Estación de tránsito

— Cuando llegué a la Estación de Tránsito, me di cuenta que esta roca caliente en la que habían instalado la colonia, no era más que un triste remedo de planeta a medio terraformar. Para mí, que era un muchacho de barrio, criado en las cómodas lunas jovianas, ver esos domos opacos de polvo con sus columnas debilitadas por la corrosión, me causó náusea. Pero la brillante promesa de titanio y cobalto que encontraría en la mina familiar alivió mis arcadas psicológicas —tomé el vaso del buró y di un sorbo breve al licor que parecía, y sabía, a chapo-. Esa fue mi primera impresión de esta colonia, contestando tu pregunta.

— A todos nos pasó igual —ella hablaba con genuino interés, como si yo realmente estuviera interesado en saber lo que pensaba—. A mí me trajeron también con la promesa de hacer mucho dinero acompañando a… caballeros… como tú.
— No soy un caballero —tras interrumpirla, la piruja sonrió y deslizó su mano por mi rostro garapiñado, con suavidad y ternura.
— Tú déjate querer. Si yo fuera catedral te dejaría entrar en mí así fueras Satanás.

Sonreí y asentí; como dijo, ya había pagado el servicio. Las siguientes dos horas las pasamos en silencio, abrazados, mirando los destellos de los cargueros que entraban y salían de la débil atmósfera. Creo que me quedé dormido un rato pero desperté para verla levantarse y despedirse sin ceremonia en cuanto terminó el tiempo acordado.

Al amanecer abrí las persianas de mi reducida habitación y por primera vez en años me di tiempo de ver el arroyo de radiación que derramaba la aurora austral.
Había terminado mi día de descanso.
Miré mi rostro envejecido y lastimado al espejo y pensé en la estación con sus instalaciones aun más viejas y más cubiertas de cicatrices. Era como una prostituta también: Alguien que llega a tu vida sin elegancia, cuando casualmente visitas un Club de Perreo, fea a primera vista, pero al final, con el atractivo de un yunque y caracol sumidos en el oído interno, a ojos de un otorrinolaringólogo que acaba de descubrir la imagen más fascinante del universo, en el lugar más remoto, oculto y lejos de las miradas de la gente común.

Sobre el autor: Abraham Martínez Azuara “Cuervoscuro” (Tampico, Tamps, 1975) Escritor cuyas historias han aparecido en México en Tierra Adentro, Revista Hiperespacio,Horizonte Cero y Cactus  entre otras. En el extranjero ha publicado en Heavy Metal Magazine, Strange Aeons, Strip Magazine, Próxima, y para DC Comics Digital coescribió Earthbuilders.

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