El andar del Krampus y la niña de las cerillas

— ¿Quienes te hicieron esto? —preguntó la voz de los infiernos. Su silueta se movía entre las sobras de la pared, era la noche más fría del año. La criatura de dientes afilados, cara grotesca y gran cuerpo con pelo grisáceo y cuernos largos de chivo siguió mirando atento con sus ojos ambarinos y humeantes. La pegunta se dirigía a la niña que miraba interrogante su cuerpo inerte en aquel callejón. Ella no notó el momento en que llegó la muerte pues sólo recordaba haber prendido unas cerillas para poder estar cálida junto a la chimenea, se enojarían con ella por haber desperdiciado así lo que debía vender ese día.

— ¿Quienes te hicieron esto?—volvió a preguntar la criatura demoníaca, su entusiasmo era demasiado pues únicamente lo dejaban suelto aquella noche en particular.

La niña vio toda su vida, tiempos y escenas de su corta vida, pero recordó ese día, hasta el atardecer y volvió a recordar sus ilusiones. La criatura vio todo esto y comprendió por lo que la niña había pasado sin que ella le dijera palabra alguna, pues eso es algo que sólo hacen los espíritus; de inmediato se escucharon unos jadeos, como los de un toro embravecido, en un tronido ese diablillo y la niña estuvieron en otro lugar, era más acogedor que la choza donde ella vivía, había cortinas de terciopelo y un pino natural lleno de adornos; bajo este árbol estaban varios regalos, se podía oler y sentir la calidez de la casa que provenía de la chimenea encendida. Entonces caminaron unos pasos y llegaron a un cuarto donde un niño dormía, su sueño lo hacía ver inocente, el corazón de la niña dio un vuelco al reconocerlo como aquel niño que le había negado la ayuda y le mostró la lengua; los recuerdos vinieron sin que ella los controlase. El niño había cometido soberbia, seguramente le explicaron sobre la ayuda al prójimo y el compartir, pero al no hacerlo la criatura se vio obligada a castigarlo.
Esta era la única noche en que se lo permitían. La niña vio cómo sacaba un montón de ramas de un saco rojo que traía, se acercó a la cama del niño y lo sacudió para despertarlo, al verlo los gritos fueron inevitables, la bestia reía también. Era un sonido de cadenas y golpes que la estremecía, esto hizo que la niña se tapase los oídos con sus manos, pero siguió viendo aquello con horror, el niño era castigado. La criatura agarró al niño desde su tobillo, abrió el saco y lo metió mientras los gritos eran acallados al meterlo; dentro del saco se podía observar lava hirviendo, el olor a azufre invadió el ambiente.

— ¿Quien más te hizo esto, pequeña?—le preguntó, sin importarle cómo se sentía.

Ella no pudo detener sus pensamientos que se reflejaron en imágenes claras, procuró pensar en el amor de su madre y su abuela, pero la imagen rebotaba, se veía quién más la había ignorado. Quien siguió fue un niño gordo que comía pan, quiso contener la imagen, pero el hambre que sentía en aquel recuerdo llegó con mucho ímpetu, pegando en su mente y rememorándole el hambre que ahora ya era un recuerdo lejano. Aunque la niña negase sus pensamientos la criatura los veía tan claros y transparente como el hielo. Aunque ella los reprimiese el niño era el siguiente castigado, vio cómo lo agarraba de los tobillos, con fuetes lo golpeaba hasta hacerlo llorar para después sacudirlo y meterlo al costal.

— Van al infierno por lo que te hicieron y por otras acciones que los llevaron a esto —le respondió la criatura de dientes afilados.

La niña sintió como su corazón se apretaba en el pecho. No quería ser parte de aquel recorrido, la criatura en cambio parecía disfrutar los gritos y el sufrimiento de los niños. En un intento de evadirse se tapaba los oídos con ambas manos. El monstruo le repetía la pregunta.

— ¿Qué te pasa, niña?
— Para —jadeó entre lágrimas—. Para ya… no… no tenían que…

Se arrodilló en aquella oscuridad, al notar que las lágrimas salían la bestia peluda de dientes afilados y cuernos de chivo se acercó a ella. Tocó sus mejillas, su tacto la dejó aterida, él vio la lágrima en su garra y la tomó. Ella cerró los ojos.

— En verdad eres un alma pura —le dijo la criatura—. Abre los ojos, mira dónde estamos ahora.

Trató de calmarse, notó que estaba en aquel callejón, vio su cuerpo congelado y rígido, se preguntaba a dónde debía ir después de la muerte.

— ¿Recuerdas aquella luz en la pared antes de dormirte y morir? —le preguntó la criatura calmada. Ella respondió afirmativamente—. Ve ahí —continuó—. Ve ahí, a ese calor.

Caminó dudosa, pasó a un lado de su cuerpo, notó que no dejaba huellas en la nieve. Se acercó a la pared donde veía aquella casa cálida, junto a su madre. Giró a ver a la horrrible criatura, ya no la asustaba tanto y se había acostumbrado a sus ojos infernales.

— ¿A dónde irás?—preguntó la niña mirando atrás.
— A continuar la jornada, quedas en buenas manos —la criatura levantó la mirada, por primera vez se le notaba asustado.

La niña giró la mirada, quería saber qué podía asustar a la criatura. Vio a un viejo con barba blanca.

— Hola, Krampus —le dijo con voz amable mientras estiraba la mano.

La niña sabía quién era él, por lo menos por las leyendas contadas entre su familia y vecinos. Krampus veía la escena, bajó la mirada con repulsión. San Nicolás le era detestable, pero no podía ser desagradecido con él ya que era la única noche que le permitían atormentar niños.

La niña había olvidado la muerte y el frío, un alma que no conocía la maldad era perdonada fácilmente, el limbo ya era un lugar con paso directo al cielo, ahora San Nicolás debía acompañarlo. Así la niña de las cerillas volvió al calor que no esperaba sentir mas allá de la muerte, en el cielo de los niños fallecidos, donde a todos les quedaban muchas cosas por recordar y agradecer.

Sobre la Autora: Laura Elena Sosa Cáceres – (Reynosa, Tamps. 1985) tomó el diplomado literario de la Sociedad General de Escritores de México, es licenciada en Letras Mexicanas por la UANL (2008-2013). Escribe como columnista invitada para periódico “El norte” y en su blog personal. Fue antologada en “Cuadrántidas” (poesía sci fi) y “Mundos remotos y cielos infinitos”, tiene tres libros de autora que son “Con los restos a aquellos añejos” y “Con los añejos a aquellos restos” (variación del mismo libro de relatos), “Amantes del plenilunio” por parte de POETAZOS, y “Hemólisis”, que es el libro más actual.

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