Noticias del tercer mundo prohibido

La primera vez que lo vimos era tan pequeño pero lentamente se hizo un gusano gordo.

Nadie creyó que se tratase de ellos, arrastrados por la vanidad de los sesudos estetas. Estaban en las fojas, luego en las pantallas de tela infinita e historias cortadas. Tenían su mecanismo de supervivencia, a la hora de querer deshacerse de ellos se subían a la piel y escarbaban por los músculos hasta atrofiarte el sistema nervioso.
Muchos sospecharon de su formación, que quizá salieron a la par de los quemadores, azotadores que se arrastraban en los herbazales y se sacudían ante la primera corriente de viento; pero estos eran diferentes ya que primero parecían azotadores amarillos, luego subían a la cima de árboles, postes o edificios y estallaban, ahí era su siguiente fase para cambiar de cuerpo; parecido al gusano del maguey, este le permitía ser parásito de las  aves y mamíferos, pues en el vuelo o los trayectos expelían un olor a carne rostizada, eso siempre atrae a los hambrientos.

Hasta ahí todo parecería tranquilo excepto en las excreciones ya que seguían en su próxima fase de transformación, cuando salían todavía más gordos y con cuernos en forma de media luna, aquí ya tenían el tamaño de un gato. Se pegaban a los cuellos y pareciera que no incomodaban a nadie, hasta daban la impresión de reducirse en tamaño pero ese fue el error, en realidad se metían dentro del cuerpo, haciéndose pequeños sacos rojos y se dividían; el animal huésped moría de constipación, no excretar nada lo ahogaba y lo peor era cuando el gusano se abría un camino donde ya los esfínteres no sentían más.

En realidad hubo cierto alivio en saber que estos pequeños no se metían con seres humanos, o eso se pensó, hasta que uno de ellos entró por la axila de una niña flaca. Como sucede cuando hace calor, se suele levantar los brazos para refrescarse entonces el gusano, ahora sin olor detectable, aprovechaba esa debilidad y dejaba a los niños como hipnotizados y ausentes, sin control ni opción. Fue cuando dieron aviso en las escuelas para buscar cicatrices en las axilas.

No tardaron en pasarse a los adultos, y si ya de por sí parecían idos o hipnotizados el gusano doblegaba todavía más su voluntad, por lo tanto los desnudos en la calle se hicieron comunes, lo mismo que el amor libre. El método, como se mencionó antes, era insertarse en la piel, para esos eran sus cuernos, excavar.

Entonces llegaron los lingüistas y la cuestión era que no importaba cuantos gusanos tuvieran dentro, sí hablaban sobre análisis de la palabra o jugaban con ella, entonces venía la reacción del gusano por liberarse. Ellos veían salir esas porquerías de su piel como si se tratase de larvas. Morían al no tener alimento de ausencia mental y decidida, la captación nérvica de las preguntas “¿que?” y “¿por qué?” las hacían salir de su huésped humano, algunas no se desarrollaban y salían como costras secas, dejando un camino rojo amarillento.
Un caso particular fue el de la pareja Namiko Khan y Maluse Rex, pareja de estetas, ellos no se enteraron que estaban llenos de esos parásitos, hasta cuando se encontraron en una reunión de aspirantes a la vida y la muerte, sin pensarlo agarraron y frotaron sus manos con amor y ternura, los gusanos hervían bajo la piel, cambiando entre los cuerpos y con voces melódicas, entonando al mismo tiempo la canción cuya letra decía:

¿Quién fui yo?¿Quién soy yo?

A tu espacio estoy
contigo es a donde voy
cuando veas bajo mis brazos
aquello que tanto esperas

Caparazón, auscultación sincera
los gusanos que somos en nosotros
nos reptan, trepan, penetran la piel,
se abren en una gran esfera.

Y cuando veas mis cicatrices feas,
arrastrándose van aquellas que eran arterias.

Caminen bestias de mil cerebros,
sangren las venas, háganse a un lado,
dejando atrás nuestras miserias
Salgan de estos cuerpos, rastreras.

Nunca se supo cómo coincidieron las palabras con la cura, pero al momento de decirlas muchos despertaron del trance mientras quedaban los gusanos secos en el piso. A él le salieron los gusanos como listones blancos, desecados. A ella le sangraron de sus poros mariposas moteadas blanquinegras que no volaban, apenas agitaban las alas y morían a los pocos centímetros de vuelo, como las efímeras que sólo viven durante veinticuatro horas. La buena noticia es que la euforia es el resultado de cuando los gusanos están por matar con una epilepsia.

Se siguen haciendo investigaciones sobre esos bichos rastreros y sus efectos en los seres humanos. Seguimos sin saber otra cosa más, pero no se angustie, radioescucha, espectador y lector, sabemos que parte de la cura está en el habla y en seguir compartiendo fluidos pero con ternura, hay una posible cura, lo mantendremos al tanto de lo que acontezca no más adelante.

Sobre la Autora: Laura Elena Sosa Cáceres – (Reynosa, Tamps. 1985) tomó el diplomado literario de la Sociedad General de Escritores de México, es licenciada en Letras Mexicanas por la UANL (2008-2013). Escribe como columnista invitada para periódico “El norte” y en su blog personal. Fue antologada en “Cuadrántidas” (poesía sci fi) y “Mundos remotos y cielos infinitos”, tiene cuatro libros de autora que son “Con los restos a aquellos añejos” y “Con los añejos a aquellos restos” (variación del mismo libro de relatos), “Amantes del plenilunio” por parte de POETAZOS y “Hemólisis” de creación independiente. “Bala daña da” es su último libro de relatos, por La Shula Cartonera.

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