Pastorela: La Invasión de los Comecerebros

 

PERSONAJES:

Hilario, Régulo, El diablo, El ángel, Mujer 1, Mujer 2

En la pradera, de noche.

Hilario y Régulo mirando al cielo.

HILARIO: Oye, Régulo. ¿Ya te fijates cuántas estrellas hay en el cielo? ¿Nunca te has puesto a pensar, que alguien nos pudiera estar vigilando ‘oritita mesmo desde allá arriba?

RÉGULO: Ay, compadrito, otra vez tragando peyote y nada que comparte.

HILARIO: No, no, de veritas, compadre. Gente de otros mundos, de otros planetas, pues.

RÉGULO: Ah, que mi compadre Hilario, ‘ora sí que ‘tas pero bien rezafado. Qué ocurrencias las tuyas. ¿Pos quién va querer estar mirando a dos indios platicar?

HILARIO: Pos los alienígenas, Régulo. Ellos están ahí nomás, ocultos, observando, esperando el momento indicado. Una chancita nomás que nos descuidemos y ¡zaz! Que nos invaden.

RÉGULO: (Con miedo) ¿Nos invaden?

HILARIO: ¡Sí, compadre! Imagínatelos con sus pistolas de láser y espadas de láser y bombas de láser. Ellos están más avanzados que nosotros, eso todo mundo lo sabe. Nos van a venir a esclavizar y luego nos van a comer el cerebro.

Régulo se persigna.

HILARIO: ¡Régulo, voltea pa’tras! ¿Qué es eso?

Apraece el ángel.

RÉGULO: ¡Ay nanita! Hilario, qué se me hace que este sí vino desde Marte.

HILARIO: Por como está vestido se me hace que es de Neptuno, compadre. Pero no estoy así que tú digas tan-tan seguro, no.

ÁNGEL: No teman, pastores.

RÉGULO: (A Hilario) Parece que viene en son de paz.

HILARIO: No le creas nada, compadre.

ÁNGEL: Les vengo a anunciar la buena nueva. ¡El mesías ha nacido en la ciudad de David! La estrella los guiará hacia él. Vayan a adorarlo y regocíjense. ¡Gloria a Dios en los cielos y paz a los hombres de buena voluntad!

Se va el ángel.

Hilario y Régulo se quedan un momento en silencio, pensativos.

RÉGULO: Oye, Hilario.

HILARIO: ¿Qué?

RÉGULO: ¿Qué es un ‘mesías’?

HILARIO: Ah, si serás bruto. ¡El mesías es el salvador!

RÉGULO: ¿Y de qué nos va a salvar o qué?

HILARIO: ¡Pos’ de la invasión extraterrestre! ¿O de qué pensabas tú?

RÉGULO: Pos’ la rebelión de las máquinas también está cerca, compadre.

HILARIO: Sí, yo pensé eso mesmo al principio. Pero ¿para qué vendría un neptuniano a prevenirnos de las máquinas terrícolas? Lo que de veras está pasando, compadre, es que hay una invasión de alienígenas extraterrestres del espacio exterior ahoritita mesmo en el planeta Tierra.

RÉGULO: ¿Y qué hacemos compadre?

HILARIO: Pues no nos va a quedar di’otra que hacerle caso al Neptuniano. Hay que ir a adorar al salvador, y con sus poderes extra-sensoriales va a protegernos de la amenaza que aqueja nuestro mundo.

RÉGULO: Pos’ pa’ llegar hay que seguir aquella estrella.

HILARIO: Sí es cierto. Pa’ mí que esa ha de ser la nave nodriza. ¡Vamos, Régulo! Que pa’ luego es tarde. El destino de la Tierra está en nuestras manos.

RÉGULO: ¿Y te las lavates?

Salen Hilario y Régulo. Aparece el Diablo.

DIABLO: No es posible. El mesías ha nacido esta misma noche. Ahora los hombres lo seguirán a él y se alejarán de mí y de mis tentaciones. ¡Tengo que hacer algo para evitarlo a toda costa!

El diablo pasea de un lado a otro, pensativo. Entran Hilario y Régulo. Se asustan al ver al diablo. Se esconden tras un arbusto.

RÉGULO: ¿Y este cornudo de dónde salió?

HILARIO: ¡De seguro que es de los invasores, compadrito!

Régulo se persigna.

RÉGULO: ¿Nos irá a comer el cerebro?

HILARIO: Pos’ si se come el tuyo primero, ya me cargó la tostada. ¡Le va a quedar un hambre!

RÉGULO: Oye, Hilario, ¿y este de qué planeta es?

HILARIO: ¡Yo qué voy a saber! ¿Me vites cara de Wikipedia acaso?

RÉGULO: Pos’ yo te pregunto porque…

HILARIO: (Interrumpe) Shhh… ¡Nos va a oír! Mira: Hay que pasar por ahí pa’ llegar a la nave nodriza. Tú distráelo y yo me pelo.

RÉGULO: Mira qué chistoso, y a mí que me coman el cerebro.

HILARIO: Alguien tiene qué sacrificarse por la humanidad, compadre ¡son tiempos difíciles!

RÉGULO: ¡Que se sacrifique otro! Yo aquí me quedo.

HILARIO: Está bien, tendré que ser yo. Régulo: si no sobrevivo, dile a mi mujer que su marido fue un héroe.

RÉGULO: Yo le digo, compadre.

HILARIO: Y cuídala de que no la vayan a abducir los alienígenas.

RÉGULO: Yo la cuido, compadre. ¡Antes me abducen a mí!

HILARIO: Y de que no la vayan a raptar para procrear con ella.

RÉGULO: No te apures, Hilario. ¡Antes procreo yo!

HILARIO: ¡Mejor vamos los dos! Al cabo ni estamos seguros si este es de los buenos o de los malos.

Hilario y Régulo caminan con cuidado detrás del diablo.

Él los sorprende y ellos se detienen.

DIABLO: Buenas noches, caballeros.

RÉGULO: (Tartamudea) Buenas noches, señor don Marciano.

DIABLO: ¿Puedo preguntarles a dónde se dirigen?

HILARIO Y RÉGULO: Pa’ allá. (Apuntan en diferentes direcciones.)

DIABLO: ¿No será que están siguiendo aquella estrella que apareció repentinamente en el firmamento?

HILARIO: ¿Cuál estrella?

DIABLO: En aquella dirección, la más grande.

HILARIO: No la veo.

DIABLO: Esa estrella. Ahí en ese lugar.

HILARIO: No, no la veo. ¿Cuál?

DIABLO: Pero si está justo en frente. ¿Estás ciego?

RÉGULO: (A Hilario) Creo que ya nos descubrió, compadrito.

HILARIO: Pos’ pa qué negarlo. Sí. Andamos siguiendo aquella estrella. ‘Ora, con su compermiso. Vámonos, compadre que hay que ir a ver al mesías.

DIABLO: Hombre, pero ¿por qué tanta prisa?

HILARIO: Esto es cuestión de vida o muerte, patroncito.

RÉGULO: El futuro del planeta está en juego.

DIABLO: Amigos míos, vamos a echarnos unas cervecitas, yo los invito.

HILARIO: Pos’ yo creo que sí nos puede esperar tantito el mesías, ¿no?

RÉGULO: Sí, no hay que quedar mal con el señor don Marciano. ¿Verdá?

El Diablo conjura las cervezas y las reparte.

RÉGULO: ‘Ta rebuena la cervecita.

DIABLO: Amigo, te puedo dar muchas de éstas, y tengo para ofrecer otras cosas que también les pueden interesar a los dos.

HILARIO: ¿Cómo cuáles?

DIABLO: Riquezas, mujeres, poder. Sexo, drogas y rock n’ roll, baby. Yeah.

RÉGULO: Pos’ no sé tú, Hilario, pero a mí se me hace que sí nos conviene juntarnos con este señor.

HILARIO: ¿Y qué hay qué hacer, o qué?

DIABLO: Ustedes nada más déjense querer, mis queridos pastores.

El diablo conjura a dos mujeres bellas que le ofrecen dinero y joyas a los pastores.

RÉGULO: Oiga ¿no me puede llevar a su planeta, mejor?

DIABLO: A donde quieras puedes llegar si me sigues, Régulo.

RÉGULO: Achis, achis. ¿Quién le dijo mi nombre?

Hilario se lleva a Régulo aparte y le quita la cerveza. Pone las dos botellas sobre una roca.

HILARIO: Compadrito, aquí algo me huele muy mal.

RÉGULO: Sí, ¿verdad? Como que huele a azufre.

HILARIO: A mí se me hace que este cornudo algo se trae.

RÉGULO: Pos’ lo que nos trajo está rebueno.

HILARIO: A mí se me hace que estas viejas y este dinero son proyecciones holográficas de alta tecnología extraterrestre. Nada es de a gratis, compadrito. Pa’ mí que éste algo quere.e

RÉGULO: Ah qué mi compadre tan desconfiado. Mira que dudar de estas señoritas tan finas y de estos regalos tan valiosos.

Hilario camina hacia el diablo.

HILARIO: A mí no me va a engañar con estos artilugios de origen cuestionable. ¿Qué es lo que usté’ anda buscando aquí en este planeta?

DIABLO: Amigo mío, lo único que a mí me interesa es que este mundo disfrute de la vida como se debe. Tengo tantas cosas maravillosas qué ofrecer. Sólo tienen que olvidarse de ese recién nacido. ¿Es mucho pedir? Lo que él trae para ustedes no brilla tanto como este reloj, ni es tan extraordinario como este iphone. Anda, ven conmigo. ¿Qué dices?

Entra el ángel.

ÁNGEL: Pastores, no escuchen a este desgraciado.

DIABLO: Tú…

ÁNGEL: Él les ofrece los mejores obsequios, pero a cambio les arrebata su alma, su felicidad y a los que más aman. ¡Aléjense de él! No caigan en tentación. No dejen ir el gozo eterno de Dios por los placeres banales del diablo.

Hilario corre hacia Régulo.

HILARIO: Se me hace que el cornudo es el malo. ‘Ora sí estoy segurito.

RÉGULO: ¿Después de las muchachas tan bonitas que nos presentó? Yo todavía tengo mis dudas, Hilario.

El ángel desenvaina su espada, el diablo empuña su tridente.

HILARIO: ¡Madre santa! ¡Las espadas láser! ¡Agáchate, Régulo!

El diablo y el ángel se enfrentan en un duelo.

Finalmente la espada del ángel hiere al diablo en el pecho.

ÁNGEL: Muere, bastardo.

DIABLO: Se necesita más que eso para acabar conmigo.

ÁNGEL: Lárgate de una vez.

DIABLO: ¡Me voy! Pero volveré.

El diablo y las mujeres se esfuman.

RÉGULO: A ver, no entendí. ¿Tons’ tú eres el bueno?

El ángel ríe. Hilario le da un zape a Régulo.

HILARIO: ¡Cómo serás tarugo, claro que éste es el bueno! Faltaba más.

ÁNGEL: Vayan, pastores. ¡Dense prisa! Que están a punto de llegar.

El ángel desaparece.

RÉGULO: Mira, Hilario. ¿Qué se ve allá?

HILARIO: ¡Es el pesebre!

RÉGULO: Misión cumplida, compadrito.

HILARIO: Ahora va a ser como dijo el Neptuniano. Esta criaturita recién nacida nos va a llevar al gozo eterno y al camino de la felicidad.

RÉGULO: ¿Y el otro? ¿El cornudo? Dijo que iba a regresar.

HILARIO: Pos hay que estar alertas y no dejarnos engañar por él. Ya no vamos a necesitar esto.

Se quitan el reloj y las joyas. Los dejan en el camino.

HILARIO: ‘Ora sí vamos a conocer al mero bueno. ¡Qué buena noticia que ya nació!

Reanudan su camino.

RÉGULO: Oye y ¿nos irán a dar espadas láser por si se nos vuelve a aparecer? Digo, pa’ defendernos.

HILARIO: Ah qué mi compadre. Si serás bestia.

Salen.

FIN

* * *

FINAL ALTERNATIVO:

El diablo entra, está herido. Las mujeres lo ayudan a andar.

DIABLO: Esta vez estuve así de ganarle a ese ángel. No sé qué me faltó, será que ya me estoy poniendo viejo.

MUJER 1: No seas tan duro contigo.

MUJER 2: Te esforzaste.

MUJER 1: Ya habrá otra oportunidad.

Llega el ángel.

DIABLO: ¿Se puede saber a qué vienes?

ÁNGEL: Ya está hecho.

DIABLO: ¿Con regalos y todo?

ÁNGEL: Uf. Con decirte que también llegaron tres reyes y vaya que le llevaron cosas finas.

DIABLO: Me lleva.

ÁNGEL: Y ya sabes lo que sucede cuando el primero de nuestra especie nace en un nuevo planeta. Si los nativos lo reciben con regalos, significa que nos podemos quedar y…

DIABLO: Comerse los cerebros de los habitantes. ¡Qué descaro!

ÁNGEL: ¡Son las reglas! Yo no las escribí.

DIABLO: Pero bien que disfrutas comiendo sesos.

ÁNGEL: Mientras se pueda, vamos a seguir. Es la ley de la vida.

DIABLO: Tanto que ahorré para ofrecerles esos regalos tan costosos y tú prometiéndoles el gozo eterno y no sé qué fregaderas.

ÁNGEL: Me la compraron, ¿sí o no?

DIABLO: Ay ya cállate, presumido. En el próximo planeta no te va a salir el chistecito. De eso me encargo yo.

ÁNGEL: Eso quisiera verlo.

DIABLO: Oh sí, lo verás.

ÁNGEL: Hasta luego, mi amigo. La verdad es que si no estuvieras aquí, este universo sería tan aburrido…

DIABLO: Ya lárgate.

El ángel se va.

DIABLO: Al menos, todavía tengo mis tentaciones. ¿O no, chiquitas?

MUJER 1: Claro que sí, mi rey. Aquí estoy para ti.

MUJER 2: Cuando quieras, bizcochito.

DIABLO: Así me gusta, muñequitas. Nada más no se peleén, que para las dos hay.

FIN

Perla Saldívar Alanís

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