7:19

“ 7:19… el temblor fue a las 7:19 a.m…”
Fernando Pellicer
(Personaje de Demián Bichir)

La arriesgada apuesta de Jorge Michel Grau se aleja un poco del cine de horror al que nos tenía acostumbrados con sus anteriores trabajos como “Somos lo que hay” al que emparenta en su visión oscura y pesimista o sus cortos “I is for Ingrown” y “Muñecas“ incluidos en ABCS of Death o México bárbaro, respectivamente.

7:19 nos muestra mas bien la contraparte de su cinta de 2015 “ Big Sky”, donde la protagonista padecía de agorafobia; en esta cinta nos presenta un terror real y más humano al que cualquiera estamos expuestos, valiéndose para esto de un ambiente totalmente claustrofóbico y minimalista, entregando así su visión de el sismo ocurrido en la Ciudad de México en 1985 con un  enfoque muy diferente a los lugares comunes que encontramos por lo general en las películas de desastres naturales o dramas, y logrando retratar muy bien el espíritu mexicano gracias al guión escrito por Alberto Chimal y el propio director.

La película inicia con el planteamiento de dos personalidades antagónicas, el arrogante Fernando Pellicer subsecretario de alguna dependencia de gobierno (Demian Bichir) y el anciano velador del edificio Martín Soriano (Héctor Bonilla) para segundos después mostrarnos cómo el temblor a “derrumbado” las diferencias sociales y jerárquicas que les separaban, encerróndolos bajo los escombos del derruido edificio, dejando en claro que la naturaleza y el azar no tienen preferencias o prejuicios, y cómo pueden variar muy fácil las ventajas y las desventajas de cualquier persona en una situación extrema, esto ejemplificado con el hecho de que en el subsuelo, el carísimo reloj de oro del subsecretario se convierte en un simple objeto sin ningún valor de un segundo a otro, mientras que por el contrario, la lámpara y las pilas propiedad del velador, artículos comunes y corrientes, se vuelven imprescindibles y valiosísimos en la lucha por sobrevivir. A partir de ahí se empieza a tejer un ambiente opresivo gracias a una casi nula iluminación, un sonido ambiental angustiante, donde escuchamos el edificio cimbrarse y crujir a cada momento y las voces de los demás sobrevivientes del siniestro a quienes no vemos a cuadro, invitando o más bien obligando al espectador a compartir e experimentar la sensación de estar enterrado vivo bajo toneladas de escombros junto a los dos personajes, quienes pasan de la indiferencia o la sana distancia inicial, a un sube y baja de emociones compartidas como el dolor, la empatía, la impotencia, la frustración, el resentimiento, el coraje y el odio, emociones que van y vienen mezclándose a lo largo del film, genialmente desarrolladas en un tour de force por Bonilla y Bichir, quienes logran superar el obstáculo de realizar sus actuaciones teniendo en contra las incómodas posiciones físicas en que se encuentran los personajes y con un mínimo de movimientos corporales.

7:19 es en ese sentido muy cercana a “Rojo amanecer” (Jorge Fons 1989) por la forma en que plantea las variantes de un problema nacional, desde una óptica intima y en base a la explotación de sus personajes, casi como pieza teatral.
Por momentos la cinta ejemplifica y captura muy bien, de una manera muy precisa ese humor negro tan propio de los mexicanos ante cualquier situación, arrancando al espectador algunas risas; aunque suene casi increíble, mismas que sirven de contrapeso perfecto al ambiente opresivo y claustrofóbico de la cinta sin restarle seriedad a la situación pero dotándola de ese enfoque diferente y tan propio del mexicano que mencionaba en un principio.

El temblor del 19 de septiembre del 85 fue un suceso que marcó al país, es de extrañar que no exista mucha filmografía sobre el mismo, salvo contados y aislados ejemplos como “Trágico terremoto en México “(Fernando Guerrero 1987).  El film no es un vehículo de denuncia, es más bien un digno intento por retratar los hechos, metiendo al espectador en esa situación sin recurrir a las trilladas fórmulas del melodrama y explotando al máximo la cámara y el sonido; aquí no habrá caníbales urbanos u asesinos slashers pero sigue habiendo terror, se nos presentan cuales monstruos agazapados la obscuridad en ciernes, los fierros retorcidos, los cimientos opresores, o el cableado eléctrico del edificio despatarrado como intestinos.

A final de cuentas pocas cosas son tan terroríficas, como la sensación de ser sepultado vivo.

Ojalá más directores mexicanos se sigan arriesgando a intentar innovar como Jorge Michel Grau.

Sobre el autor: Gabriel Carrillo – Nacido el 06 de Noviembre de 1976, originario de Apodaca, Nuevo León. Coleccionista, Lector Compulsivo y Cine fago irredento. En el año de 1989 participo en un taller de redacción organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, en 1990 la Facultad de Filosofía y Letras publico uno de sus relatos llamado” El Boxeador” en su revista “Forma”, ocasionalmente se han publicado algunos de sus cuentos y escritos en fanzine, así como algunas publicaciones de aficionados.Recientemente participo con un relato llamado ” motus dormientis deus” en relatos entre calabazas y calaveras;pequeñas historias de temporada para eliminar el terror a la lectura de Frecuencia Tec. Su relato “una pelea de gallos en cuba” obtuvo una mención honorífica en el concurso Nyctelios 2015 organizado por el circulo lovecraftiano y de horror.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s