Iturbide… ¿Para qué nos liberaste?

ITURBIDE… ¿PARA QUÉ NOS LIBERASTE?

 

PIEZA EN DOS ACTOS

 PERSONAJES

 

Fray Benito Quiñones: Religioso Franciscano no clérigo, de la Provincia de San Pedro y San Pablo, originario de Ciudad Juárez, Chihuahua y Licenciado en Historia por la Universidad de Guanajuato.

Novelista Mexicano de Vanguardia: Con una ardua formación Literaria e Histórica, varias novelas publicadas en español e inglés, además de ser guionista profesional de cómics en dos editoriales estadounidenses.

Agustín de Iturbide: Fantasma.

Época: Actual.

Lugar: Convento Franciscano de Morelia, Michoacán/Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Jalisco y posteriormente Festival de Novela Negra de Gijón, España.

ESCENOGRAFÍA

La escenografía será lo más sencilla posible, una mesa llena de libros con una “Tau” (crucifico franciscano), una calavera y una “Laptop”. Dos sillas, ni siquiera se requiere teatro como tal.

PRIMER ACTO

         Fray Benito está sentado a tres cuartos, escribe en su computadora portátil y trae puesto su típico hábito café, calzando unos modernos tenis de básquetbol. Por un extremo hay efecto de humo y poco a poco aparece el fantasma de Agustín de Iturbide con su vestimenta de Emperador de México.

Fray Benito: ¡Buen día Don Agustín! Hace ya mucho que lo esperaba.

Iturbide: ¿Quién es usted? ¿Dónde estoy?

Fray Benito: (Sin Voltear a verlo y aún escribiendo en su ordenador) ¡Un Fraile Menor!, como los que evangelizaron este país; aún existimos, pero además de eso soy historiador o pretendo serlo. Estamos en la misma ciudad en que usted nació, en la que fue seminarista, se enroló en los negocios de su padre y en la que posteriormente entró a la milicia.

Iturbide: ¡Valladolid! ¿Estoy en Valladolid?

Fray Benito: ¡Ya no se llama así! Ahora es conocida como Morelia en honor a ese insurgente que usted venció una vez ¿Se acuerda de José María Morelos?

Iturbide: Sí lo recuerdo, el único que verdaderamente fue un genio militar ¿Qué pasó después de mi muerte en Tamaulipas? ¿Castigaron a los que…

Fray Benito: ¡No, Don Agustín! El país que usted liberó lo considera un traidor.

Iturbide: ¿En qué siglo estoy?

Fray Benito: En el XXI, hace poco se celebraron 200 años de independencia.

Iturbide: ¿Eso significa que estamos más allá del año 2021?

Fray Benito: No. No se considera a 1821 como la fecha de independencia, sino a 1810  a partir de que se levantó en armas su pariente el Cura Hidalgo. (Por fin se levanta y mira de frente a Iturbide) ¡Lamento decirle que su país lo ha olvidado!

Iturbide: Entonces a la ciudad en la que nací le pusieron el nombre de ese sacerdote que organizó a los ejércitos del sur, a los Galeana e incluso a Vicente Guerrero. Y la independencia se festeja a partir de que ese otro sacerdote demente se levantó en armas. ¿Qué hay del lugar donde me fusilaron en Tamaulipas?

Fray Benito: Ahí construyeron un puente y una presa, pero al menos hay un monumento en su honor. Sus restos ahora descansan en la catedral metropolitana de la Ciudad de México, pero no son considerados los de un libertador.

Iturbide: ¿A todo esto? ¿Por qué se me considera un traidor?

Fray Benito: ¡Por haber disuelto el Congreso cuando fue Emperador! ¿Le parece poca cosa?

Se escuchan toquidos y al instante el religioso se percata de la llegada de su visitante.

 

 Fray Benito: Tengo un invitado al que no deseo atender; pero usted entiende esto de la pobreza franciscana. Si gusta puede estar al tanto de lo que vamos a hablar, tenga por seguro que le interesa.

El fraile sale de escena, a la par que Iturbide que nunca ha perdido su semblante de militar lo hace por otro extremo.

 

Entra Fray Benito acompañado del Novelista Mexicano de Vanguardia; hombre de jeans, zapato de vestir, elegante saco y una notoria camiseta de algún grupo de Heavy Metal clásico o cómic estadounidense, entra abrazando al religioso y fumando un habano.

Novelista: ¡Siéntate, vato! Hay mucho de que hablar. ¿Quieres un tabaco o es pecado?

Fray Benito: ¡Pecado es no apreciar una buena marca! (Toma un puro de un elegante estuche,  el escritor lo enciende con un no menos elegante encendedor de metal).

Novelista: Supongo que un historiador como tú está consciente de que se han escrito miles de obras sobre el imperio de Maximiliano e incluso se le ha llamado “El Segundo Imperio”, cuando poco o nada se ha dicho del primero. Con todo esto del bicentenario me obligaron a hacer algo sobre la intervención francesa; pero de lo que yo siempre he querido escribir es sobre Agustín de Iturbide, y más  por la difamación histórica que ha tenido… ¡El Nuevo Calígula!  Fue una casualidad que me haya topado con tu tesis. Sólo por azar la encontré en la Universidad de Guanajuato, de ahí el chasco de que eres fraile, y que de momento estás aquí en Morelia.

Fray Benito: Mucho del material de mi tesis; especialmente manuscritos de la época que los gringos no saquearon cuando nos invadieron en 1847 los conseguí aquí, es lo bueno de ser religioso como dices.

Novelista: Me lo hubiese esperado quizás de un jesuita; pero nunca de un franciscano. A tal grado que te he estado investigando ¿Juarense, no es así?

Fray Benito: ¿Notaste mi acento norteño? Sí, de Ciudad Juárez; la que fue fundamental en la victoria sobre ese miembro de los Habsburgo que acabas de mencionar  y la que posteriormente representó una victoria para Villa y el italiano Garibaldi. Una de las ciudades más peligrosas del mundo. ¡Pero sobre todo! ¡Estoy consagrado a seguir a Jesucristo en la santa orden que fundara Francisco de Asís!

Novelista: Sin entrar en detalles, soy pagano. Por cierto, debiste de leer mis novelas e incluso mis cómics, tengo entendido que hablas inglés.

Fray Benito: Y también italiano. Por lo mismo utilizo mi mente en buenas lecturas, no en blasfemias contra la Iglesia.

Novelista: Creo que tienes idea de lo que he hecho y por lo visto no te agrada mucho.

Fray Benito: ¿Cómo te atreves a hablar de sacerdotes teniendo sexo?

Novelista: (Sonriendo) Me reclamas eso, pero no sobre lo que he escrito acerca de la participación de la Iglesia Católica en la victoria norteamericana sobre México, ni sobre la Inquisición, que de hecho es un tema que dominas a la perfección. ¿O no?

Fray Benito: No niego que fue un error de la Iglesia, pero eso de ponerla como…

Novelista: Lo fantástico visionario está de moda actualmente en la narrativa de nuestro país, de hecho es mejor a la de hace algunos pocos años en que sólo se escribía sobre perversión sexual. Eso junto con la novela histórica es lo que rifa, por eso quiero los derechos de tu tesis, para darle su lugar a Iturbide. Aparecerá tu nombre como principal fuente para cualquier confrontación y parte de la lana lógicamente que va para ti.

Fray Benito: Mis votos de pobreza y la vida de comunidad…

Novelista: (Interrumpiendo de golpe) ¡Ya sé! En tu caso todo es para tu pandilla.

Fray Benito: ¡Mi provincia! Sin embargo, no te doy los derechos de mi tesis.

Novelista: ¿Se puede saber por qué?

Fray Benito: Eso sólo se lo diré a un confesor.

Novelista: ¡No hace falta! Tengo mis propias hipótesis, cabrón. Muy San Franciscano pero la neta que vales madre. Renombrado profesor de historia en Colegios Católicos de élite; pero bien buitre con las mamás jóvenes y guapas.

Fray Benito: ¡Tengo voto de castidad!

Novelista: Eso díselo a la mami de una de tus alumnas. De treita y cinco años, muy buen ver y claro que no lo haría público para que te la puedas seguir cogiendo cuando no está su marido.

Fray Benito: ¿En qué te fundamentas para acusarme de eso?

Novelista: Se nota que sí tienes algo de ingenuidad de católico pendejo. Nunca te cojas una vieja de lana cuando haya gatas ignorantes en la casa; ellas no saben mentir.

Fray Benito: (Con un notable cambio de expresión) ¡Dios me perdone por ese pecado!

Novelista: Y me sorprende algo que está de moda en las escuelas y en lo que ustedes son campeones… (Gesticulando de manera muy prepotente) ¿Sabes cuántos casos de bulyng toleraste cuando estabas como supuesto formador en el seminario franciscano? Hay muchos inconformes y con sus testimonios no te la vas a acabar.

Fray Benito: Mi provincia es fuerte y puede desmentir cualquier acusación que hagas, no seremos tan extensos como los de Jalisco; pero tenemos el milagro del convento de Querétaro, quizás por ello seamos los más respetados del país.

 Novelista: Tu provincia, pero tú no. ¡Te van a correr! A menos que compartas tu investigación sobre el verdadero libertador de México, sólo por medio de esta maravilla estética que nos ofrece la ficción se le comenzará a dar su lugar como lo que es. A lo que tengo entendido, los historiadores formados en Guanajuato son mucho más tolerantes y de mente abierta que los de otros lugares de provincia, aunque aún no alcanza el nivel de algunas otras universidades como las de Ciudad de México.

Fray Benito: ¿Qué te diré? De niño me sentía orgulloso de ser juarense, de hecho aún lo estoy. Terminé el bachillerato y no dudé en entrar de Postulante Franciscano, sobre todo por estar saliendo de una fuerte desilusión amorosa de la que nunca le hablé a ninguno de mis promotores vocacionales, luego ingresé al noviciado y viendo que tenía talento, aceptaron mi petición de estudiar una Licenciatura en Historia. En un principio quería que se recordara a Ciudad Juárez por algo diferente a la violencia, el feminicidio o el tráfico de droga; pero dentro de la Facultad me comenzó a apasionar la figura del libertador de México y sabía que en esta provincia tendría acceso a documentos muy valiosos para mi investigación. ¡Ya conoces mi tesis y a lo que llegué! La libertad no se la debemos a ninguno de los insurrectos, sino a un realista… ¡Agustín de Iturbide!

De nuevo hay efecto de nubes y aparece Agustín de Iturbide como fantasma que al parecer sólo puede ver el fraile.

Novelista: Eso es lo que me interesa. Dejemos a un lado todo lo demás. Supongamos que el vato estuviera aquí, se enterara que fue casi borrado de la historia, que se le considera un traidor y que lo mejor fue haberlo fusilado, es más… ¡Qué fue ridículo que se haya proclamado Emperador!

Iturbide: ¿Traidor a quién? ¿A México? ¿A la Corona Española? ¿A quién? Fui quien verdaderamente centró las bases de la independencia con el Tratado de Córdoba y el Plan de Iguala que fue aceptado por los guerrilleros que estaban en contra del régimen, sobre todo destaca Vicente Guerrero. En un principio pedí que para evitar problemas con España fuera uno de los Borbones quién ocupara el trono del Imperio Mexicano. Estaba respetando la constitución española de 1812. ¿Cuál fue mi traición?

Novelista: ¡Pobre cuate! La política de la época y todos los realistas exceptuando a los que estaban en su contra, opinaban que debía institucionalizarse una Monarquía en México, ya se evidenciaba que ninguno de los Borbones vendría a ocupar el trono.

Fray Benito: En ese tiempo no era muy clara la idea de una democracia y eso mismo ocurrió en otras partes de América. Fue muy breve el reinado de Agustín I, esa fue una de las razones por las cuales se le ha satanizado; fue un fracaso como Emperador.

Iturbide: De que cometí errores, no lo puedo negar, exageré en lujos al momento de ser nombrado Monarca y nunca debí enviar tropas al Salvador, la provincia de Centroamérica se negaba a anexarse a México. Pero tenía planes de hacer crecer el Imperio, proponía la colonización de Texas, en dónde también tenía una propiedad.

Fray Benito: (Mirando fijamente a Don Agustín) Ya me imagino los gritos que daría el tipo si ahora reviviera y se enterará que su propiedad en Texas o mejor dicho, la que le correspondía a su esposa se perdió con dicho territorio.

Novelista: ¡No! El grito que pegaría el infeliz al saber que Texas, Alta California y Nuevo México pasó a ser parte de Estados Unidos cuando tuvimos como presidente a Santa Ana, el Dictador que él no pudo ser.

Aquí el fantasma hará una serie de gritos de dolor al escuchar los diálogos de los otros dos personajes.

Fray Benito: Eso no se puede negar, en su tiempo vaya y que fuimos Imperio, desde donde iniciaba Alta California hasta Nicaragua. Y también en el sur se perdió el territorio que se anexó a su imperio, sólo quedó Chiapas.

Grito de dolor por parte del Fantasma.

 

Iturbide: Cuando fui Emperador cesé a Antonio López de Santa Ana, posteriormente fueron él y Guadalupe Victoria quienes abolieron mi Imperio. Y resulta que aquel que fue apoyado por el pueblo como también lo fui yo al llegar a la Corona, fue el Dictador que como ustedes han dicho… No pude ser, a tal grado que desintegró los territorios de mi reinado.

Novelista: Desde un principio ya era inminente que se perdiera todo ese territorio, el norte estaba despoblado y fueron los norteamericanos los que se encargaron de colonizarlo, para nosotros fue suficiente lo que hicieron Coronado y Cabeza de Vaca.

Fray Benito: En lo que respecta al sur, también era cuestión de tiempo para que se independizara de México, nunca estuvo bien organizado y ya se veía un descontento entre los centroamericanos.

Iturbide: Mi Imperio. ¿Por qué no se pudo mantener mi Imperio?

Fray Benito: Me llama la atención como fue inminente la separación de toda la extensión de territorio mexicano, de la misma manera en que no prosperó la Gran Colombia de Bolívar, y pensar que el sueño de ese tipo era el de una Hispanoamérica Unida en su totalidad.

Iturbide desaparece al escuchar todos estos comentarios, está tremendamente afectado pero no ha perdido su porte de miliciano.

 

Novelista: Bueno, se nota que verdaderamente nos agrada esto de la historia, razón por la cuál nos la podemos pasar hablando de ella durante horas, pero no vine a eso. Quiero tu pinche tesis y no me voy a ir hasta que me cedas los derechos.

Suena una campana.

 

Fray Benito: Lo siento, pero acaban de dar el campanazo para ir a jugar y la neta, no me puedo perder un partido de Básquetbol ni por nada. Creo que sabe que soy la estrella y hoy vienen a jugar los mugrosos diocesanos.

Novelista: Entrevisté a uno de esos mugrosos como los llamas y tampoco tienen una muy buena opinión sobre ustedes, me asombra la discordia que hay entre ustedes cuando en realidad se supone que se dedican a lo mismo.

Fray Benito: Asunto de profesionales y si eres un pagano como dices no puedes entenderlo. ¡Así que con permiso!

El religioso se quita el hábito y abajo tiene puesto un uniforme de Baloncesto.

Fray Benito: ¡Fray Gustavo, la pelota!

De alguno de los extremos del escenario le lanzan un balón de Básquetbol que empieza a votar de manera magistral.

 

Fray Benito: Con su permiso.

Sale del escenario dejando solo al escritor.

 

Novelista: Será más difícil de lo que pensé ¡Es todo un Súper Villano!

OSCURO.

 

SEGUNDO ACTO

 

    De nuevo se ve el efecto del humo, aparece el fantasma de Agustín de Iturbide sosteniendo su sable.

 

Iturbide: ¡Un traidor! ¿Por qué? Fui conocido como “Dragón de Hierro”, pero acabé con los rebeldes en Guanajuato, pese que se me acusó de obtener beneficios de la lucha contra los insurrectos, fui de los que logró vencer a José María Morelos, aunque fracasé contra los Rayón para después ser acusado de abuso de autoridad y malversación. ¡Estábamos en Guerra! ¡España estaba tomada por los franceses! ¡Necesitaba obtener algún beneficio y qué otra alternativa tenía! Después de eso logré unificar a un ejército para liberar a este país. Al regresar expuse mis buenas intenciones. (Gritando de manera desesperada) ¡No soy un traidor y nunca lo fui en vida! ¡No soy un traidor y nunca lo fui en vida! ¡No soy un traidor y nunca lo fui en vida!

Entra el novelista mexicano de vanguardia fumando un puro, se sienta en una de las sillas de la celda del fraile, está desesperado y molesto. Iturbide lo mira, pero él no lo puede ver todavía.

 

Novelista: Pobreza Franciscana, ¡mis huevos! Este es de los mejores puros que he fumado en mi vida, traído directamente de Cuba. Vaya que fue difícil que ese vato me regalara uno, según sus nervios que porque fue un obsequio del gobernador del estado de Michoacán. ¡Ay! Iturbide, lo que tengo que hacer sólo para que te conozcan como héroe literario, hasta me dan ganas de transformarte en un cazador de nahuales y vender la idea a los gringos a manera de cómic, así hasta te conocerían más.

Iturbide: De qué me sirve ser conocido en otras partes del mundo si no lo soy en el país que liberé y constituí como imperio. De esto estoy seguro, si yo no hubiese liberado este país, nadie lo hubiera hecho, Vicente Guerrero era sólo un guerrillero. ¿De dónde sacan que lo abracé y que fue en Acatempan? ¿De dónde sacan que con ese abrazo que ni siquiera existió fue que lo engañé para después hacerme monarca? Desde un principio quedó claro que yo sería el que comandaría al Ejercito Trigarante de las Tres Garantías, él sólo era un subordinado y aceptó serlo bajo su propia voluntad.

Novelista: Sin entrar en pormenores, puesto que ha diferencia de Benito, no soy historiador, quedé impactado por la historia sin saber exactamente el porqué. De lo que estoy seguro es que tengo que seguir escribiendo sobre ella, me ha dejado con ganas de combinarla con ese elemento tan increíble que es la ficción y que al menos el pendejo de Benito no alcanza a comprender que es indispensable para muchas cosas, incluso para la historia misma.  Sin algo de ficción nadie lo va a respetar señor emperador, para muchos, sólo existe el segundo imperio de México.

 Iturbide: ¿Hubo otro imperio además del mío?

Novelista: Sí, después de una casi frustrada invasión francesa, nos enviaron a un austriaco de la familia de los Habsburgo que al no poder tener hijos adoptó a los tuyos, fue derrotado y fusilado por un presidente nativo, un indio de Oaxaca. De ese tiempo se han escrito demasiadas cosas y al parecer nadie se acuerda que tú fuiste el primer imperio. Quizás se deba, como pienso que ya te dijo Benito, a que la independencia a quedado opacada, es a tu pariente Miguel Hidalgo al que han enaltecido, tú has quedado en el olvido.

 Iturbide: Ya me lo dijo el fraile, me recuerda a Teresa de Mier. Quedé cansado del clero católico, quizás por eso fue que…

Novelista: ¿A quién quieres engañar? Claro que tu logia ha perseverado y aún tiene participación política en este país, hoy se le llama de ultraderecha. En relación a eso te felicito, disfrazar a la masonería de catolicismo fue algo muy inteligente en un país como este. Sociedades secretas, si quisiera hacerlo erótico, claro que haría unas descripciones de mujeres completamente desnudas y unas orgías, eso te haría más controversial de lo que eres y la gente se interesaría en ti como personaje. ¡Es por tu bien! ¡La ficción logra lo que la simple historia no puede!

  Pausa

 

Entra Fray Benito Quiñones, de nuevo con su hábito, sostiene un vaso y cepillo de dientes, que coloca en la mesa.

 

Fray Benito: ¡Dispense! Después del deporte es necesario bañarse y mantenerse aseado en todos los aspectos. Espero que no se haya aburrido, creo que lo dejé en buenas manos (Mira al fantasma de Agustín de Iturbide).

Novelista: ¡Tú lo has dicho! No encontré tan mal el ambiente aquí en tu convento, con todo y que no soy de tu equipo. Me pude dar cuenta de muchas cosas y sabes a lo que me refiero.

 Fray Benito: ¡Sé a lo que te refieres! Y en buena onda, sería mejor que te fueras ya, dedícate a lo tuyo y yo me sigo dedicando a lo mío, olvidamos este incidente, dejas que yo me traslade a la provincia de Texas y tú sigues escribiendo. No lo hagas por mí, hazlo por Don Agustín y adiós. ¡Paz y bien!

Novelista: No. Necesito tu pinche tesis (guardando el puro en la bolsa de su saco). Y sabes, desde que llegué aquí, creo que el fantasma de Don Agustín nos observa. Por él y por muchas cosas no me puedo ir de aquí sin lo que he venido a solicitar, me cueste lo que me cueste. Y tan sencillo como eso. ¿Cuál es la razón por la que no me la quieres dar? Ya me imagino el impacto que tendrá en la Semana Negra de Gijón que se realiza en la Madre Patria, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y hace poco hasta se me estaba ocurriendo convertirla en cómic y ponerle una escena erótica.

Fray Benito: ¡Enfermo! ¡Blasfemo! ¡Hombre de poca fe!

Novelista: Tú me dices eso y me vale madre, ahora que lo pienso, en Europa es muy común ese tipo de escenas dentro de la historieta, en una ocasión un muchacho de Guadalajara me dijo que yo no sabía nada de cómics, pues dije que entender las viñetas del antiguo continente no nos correspondía, que dentro del termino de cómic, sólo importaba lo que nos llega de los Estados Unidos y por ello me confrontó. ¡Eso es algo que siempre recordaré! ¡Odio que los aficionados demuestren que saben más que yo!

Fray Benito: Ahora me recuerdas mi desempeño docente. A mí, al maestro fraile, mi condición no impidió que los adolescentes malcriados me mentaran la madre y no me hicieran caso por mi forma de ser tan estricta y radical. Ya no es bueno ser religioso hoy en día. Sólo que a mí no me odiaron por saber más y tener sabiduría, más del 90% de los alumnos que tuve, están destinados a ser unos fracasados y según ellos, el perdedor soy yo. ¡Nuestra juventud vale madre!

Iturbide: Veo que a todos nos duele que nos digan nuestros propios errores. Eso no ha cambiado en la idiosincrasia del país que liberé.

Novelista: A todos nos choca la gente que pueda superarnos, o al menos a mí sí. Ese muchacho tapatío me regalo un Fanzine de Cómic Underground, cosa que se me hizo tan difícil en una ciudad tan mocha como Guadalajara, él era el guionista. Se supone que el único que ha logrado trascender en eso de escribir historietas soy yo. Sólo pensé que no sería raro que otro fulano sea contratado en los Estados Unidos, eso sí me molestó.

Fray Benito: A ti te molestan esas cosas a las que yo ni siquiera les doy importancia. A mí que trabajé en la educación, me importaba que los mocosos no tuvieran el mínimo interés por la historia de su país. ¡Qué gritaran a los cuatro vientos que les importa un bledo estudiar pues papi paga! ¡Que me retaran sin importarles que diera mis clases con hábito! ¡Qué descubriera a dos o tres que sí valían la pena y que yo generalicé como malos, los cuáles me terminaron enseñando mucho! ¡Odié equivocarme! ¡Odié tratarlos igual de mal a como a mí me han tratado en la orden! ¡Odié no darme cuenta que tenía que contenerme!

Iturbide: Yo también odié equivocarme, pero a diferencia de vosotros, mis errores afectaron el nacimiento de una nación.

Sale de escena dándoles la espalda a los al religioso y al novelista. . 

Novelista: Ahora sí me lo puedes decir ¿Por qué no quieres que le devuelva su lugar a Iturbide? ¿Por qué no me quieres dar tu puta tesis?

Fray Benito: Por eso que se llama dignidad. Claro que voy a dejar el hábito y claro que no lo haré sino hasta estar en Texas, pero no quiero que se difunda que todo fue gracias a otro ex fraile, ya con Fray Servando tuvimos suficiente. Además ya estuvo bueno,  me arrepiento de muchas cosas, pero nunca de haberme cogido a esa mujer que comentas.

Novelista: Yo tampoco me arrepentiría, ese cuerpo que tiene es difícil de no ser disfrutado. Y la neta, ya estuvo bueno, la dignidad ya la perdió tu iglesia desde hace mucho tiempo, nada te va a afectar ser uno más, pues para empezar no estuviste tan mal, si hubieras sido un pederasta no me tentaría el corazón para meterte al bote y quedarme con tu pinche tesis.

Fray Benito: ¡No todos somos de esos! Y ya hacían falta religiosos que tuvieran una verdadera labor académica e intelectual, antes de dejar este santo hábito he de enaltecer la orden de los menores, no sólo aquí sino en la Universidad de Austin. No voy a permitir que un escritor hereje se haga famoso con mis investigaciones. Que sea por mi esfuerzo y no por el de otro. ¡Esa es la pobreza franciscana!

Novelista: ¡Mis huevos!

Fray Benito: Aún recuerdo el día que tomé los votos de esta orden, como quedé fascinado por la pobreza del hermano Francisco.

Novelista: ¡Mis huevos!

Fray Benito: Y así quieres que te dé mi tesis, hereje de mierda. Me recuerdas la apatía de los muchachos de la prepa y como de vez en cuando perdía yo ambién el control, pues me caga que sean tan mediocres. ¡Tú no eres diferente a ellos!

Novelista: Pues de hecho me estoy dando cuenta de lo parecido que somos tú y yo. A ti te molestan tus alumnos y simplemente te leeré una carta que después me mandó ese cabrón de Guadalajara y que traigo conmigo pues ayer estuve en esa ciudad. (Saca una hoja de papel de su saco y comienza a leer). “Estimado Señor Escritor”: Sé que no le caí muy bien y en primera instancia usted tampoco a mí. Eso provocó que me esforzará por conocer su obra, ahí corroboré su calidad literaria. Ahora yo también estoy publicando y sólo me queda decirle. ¡Gracias por ser una motivación para que yo nunca me haya rendido al escribir!

Pausa en la Lectura

 Tiene mi admiración como persona, usted es un excelente escritor, como los pocos que he visto actualmente en este país. Ya me he propuesto leer todas sus novelas y cómics, cosa que no me disgusta y esta diferencia que tenemos la hemos de arreglar en un futuro; pero no con golpes, sino con profesionalismo. ¡Me he propuesto ser mejor guionista que usted! ¡Lo voy a lograr! ¡Nunca hubiera vuelto a este sueño sin haberlo conocido! ¡No por odio hacia su persona, sino porque todo alumno debe superar a su maestro! ¡Gracias por ser quien es!

Fray Benito: ¡Duele verdad! Eso es lo mismo que yo he sentido con los que estuvieron a mi cargo en el Seminario, uno de ellos también se me acercó una vez y me dijo casi lo mismo, que yo soy una mierda, pero que le pude abrir los ojos a la verdadera historia de México. Sin embargo, a veces eso trasciende, como fue el caso de la satanización de Don Agustín.

Entra Iturbide.

Iturbide: Y para vosotros dos, sabéis lo que es tener a alguien como Fray Servando Teresa de Mier, sabéis lo que fue fallarle a los ideales de todo un pueblo que en su génesis me veía como su libertador. Y ahora peleáis por  lo que fui. (Gritando enérgico) ¡Yo quiere tener nombre en esta disputa, lo merezco y lo quiero!

Sólo el religioso reacciona y voltea a verlo.

Fray Benito: Dices que amas la ficción, ahora te pongo una dinámica. Imagina que el fantasma de Agustín de Iturbide está frente a nosotros, que ha escuchado toda nuestra platica desde que llegaste y que quiere escuchar tus motivos para hacer una novela de él. ¿Qué le dirías?

Voltea a mirarlo como si ya hubiese percibido la presencia del fantasma.

Novelista: Don Agustín, usted nos liberó, se le ha olvidado, se le ha satanizado…

Pausa

Iturbide: Fui un Emperador, me exiliaron y al regresar me fusilaron,  muchas veces eso pasa con los malos monarcas, sólo que yo no quería serlo en un principio y antes de llegar al trono liberé al que sería mi Imperio.

Novelista: Pues su imperio no ha cambiado. También fusilaron al segundo emperador que fue derrocado por un presidente de raza pura que posteriormente también fue derrocado por lo que se convertiría en una dictadura necesaria, por llamarla de esa forma, sin la cual no hubiéremos progresado como país.

Iturbide: Fraile, ya estuvo bueno, no estoy seguro de lo que es un fantasma, pero al parecer eso es lo que soy. ¿Por qué no quieres que yo sea recordado?

Fray Benito: ¿Para qué necesitas mis investigaciones escritor? Léelo en el acerbo de Guanajuato, sólo cítame o inclúyeme en la bibliografía, te hubieras ahorrado este viaje a menos que le quieras comentar a Don Agustín la verdadera razón por la cuál has venido aquí.

Novelista: ¿Ya lo has descubierto? Sólo te aclaro que soy lo que soy, un escritor; sin embargo, con tanto tiempo escribiendo novelas policíacas algo se me había de pegar. Don Agustín, creo que sabe que aún tiene descendientes en un continente lejano formado por islas, donde la más importante es Australia y ahí es donde viven los legítimos herederos del trono mexicano. Nuestra constitución indica que ya no es posible la institución de una Monarquía, pero grupos de ultraderecha como el de esta ciudad y otras como Guadalajara y Puebla están manteniendo la postura de volver a ser un Imperio, pese a todo lo que ha pasado.

Iturbide: ¿No han tenido suficiente?

Novelista: No creo, y eso que no sólo yo he publicado novelas sobre cómo el Imperio de su homónimo Maximiliano de Habsburgo que se fue mucho pero a la fregada. Sin embargo, él y su esposa Carlota adoptaron a sus nietos legítimos, pues no podían tener hijos, deseaban que su élite fuera aun de la más alta realeza hereditaria y a la vez querían lavarse las manos de muchas cosas, de todas maneras fusilamos a ese barbón y Carlota se volvió loca después de consumir toloache. Aun así, una descendiente de usted emigró a Europa y a la fecha su familia sigue existiendo. No serían sino algo llamativo en revistas para damas que incluyan en su número especial un tomo gratis de alguna novela de Barbara Cartland de no ser porque ya hay todo un movimiento en pro de que la realeza vuelva a México, promovido por gente mocha y adivine quién es el que inició todo eso por intereses personales y por los favores de algunas de esas damas.

Iturbide: ¡Clérigo bellaco! ¡Eres igual que Fray Servando Teresa de Mier! ¡Un conspirador! ¡Lárgate mejor a Europa y deja a la patria que forjé en paz!

Fray Benito: En estos tiempos ya no es a Europa, es a Texas Don Agustín.

Iturbide: ¡Texas! Y por encima de todo al territorio que yo hubiera podido salvar. ¡Hijo de la Tiznada! (Desenvaina su sable y comienza a hacer movimientos de esgrima clásico español amedrentando al religioso)

Novelista: ¡Era cierto! Agustín de Iturbide era un “Dragón Sablista”, estaba a la misma altura que cualquier caballero español de su época. Lo ideal para alguna novela gráfica con zombis mexicanos que reclaman la tierra prehispánica.

Fray Benito: (Gritando) ¡Cállate cabrón!

Iturbide: Yo regresé a este país para advertir de una posible reconquista. Y ahora el que se supone que me ha invocado está vendiendo la patria que yo liberé. (Le pone la punta de su sable en el cuello a Fray Benito)

 Fray Benito: He aquí el país que liberó: sin progreso, vea la actual juventud que se empeña en ser lo más mediocre posible y no hacer nada con su pinche vida de mierda, lo sé porque ellos literalmente así me lo han manifestado.

Novelista: Te quejas de lo que han forjado sus padres comemierdas, pero bien que te cogiste a sus mamás y de hecho tienes contactos con familias pudientes de toda tu provincia manteniendo una postura racista hacia ciertos grupos indígenas, no sólo los tarascos de Michoacán y los Tarahumaras de tu natal Chihuahua, te estás metiendo también a la extorsión de los Pames de Querétaro y sobre todo de la parte que le corresponde a San Luis Potosí, entidad de la cuál no has quitado el dedo del renglón, puesto que es la más olvidada por tu competencia, la provincia de los jalisquillos.

Fray Benito: (Ya confesando) ¿Cómo te has dado cuenta de todo eso? Todo eso fue un secreto de la logia.

Iturbide: Así que los ritos masónicos siguen llevándose a cabo.

Novelista: Sí. Con ese toque de catolicismo que usted le puso Don Agustín. Precisamente San Luis Potosí está olvidado por su competencia, “La Provincia Franciscana de los Santos Francisco y Santiago”, ni siquiera hay una parroquia, sólo una capellanía franciscana, es un lugar estratégico pues está casi en el centro de cualquier parte y por medio de una base ahí, podría desplazar su movimiento al bajío, al norte, al golfo y casi a cualquier lado, además que vigilaría lo que hacen sus rivales de Jalisco.

Iturbide: Todo el país para obtener ganancias, eso no ha cambiado desde que dejé este mundo, el país que forjé como nación no ha cambiado nada desde que entré a la Ciudad de México: “…ya recorrí el inmenso espacio que hay desde la esclavitud a la libertad…”. “Ya sabéis el modo de ser libres; a vosotros toca señalar el modo de ser felices”. (Le quita el sable del cuello)

Fray Benito: Independientemente que creas en espíritus o no mi estimado escritorcito, este señor ya lleva casi doscientos años de muerto, no creo que los fantasmas puedan cometer homicidios, lees mucha literatura barata.

Novelista: ¡Barata tu madre, buey!

Fray Benito: ¡La tuya cabrón! Así que te me largas, pero no sin dejarnos una lana por las buenas atenciones franciscanas que te hemos dado o de otra forma te linchamos entre mis hermanos y yo, no hay posibilidades de…

Iturbide: ¡Evangelista! ¡Sal de aquí! ¡Déjame con el eclesiástico!

El escritor sale de escena riendo de manera muy sarcástica mientras que el religioso sólo observa sin impedirlo.

 

Fray Benito: Mucho se ha comentado en Teología sobre la vida en el más allá y ahora que tengo frente a mí a un fantasma me sorprende que no recuerde nada y que haya vuelto sin recordar nada más que el día de su muerte, por lo visto…

Iturbide: ¡Calla, bellaco! Ahora sabrás el porqué de llamarme “Dragón de Hierro” (Iturbide envaina su sable y derriba de un tajo al religioso, tras bambalinas lo destroza a rebanadas, al dejarlo muerto se posa en su actitud de Emperador y mira de forma perdida al público) No sé qué soy pero no puedo permitir que se repitan los errores que tuve en vida.

Oscuro y pausa. Aparece el novelista sentado en la silla, ahora la mesa tiene una manta y a un lado de él reposa un libro.

 

Novelista: Primero que nada dedico este libro a la memoria del religioso católico y además de eso historiador que me cedió su tesis por escrito antes de suicidarse en su celda con un sable de la época de la independencia y alucinando que fue asesinado por el fantasma de Agustín de Iturbide, personaje histórico en torno al que gira la trama de esta nueva novela.

Atrás del novelista aparece el fraile recreando la desesperación de sus últimos momentos.

 

Novelista: Yo hablé con él poco antes de su suicidio y por escrito me cedió sus tesis, iba saliendo del convento con una copia que él me había proporcionado de dicho documento, cuando escuchamos un grito al parecer el religioso en un acto de desesperación se abrió el vientre tal cuál ritual japonés.

El Franciscano lleva a cabo el ritual tal y cuál, lanzando un ensordecedor grito y cayendo muerto atrás de la mesa donde se encuentra el escritor.

Novelista: Al ingresar a su celda lo encontramos muerto y sólo dejó la siguiente nota de suicidio que he trascrito al inicio de mi novela: “Llamo a la hermana muerte, de quién ningún viviente escapa, haciéndome responsable de haber fornicado con madres de mis alumnos, haber fomentado el maltrato a jóvenes aspirantes dentro de centros de formación, haber sido líder en movimientos de reivindicación monárquica en México por medio de afiliación a logias masónicas de ultraderecha y contacto con grupos de élite, además valerme de dichos medios para la planeación de una extorsión racial a grupos indígenas en diversos estados; dentro y fuera de nuestra provincia, todo con la intención de obtener beneficios económicos, puesto que ya tenía planeado dejar la orden y emigrar a Texas. Por todo esto pido perdón a Dios”.  Aunque a todo esto expongo sin lugar a duda que yo sí le debo mucho al fantasma de Agustín de Iturbide.

El fantasma de Don Agustín hace su aparición entre el público, trae su sable y se posa frente al escritor.


Iturbide: Que tampoco se me culpe por haber sido “Dragón de Hierro” después de la muerte.

Novelista: He de decir que mucho aprendí al recopilar datos para escribir esta novela. Incluso decidí corroborar algo que el difunto Fraile me comentó: impartí talleres literarios en las mismas preparatorias en las que él trabajó y tenía razón, nuestra juventud está enferma, nunca me habían insultado como ahí, nunca me había empujado sólo por tratar de compartir un conocimiento, nunca me habían gritado insultos a coro y acostumbrado a mis ponencias y presentaciones, fue increíble que no me hayan dejado entrar al aula de clase. Ahora entiendo mejor la frustración de ese pobre religioso.

Iturbide: ¿Qué le ha pasado a la nación que liberé? Ahora ya no la llamo mi Imperio, pero qué le ha pasado.

Novelista: Incluso no dejó de atormentarme la postura de un joven que conocí aquí, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Y por muchas cosas prefiero que haya sido aquí  y no en la Semana Negra de Gijón, puesto que me ha hecho darme cuenta que existen mexicanos que pretenden hacer la diferencia del montón y que sin conocerlo le dedico también esta novela. Sólo me restaría preguntarle al Fantasma del libertador y primer Emperador de México, ¿Seguirá manifestándose?

Iturbide: Alguna vez ya lo dije y con ello respondo a tu pregunta: “…ya recorrí el inmenso espacio que hay desde la esclavitud a la libertad…”. “Ya sabéis el modo de ser libres; a vosotros toca señalar el modo de ser felices”.

Los tres actores se incorporan y dan las gracias antes del

 

OSCURO FINAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMENTARIO DEL AUTOR

 

   He de decir que el haber concluido esta obra, luego de haberla constantemente interrumpido marca en mí una madurez y una satisfacción especial al cumplir con mi expectativa de una ficción histórica o al menos basada en un personaje trascendental en la historia de mi país. La condiciones por las cuáles el libertador y primer monarca mexicano, despertaron en mí una inquietud, prefiero ahora omitirlas, sin embargo, sé que al escribir un texto dramático de esta índole cumplo con uno de los más grandes compromisos que no me impuso una moda, sino mi propio deseo de escribir, tan estoy seguro de ello, que de haber hecho caso a mi primera generación, ahora no escribiría esto que ahora estás viendo representado por actores o leyendo, sino un teatro de perversión sexual. Así que ahora me enorgullece no haber tomado esa decisión, tenía muy claro lo que quería escribir en el momento en que lo empecé a mostrar a los demás y desde que fui contagiado por esta enfermedad incurable que es la dramaturgia sabía que tendría un reto mayor al del poeta o narrador, pero es ese reto el que ha logrado que a la fecha el teatro siga existiendo, es lo que lo hace ser lo que es. ¡Gracias, teatro, por existir!

Sobre el autor: Gerardo Martínez Acevedo, “Efrén Bantú” (Matehuala, SLP, 1980) – Ha sido actor de teatro, locutor de radio y actualmente es feliz como profesor de bachillerato y dando talleres de historieta para niños, fue fundador de la revista P.U.T.A, primera publicación de cómic underground de Jalisco. Ha colaborado en las revistas Matices de Alemania, Characato Cómics de Perú y actualmente escribe el guión del cómic “Guadalajara 2040”. 

 

 

 

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2 comentarios sobre “Iturbide… ¿Para qué nos liberaste?

  1. Me gustó mucho. La leí completa de un solo “jalón” fue fácil visualizar los personajes y ver el estreno en el excromento del Carmen. Tu de historiador. El sapo Gonzales de fraile y a Iturbide… no, a el no pude visualizar quien lo podría representar

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