien da el antecedente que se estaba gestando en otros lados y que intelectuales de esa época no tomaban en cuenta por ser de un género que se consideraba (y en algunos estratos en México todavía se considera) menor, y por esto mismo es de llamar la atención como se fueron gestando las expresiones literarias femeninas, y tomando como forma de expresión la etiqueta de la ciencia ficción, y esto dentro de los lugares menos sospechados, como es el caso de este relato.

“La Cinosura” es el texto que representa esa realidad a la que las mujeres estaban impuestas en la época a la posguerra, un tiempo en donde prevalecen los pinups de mujeres despampanantes y coquetas, calendarios hechos con la figura femenina como si esta formara parte de una perfección inamovible, de promocionales y de manuales para que la mujer fuese la perfecta señorita, y con esto a su vez se convirtiese en un objeto de uso, y no en un sujeto de pensamiento. En cuestión cultural, la perfección de la imagen femenina era una imposición social implícita, pues todavía se hallaba constituida en un modelo, aunque poco a poco se rompía la relación de la mujer como objeto decorativo. Un mundo que, al formar parte de quiebres, mostraba las formas y estilos de vida que recién se daban a conocer en aquella época que exigía la liberación femenina.

Con estos antecedentes, debemos dejar en claro que la mujer siempre tuvo la tendencia a ser objeto y sujeto de estudio debido a que a través de ella se ha construido una imagen social que ha prevalecido durante mucho tiempo, de esta manera se le ha impuesto un canon que ha continuado en su propio cuerpo, como si el trabajo al cual tratase de entrar únicamente fuese la labor hogareña. En el caso de Kit Reed este canon que imperaba era el de la perfección unificada a la tecnología que se masificaba en esos momentos. Así, las lavadoras, aspiradoras, los hornos, los lavavajillas, las batidoras y las licuadoras se hacían parte de hogares nuevos cuyo progreso social era evidente.

En el caso del Estados Unidos de la posguerra, que anteriormente se mencionó, la mujer representó al objeto convirtiéndose en sujeto de sí misma, y la crítica se iba dando e iba resurgiendo la voz femenina, pues a la par de que Helen Cixous reiteraba su opinión sobre la mujer y el liberarse a través del cuerpo, Kit Reed ya lo demostraba a través de un personaje, como un ser de quiebre al final del cuento logra cierta liberación, demostrando un hartazgo de la imagen que le fue impuesta, y claro está que la autora logró esto mediante cuestiones literarias, criticas que se dieron desde la creatividad.

En este ensayo se irá desarrollando la parte teórica que implican las propuestas que da Helene Cixous desde su perspectiva analíticoliteraria, y cómo es que Kit Reed da esta propuesta crítica como autora. Hay antecedentes especializados, este ensayo formó parte de un trabajo final escrito para la materia de Seminario de Crítica Literaria, mismo que se impartió entre febrero y junio del 2012 en la licenciatura de Letras Mexicanas, “La Cinosura”se puede leer en el siguiente enlace: http://laturka.webcindario.com/cinosura.htm

En el caso del personaje principal dentro del relato de “La cinosura”, la fragmentación va a sus límites: resulta que Norma ha salido de un divorcio, y acaba de emigrar a un vecindario nuevo, que podemos imaginar como un suburbio de perfección; así llega a una “nueva casa”, casi exactamente igual a todas las demás de la manzana, sólo que pintada de rosa, y con mobiliario de la misma forma y estilo que los que había en las otras salas de estar. De esta manera, puesta en este contexto, hecho para la perfección, digna de una portada de revista, el conjunto familiar de la hija, el perro y el gato se mueven bajo la ausencia de una figura masculina que juzgue o que dicte lo que hay que hacer. Reed es exacta y sin escrúpulos al describirlo:

“Había sido ama de casa durante años. Fregaba y cocinaba e iba al mercado y compraba todos los nuevos aparatos que anunciaban. Precisamente ahora estaba un poco susceptible a propósito de eso porque, a pesar de lo limpia que era, su marido acababa de dejarla, y ni siquiera había otra a quien culpar. En adelante, tendría que ser extremadamente cuidadosa con ella misma, […] ella lo sabía porque había ido a dar una vuelta en una noche obscura y se había fijado. Pero, a la vez, ella y Polly Ann no tenían un papá que llegase a casa a las cinco, como ocurría en las otras casas; […] aun cuando habían centrado su mejor lámpara detrás de la ventana y la cocina era palmo a palmo tan bonita como el folleto decía, la falta de un papi que sacara la basura y cultivara el jardín los sábados y domingos, como todo el mundo, ponía a Norma en desventaja.

Norma sabía, mejor que nadie en la manzana, que una casa seguía siendo una casa aunque no hubiera un padre, y las cosas podían ir incluso mejor, a la larga sin todas esas colillas y esos pijamas sucios que recoger. Pero ella era, en cierto modo, un pionero, porque, por el momento, era la primera en el bloque para demostrarlo.”

He ahí que al ser la pionera tenía una gran libertad y una gran responsabilidad que le pesaba, pues ya estaba demostrando una libertad sin la figura patriarcal, primero al ser madre soltera, después al querer convencer a las otras, las que juzgan y no se mueven, prefiriendo un circulo de confort; las que se han metido en el aparato que el hombre les ha impuesto, mujeres machistas que quedan representadas en el personaje de Clarice Brainerd, la vecina que siempre ha vivido en el lugar a donde Norma había llegado: Clarice debe hacer sus visitas diarias para recomendar productos de limpieza, y dar algunos consejos para mejorar la casa en donde vive Norma, misma que lo hace como si se tratara del pago por un favor, y no porque sienta estima por la recién llegada, quien le da a entender a Clarice que desde un principio es como un fracaso en el proyecto de “mujer”.

Y es que considerando que el tiempo dentro del relato, pareciera convivir con el tiempo del contexto histórico (el año 1964) y Reed ubica al personaje en otra época al ponerle un aparto que le arreglará la vida (como tantos productos milagro existentes en el mercado)

“Y mientras él asume—bien que mal—el riesgo y la responsabilidad de ser una parte, un agente, de una escena pública en la que tienen lugar las transformaciones, ella representa la indiferencia la resistencia de ese tiempo activo, ella es el principio de constancia, siempre de una determinada manera la misma, cotidiana y eterna” –  p. 522 Cisoux, p. 522

Bajo estos precedentes redescubiertos por Cixous, en “La Cinosura” está esa determinación y constancia del agradar y del darle la razón a la limpieza y al orden, bajo la cual, dentro del relato, se ofrece la solución en base a un producto milagro, cómo en todo buen relato que cae en la Ciencia Ficción de crítica social (sin adentrarse tanto en la ciencia dura que ofrece el género anglosajón). De esta forma Kit Reed hace una revisión al papel que a su propio género le enmendaban durante aquella época.

“Norma sacó su mejor servicio de California —el juego del dibujo con gallos— y durante cinco minutos, ella y la señora Brainerd estuvieron relamidamente sentadas en la sala. Las cortinas de organdí se ondularon, las ventanas y marquetería brillaron; por un momento, Norma casi se imaginó que ella y la señora Brainerd estaban siendo fotografiadas para el anuncio de algún producto en su living-room, y que la foto, a todo color, aparecería en el próximo número de su revista preferida”

Cualquier intento de desorden, de soltarse un poco, de dejar fluir, daba como resultado la angustia, que quizá hoy en día no parezca importante, no hay la presión que existía de mantener la limpieza cuando se tiene de antemano el desastre, pero el desastre también representa la vida (que son los hijos y las mascotas) pero en la circunstancia histórica planteada por Kit Reed, esto sí era algo importante, a tal grado que el personaje muestra su angustia al ser esclava de la perfección más adelante:

“Migas, pelos, hilos, polvo, todo parecía converger sobre Norma, sumiéndola en un remolino y haciéndola girar, acorralándola, hundiéndola en la más negra desesperación. Se arrellanó en el sofá, demasiado anonadada para poder llorar; y entonces, al mirar al suelo, vio una revista que resaltaba sobre la alfombra y las cosas comenzaron a cambiar.”

Después de la decepción, Norma se esfuerza por seguir mejorando y controlando el caos, restableciendo el orden porque así se lo indican factores ajenos a ella, como ya hemos mencionado en las visitas de Bainerd. Y cuando el desorden parece volverse un problema incontrolable, que implica una inconsolable melancolía por la condición inalcanzable del perfeccionismo anteriormente mencionado, la magia de Kit Reed hace que Norma, personaje desesperado, vea una pronta solución a sus problemas de hogar.

“Acabe con las penalidades domésticas —decía el anuncio—. Su casa puede convertirse en la Cinosura del vecindario.» Norma no estaba segura sobre el significado de Cinosura, pero estaba la foto de una señora inmaculada y resplandeciente, sentada en medio de una sala de impecable limpieza, con una inmaculada cocina avistándose por la puerta del frente. Temblando de esperanza, cortó el cupón adjunto, advirtiendo sin inquietud que conseguir el producto o aparato, o lo que fuese, le costaría el resto de sus ahorros. Pero la satisfacción estaba garantizada y, si resultaba satisfecha, valía la pena el gasto de cada centavo.”

Conforme notamos la emoción de Norma, más nos ponemos de acuerdo con ella, y con visualizar una esperanza mágica que nos ayudará a arreglar el desorden. De acuerdo a la aclaración del traductor del cuento, la palabra “cinosura” no existe en español, sino en inglés, y proviene de la palabra cynosure, y cuyo sentido literal equivaldría a “el blanco de las miradas”. De este modo la “cinosura” fue la traducción que el autor le dio, a falta de una equivalencia, aun así, estas decisiones que se tomaron por parte de Bruguera, y que nos hicieron llegar de forma casi íntegra el espíritu liberador del texto. La mujer al ser estatua intocable e idealizada es tan sólo una modelo, un perchero, un maniquí sin vida ni respiración, inamovible e impoluto, y resultado de esto es que se hace inalcanzable: el producto de la búsqueda de un perfeccionismo agotador.

Esto sólo se podía lograr mediante la creación, la publicación y la difusión que se fue dando de forma paulatina “la necesidad intrínseca de la obra que necesita proseguirse, mejorarse, terminarse, y las restricciones sociales que orientan la obra desde fuera” (p. 251) tal es la propuesta que Cixous comparte con Reed, quienes no pudieron quedar más de acuerdo, una desde lo intelectual, y otra desde la creatividad literaria; un permiso que sólo se puede otorgar la ciencia ficción y que no muchos comprenden a primera lectura.

El desarrollo de este análisis fue sólo un acercamiento al relato. Viendo en retrospectiva, el aporte de Kit Reeed es importante, ya que en su oportunidad por mostrar la liberación de la mujer va de acuerdo al objetivo de hablar por el cuerpo con la actitud del personaje: Norma (quien anteriormente se consideraba partida a la mitad) logra liberarse a agradar a la otra en un paroxismo histérico, que podríamos interpretar como el orgasmo de la libertad, es decir soltarse a decir que somos seres humanos y no objetos para ser decorados. Así, cuando Norma logra conseguir la cinosura –que es un aparato de color lavanda que consta de botones y manijas, y bajo un mecanismo que no necesita explicación, detiene a los seres vivos, y los inmoviliza para que no hagan desorden y puedan quedar estáticos– podemos sobreentenderlo como una forma de prepararlos para alguna fotografía publicitaria.

Vamos notando la tendencia a donde nos quiere llevar Kit Reed, y es que también a lo largo del relato se nos cuenta que cada vez que Brainerd visita a Norma, ella siempre le prepara un pastel, reiterando que es sin grasa; pero los encuentros fortuitos nunca le permiten probarlo, esto es un guiño que se entenderá al final del relato. Ya dispuestos a esto, comprendemos la reacción final que se desencadena cuando Norma está a punto de encontrar su lugar y no lo consigue debido al detalle de un pastel que resultó ser lo que no era, debilitando así su paciencia y también rompiendo con un viejo modelo.

“—Lo siento —se lamentó la señora Brainerd, levantándose.

—¿Cómo ha dicho?

—Que lo siento —repitió la señora Brainerd con auténtico pesar—. Se trata de su pastel.

—¿Qué le pasa a mi pastel?

—Bueno, pues que tiene ese sabor a grasa —Usted… Yo… El pastel… El anuncio aseguraba… —Norma se había levantado y se movía mecánicamente—. El pastel es tan bueno, y mi casa es tan preciosa.

Ahora estaba entre la señora Brainerd y la puerta, interceptándole a aquélla el paso al hall.

—Lo siento —se excusó la señora Brainerd—. Me marcho. Y, ahora, si cierra la puerta de ese armario para que pueda pasar…

—¿Cerrar la puerta? —Los ojos de Norma estaban vidriosos—. No puedo. Tengo que sacar una cosa del estante.

—No importa —dijo la señora Brainerd—. Y no podré volver más. Nosotras, las señoras, estamos tan ocupadas, no tenemos tiempo…

—Tiempo —remedó Norma, sacando lo que quería del armario.

—Tiempo —repitió la señora Brainerd condescendiente—. ¡Ah!, quizá es mejor que no me llame Clarice.

—Bien, Clarice —dijo Norma; y entonces fue cuando le hizo recibir lo de la máquina lavanda.”

Si al adjudicarse estos adjetivos se ha condenado, entonces ¿Por qué no burlarse de ellos? Calificativos estereotípicos que se presentan a lo largo del relato y consiguen su rompimiento inmediato cuando no se logra la aprobación de la señora dueña del vecindario, a quien siempre trató de convencer de diversas formas de que su casa era perfecta, sin lograrlo, pese al aparato que detenía las cosas. Así se hace evidente que Clarice es quien se comporta como la exigente, la anticuada y cerrada a otro tipo de formas de expresión, la que detiene el andar natural de Norma como la mujer que se está liberando de la presencia masculina, logra utilizar el aparato en ella para que se pueda liberar de alguna forma.

“Primero apoyó a la señora Brainerd contra un rincón, donde pudiera estar incómoda. Luego movió la manivela en sentido contrario y devolvió a Polly Ann, «Puff» y «Ambrosio» a la movilidad.

Acto seguido, trajo su caja de costura y la basura de la cocina, y empezó a desparramar la porquería a los pies de la señora Brainerd; dejó a «Puff» llenar de pelos la tapicería, y envió a Polly Ann al patio de atrás en busca de un poco de barro. «Ambrosio», aliviado, lo hizo a los pies de la señora Brainerd.

—Contentísima porque pudieras venir, Clarice —concluyó Norma, satisfecha por la mirada de horror que mostraba la cara atrapada y helada de la señora Brainerd. Luego, volviéndose hacia el recargado delantal de Polly Ann, echó mano de un puñado de lodo.”

De esta forma concluye el relato, utilizando la cinosura (la máquina que antes detenía para evitar el movimiento) y que ahora detiene el movimiento represor del otro para que lo humano se pueda dar, el soltarse y ser como uno quiera ser, sin necesidad de estar forzado por completo.

En esto vemos que Editorial Bruguera llegó a tiempo, y que fue de las editoriales que comenzaron a fijarse en el movimiento de revistas de Ciencia Ficción en Estados Unidos, y siempre tomó en cuenta como se gestaba el movimiento, así el acercamiento del género a las personas se fue dando paulatinamente, dejando grandes generaciones de lectores ávidos por comprar nuevas historias, y pese a que la literatura ha sido impulsada por intelectuales que han establecido un catálogo de intocables junto con el resto de la literatura como algo menor, la ciencia ficción llegó a generaciones de lectores que fueron enfermos de la crisis, fumadores de ocio en las esquinas, aquellos que buscaban ávidos otro tipo de historias que representaran su presente, o que los sacara de ahí sin necesidad de abstraerlos por completo de la realidad que vivieron: el mundo que seguía en constante cambio, que había creado la división de hasta tres y cuatro mundos en uno sólo, y que llegó a este tipo de relatos, como una respuesta a la dinámica social que se iba dando.

Kit Reed vale el doble al representar la nueva era de literatura feminista y la nueva literatura dentro de la rama de la Soft Science Fiction, misma que se dio entre los hombres de Latinoamérica, aquellos que también la utilizaron, pero para criticar y enfrentar los sistemas de poder más fuertes y corruptos.

Sí quieren ver más sobre teoría literaria o saber de donde salió parte de la información para estos artículos, recurra a la siguiente bibliografía:

Traducción de M. D. García Borrón. María Teresa Segur Giralt, I. Roger.  en Ciencia Ficción Selección-13, Libro Amigo 289, Editorial Bruguera, 1974.

Textos de teorías y críticas literarias (del formalismo a los estudios poscoloniales) Universidad Autónoma Metropolitana, 2003

 Sobre la Autora: Laura Elena Sosa Cáceres – (Reynosa, Tamps. 1985) tomó el diplomado literario de la Sociedad General de Escritores de México, es licenciada en Letras Mexicanas por la UANL (2008-2013). Escribe como columnista invitada para periódico “El norte” y en su blog personal. Fue antologada en “Cuadrántidas” (poesía sci fi) y “Mundos remotos y cielos infinitos”, tiene cuatro libros de autora que son “Con los restos a aquellos añejos” y “Con los añejos a aquellos restos” (variación del mismo libro de relatos), “Amantes del plenilunio” por parte de POETAZOS y “Hemólisis” de creación independiente. “Bala daña da” es su último libro de relatos, por La Shula Cartonera.

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