El Viajero

“Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueñan tus filosofías”.
William Shakespeare

Mi vida estaba llena de problemas y se acumularon en un corto periodo de tiempo como si se hubieran decidido a atacarme todos a la vez.

A inicios de ese año mi novia Kathy terminó conmigo. En verdad la amaba, era el amor de mi vida y nos queríamos desde la infancia; teníamos ocho años de novios y habíamos empezado a hacer planes de boda. Y cuando terminó conmigo porque, me dijo, estaba enamorada de alguien más, quedé realmente destrozado. Por si esto fuera poco, mis padres empezaron a tener más y más problemas, que terminaron en divorcio cuando mi madre supo que mi padre tenía una aventura; siempre habíamos sido muy unidos como familia, y el hecho de que todo sucediera tan repentinamente y concluyera de esa forma tan abrupta fue muy difícil para mí y mis hermanos, Kevin y Jennifer.
Pero aun faltaba lo peor. Semanas después, mi hermana Jennifer salió de fiesta con unas amigas (a Jennifer le encantaban las fiestas y bailar) y tuvieron un accidente de coche. Sus amigas quedaron gravemente heridas; Jennifer murió. Siempre cuidé de ella, desde que era una bebé, y me prometí que la protegería mientras estuviera vivo.
Jennifer y yo siempre tuvimos una conexión especial, nos teníamos mucha confianza y compartíamos nuestros secretos; yo siempre la ayudaba con sus tareas y ella siempre mantenía limpio mi cuarto; incluso teníamos un nombre y lenguaje secreto que sólo nosotros conocíamos. Pero Jennifer murió. No pude cumplir mi promesa. La quería profundamente, y su muerte me dolió mucho más que la partida de Kathy o el divorcio de mis padres.
Realmente, los deseos de seguir adelante se habían ido de mí. Ya no quería vivir. Había decidido suicidarme para acabar con el dolor. Ya no podía seguir. Un día, conseguí un frasco de pastillas para dormir y las guardé en mi mochila, dispuesto a tomarlas esa misma noche para acabar con todo, sin importar lo egoísta que pudiera ser mi acto para con mis padres y mi hermano. Pero entonces conocí a Harvey y las cosas cambiaron.

Fue en la Universidad cuando Harvey llegó como alumno de intercambio de otra escuela. Ese mismo día nos tocó trabajar en equipo para un proyecto de Física; descubrí que teníamos muchas cosas en común y nos hicimos amigos. Tanto me agradó Harvey que decidí posponer mi plan de esa noche.

Aunque en unos aspectos y opiniones diferíamos enormemente, en otros éramos prácticamente idénticos. También tenía cierto parecido físico conmigo, a pesar de sus rasgos extranjeros, aunque no podía definir de qué raza o país.
Trabajando en el proyecto escolar, también supe (al igual que el resto de la clase) que Harvey tenía un conocimiento sobre astrofísica realmente sorprendente. No pocas veces corrigió discretamente al profesor (que si no fuera tan abierto a ser corregido, habría sacado a Harvey de la clase) o a los libros de texto a través de explicaciones que no dejaban lugar a la réplica. Hablaba con una autoridad y conocimiento que sólo le atribuiría a Einstein o a Hawking (mis héroes de la Física).

A pesar de ser muy inteligente y amable, Harvey tenía muy poca vida social y era muy callado, como yo. Pero nosotros podíamos pasar horas y horas hablando sobre música, literatura, ciencia, filosofía, religión…, y su imaginación lo hacía especular las teorías más descabelladas; aunque debo admitir que muchas veces, más que conversar, me sentía como un alumno aprendiendo de su maestro.

Y no sólo eso… aun con todos mis problemas y mi dolor, la compañía de Harvey alejó de mi mente la idea del suicidio y me devolvió un poco de la alegría que había perdido.

Aunque platicábamos mucho, Harvey nunca me había dicho de dónde era. Como dije, a pesar de nuestro parecido, tenía ciertos rasgos extranjeros inaprensibles. Me comentó que, efectivamente, no era de aquí, aunque siempre que preguntaba su procedencia me respondía con evasivas y decía que no le creería si me lo dijera. Eso me intrigaba más, y yo lo instaba a revelármelo. “¿De dónde puedes venir? —le decía a Harvey en broma—. ¿De otro planeta, de otra dimensión… o quizás de la Atlántida o del futuro… o del centro de la Tierra? Sorpréndeme”. Hasta que un día, el último día que nos vimos, respondió a mi pregunta.

Estábamos en mi casa y Harvey me dijo que debía volver a su tierra y que probablemente no regresaría. Eso me apenó profundamente, pero él me dio ánimos para verlo de forma positiva. Harvey tenía ese don de hacerte ver el vaso medio lleno. Y finalmente, dijo, me diría de dónde venía.

No sé cómo, pero recuerdo nuestra conversación de ese día palabra por palabra. Creo que nunca la olvidaré, sea verdad o mentira lo que me dijo.

— Conrad —me preguntó Harvey—, según tu ciencia, ¿cuál es la antigüedad del universo?
— Entre trece mil y quince mil millones de años aproximadamente —le respondí, intrigado por saber a qué venía su pregunta y por su forma de plantearla.

Harvey sonrió con la vista clavada en la pared frente a él, pero parecía que miraba a través de ella.

— Es una cifra bastante acertada —me respondió de forma enigmática—. Pues bien, Conrad, respondiendo a tu pregunta sobre mi procedencia —suspiró, hizo una pequeña pausa y continuó—, yo vengo de una Tierra anterior a eso. Tu Big Bang forma parte de un futuro infinitamente lejano para mi Tierra. La génesis de tu universo surgió de las cenizas del mío. Y sin embargo, a pesar de los eones que separan a mi Tierra de la tuya, el espacio que ocupa esta habitación donde ahora nos encontramos es el mismo que ocupaba mi viejo hogar.

No creía que su respuesta me fuera a impactar, pero lo hizo. Sonaba francamente increíble, pero deseaba comprender. Después de unos segundos de silencio, al fin dije:

— Espera. No entiendo. ¿Estás diciendo que la Tierra es anterior al universo? Eso es imposible. Pero, entonces no te refieres al mismo planeta —pregunté, esperando su respuesta.
— Es el mismo planeta, y al mismo tiempo no lo es. Puedes añadir eso a tu lista de paradojas, Conrad. El Universo… el Multiverso es contradictorio. Es algo que debes saber por experiencia, aunque no hayas ahondado en ello o no lo hayas aceptado siquiera. Bueno… es contradictorio, y, al mismo tiempo, no lo es —dijo Harvey sonriendo.

Yo guardé silencio sin saber qué decir.

— Y, Conrad —Harvey se volteó y me miró directamente a los ojos, diría que más allá de ellos—, por favor, deja de usar esa palabra: imposible.
— Explícame —fue lo único que pude decirle mientras mi cerebro aturdido trataba de entender sus palabras, ignorando el hecho de que fueran verdad o mentira. Pero sentía que eran verdad.
— Bien, Conrad. No puedo decirte mucho porque ni siquiera yo comprendo todo sobre el Universo y sus procesos, a pesar de lo mucho que he aprendido a través de las eras. En mi mundo, hemos tenido un enorme avance en una gran diversidad de campos: científico, tecnológico, artístico, espiritual… es algo que aquí no ha podido desarrollarse por una simple y, a la vez, profunda razón: no han logrado ponerse de acuerdo en lo esencial. Pero en fin, comencemos con el Universo; hasta donde yo y los míos sabemos, es un Proceso Eterno de autocreación, sin principio ni fin. Hay un Big Bang, como ustedes lo llaman, y la materia empieza a expandirse y enfriarse. Luego, tras millones y millones de años, el proceso se revierte (en realidad, simplemente continúa) y toda la materia es atraída de regreso al punto original del cuál surgió, una re-unión, un “regreso al origen”, hasta que tiene lugar un nuevo Big Bang y otro Universo es creado a partir de los restos del anterior.
Es un proceso infinito, tanto en el pasado como en el futuro. No hay un primer Big Bang ni un Universo Primario. Se trata, como te dije, de un Proceso Eterno —hizo una pausa para mirarme y tras unos segundos continuó—. La Tierra, junto a otros planetas, estrellas y demás cuerpos celestes, heredan… podríamos llamarle, rasgos… Sí, rasgos del Universo anterior del que se formaron, lo que permite que ciertos planetas, galaxias o condiciones de, por ejemplo, el universo en el cual nos encontramos ahora, sean muy similares a las de su universo inmediatamente anterior, e igualmente con el posterior. Sin embargo, si nos alejamos demasiado hacia universos pasados o futuros, las condiciones serían irreconocibles. La Perpetuación de las Partes del Universo, como lo llamamos, es un proceso dentro del proceso; muy tenue y gradual, pero que tras trillones y trillones de milenios de cambio pierde todo rasgo de similitud con la parte originaria. Aún no sabemos qué hace que ciertos cuerpos y condiciones del Universo se perpetúen y otras no, aunque tenemos nuestras teorías.

Yo estaba boquiabierto. Harvey siguió con su explicación:

— Bueno, para no salirme demasiado del tema, yo vengo de un planeta que se encontraba en este mismo sector de mi universo, con características muy similares a esta Tierra; características que, de hecho, esta Tierra heredó de la mía. Una especie de planeta Tierra alternativo, con un proceso evolutivo similar al que dio origen a las condiciones, ambiente y seres que se han desarrollado en tu mundo. Es por eso que llamo a mi mundo “Mi Tierra”, aunque nosotros lo llamemos con otro nombre. ¿Has leído relatos sobre mundos alternativos, y hasta alter-egos dimensionales? Pues muchos describen en realidad mundos, e incluso seres, de un universo inmediatamente anterior o posterior. No es muy común que suceda con seres individuales, pero también llega a pasar que, de alguna forma, se perpetúen en el futuro, o sean resultado de una perpetuación pasada.

Harvey me miró de una forma aun más profunda y penetrante, y dijo: De hecho, Conrad, yo soy tu alter-ego del universo anterior al tuyo.
— Me parece una locura —dije sin creer lo que Harvey decía, pero sintiendo que decía la verdad.
— Claro que es una locura. Una maravillosa locura —respondió Harvey con su característica sonrisa—. Mientras más aprendes, más te das cuenta de lo mucho que te falta por saber. El Misterio del Universo es tan infinito y eterno como lo es él mismo. De cada nueva respuesta y descubrimiento surgen mil preguntas y misterios más. Las cosas no paran ahí. Por ejemplo, ¿qué pensarías si te dijera que este Multiverso con su proceso de autocreación eterna no es más que un átomo que forma parte de un ser dentro de un Multiverso mayor? ¿Y que, a su vez, los átomos contienen dentro de sí un Multiverso no menos complejo y lleno de vida que el nuestro? Son preguntas cuya respuesta no tiene fin. Y es maravilloso que sea así.

Hubo un momento de silencio. Miré los ojos de Harvey y vi que la tristeza empezó a aparecer en ellos. Supe que faltaba poco para que se fuera. Sigo sin saber por qué, pero en ese momento no tuve la menor duda de que me decía la verdad.

— Entonces, allá es a donde te vas.
— Sí, Conrad. Debo volver a casa. Ya hice lo que tenía que hacer.
— ¿Y qué tenías que hacer? —le pregunté, apenado por su cada vez más cercana partida, pero aun maravillado por la fantástica historia que acababa de oí—-. ¿Aprender de nuestro mundo y nuestro universo?
Harvey me miró y sonrió.
— Vine por ti Conrad —fue su respuesta.

Yo fruncí el ceño.

— Vine exclusivamente a verte —Harvey continuó—. No soy omnisciente pero como tu alter-ego percibí lo que te sucedía. La ruptura con Kathy, el divorcio de tus padres y, especialmente, la muerte de Jennifer. Entonces supe que podía ayudarte con eso y fue lo que vine a hacer. Supe lo de las pastillas que tenías en tu mochila el día que llegué a la Universidad —eso me sorprendió aun más porque no se lo había dicho a nadie; ni siquiera a Harvey— y que pensabas tomarlas esa misma noche. Pero ahora mi trabajo está hecho. Has logrado salir adelante, Conrad, y me siento inmensamente feliz por ello.

No supe qué decir.

— No tienes que decir nada, Conrad —continuó Harvey—. La hora de irme se acerca así que también debo darte un mensaje antes de hacerlo: En mi Tierra, como te dije, tenemos la facilidad de transportarnos a través de distintos mundos y dimensiones. Te he dicho que hay muchos mundos, Conrad. Incomprensibles para la mayoría de la gente de tu mundo. En fin, ten esto —me tendió un pequeño papel doblado por la mitad y lo tomé—. Antes de llegar aquí yo también fui percibido por alguien, quien me pidió te dejara esto. Bien, Conrad, debo irme. Fue un gusto encontrarnos. ¡Adiós!

Sonriendo hizo un gesto de despedida con la mano. Yo, aturdido y confuso por todo lo que acababa de escuchar, no pude hacer más que responder el gesto con un “Adiós, Harvey”. Y salió por la puerta. Lo seguí viendo por la ventana mientras doblaba la calle hasta que lo perdí de vista. Fue la última vez que lo vi.

Me senté en el sillón de mi sala y respiré profundamente. No sabía qué pensar al respecto en ese momento. Mucho después de que Harvey se fuera pensé en todo más fría y racionalmente. Lo que me había contado era en verdad increíble, pero también dijo cosas realmente intrigantes sobre mí que no había forma de que supiera. Todo era muy confuso. Me recargué en el respaldo del sillón unos segundos y me incorporé mirando el papel doblado por la mitad que tenía en mi mano. ¿Cuál sería el mensaje que me dio Harvey, y de quién? Nervioso y con el corazón latiéndome fuertemente, abrí el papel. No pude evitar derramar una lágrima, pero no de tristeza, sino de alegría, lleno de una inexplicable seguridad acerca del mensaje y de quién lo enviaba. Estaba escrito en un lenguaje secreto que reconocí al instante, y decía esto:

Einstein Hawking: No estés triste por mí. Estoy bien. Te quiere: Party Dancer.

Jorge Sanchez.

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