Navidad en el sur

Siempre rodeados de la fantasía.

Desde pequeños en familia, son estos días cargados del calor bochornoso y húmedo y el infaltable olor a jazmines, el olor de la cocina a leña o el ruido de la rutina callejera que grita anunciando por las cuatro esquinas: ¡Feliz Navidad!

Así se despiertan los niños de este lado del planeta, entre ellos Juan y Lucía esperando desde temprano la noche navideña.
Los niños han rodeado el nacimiento, de hierbas del patio para los camellos y para los reyes magos un plato con frutas. Es la fiesta de la familia como en todas partes del mundo, el estío irrumpe por este sur y es época de ropa liviana, playa, o guerrillas de agua en horas de la tarde.
Mientras tanto los  mayores han preparado el patio para reunirse en la noche donde no faltará la carne en la parrilla, sin antes degustar los bocadillos de las madres y las abuelas en una «picada» de sándwiches, pascualina y un gran medio tanque con hielo repleto de bebidas para lo que será una jornada inolvidable.
Se enciende el fuego ya y las brasas hacen su trabajo dorando por lo menos dos corderos. Poco a poco va llegando la familia y el pie del árbol navideño no se ve y la mesa está repleta de alimentos.
Es una fiesta para Juan y Lucía la llegada de sus primos que vienen del norte, donde el clima es tan distinto. Corren, trepan y se abrazan felices intercambiando besos.
A partir de las diez de la noche están sentados a la mesa, las abuelas ya han llegado de la «misa de gallo» como es costumbre y la mesa está servida. Todos juntos cenando.
Cuando las campanadas de la pequeña iglesia del barrio anuncian la media noche, se agitan los pequeños en sus sillas pero es la hora del brindis, de los besos y los abrazos con buenos deseos. Es la hora de las sidras, del champán y el licor dulce para acompañar los postres, el característico postre uruguayo de toda fiesta, el postre chajá cuyos ingredientes son bizcochuelo, crema de leche o «crema doble» y trozos de duraznos en su almíbar. No faltan al final los helados de vainilla y limón, bien caseros, que según los mayores, es «digestivo» después de tanta comida.
El pan dulce, el budín inglés, nueces, avellanas, pasas de uva, turrones de todo gusto, frutas abrillantadas,engalanan la mesa.
Fuegos artificiales, luces de bengala y pirotecnia coronan el cielo alborotando las estrellas.
Mientras tanto, el primo mayor con su disfraz de Papá Noel, lee las tarjetitas de cada envoltorio, las risas y chillidos de los niños por un lado, y el montón de papeles se vuelve un sobrepiso.
Así es la tradición de este lado de Sudamérica, en nuestro pequeño país de forma de corazón, Uruguay bañado por su río homónimo y el río de la Plata, entre los países hermanos, Argentina y Brasil.
Aún hoy se mantienen estas tradiciones. Los que ya no están se han encargado de que así sea.
Maria Senatore
Uruguay
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