Hombre y palabra

Después de una larga semana de trabajo finalmente llegaban las vacaciones. Había decidido que me quedaría en Acapulco con una de mis mejores amigas pero a última hora ella tuvo que cancelar por cuestiones del trabajo. Sabiendo que iría sola decidí tomar la carretera temprano para poder llegar a medio día.

Una vez en el puerto entré a mi departamento y desempaqué lo más rápido que pude. Hacía mucho calor y la playa no estaba tan llena. Me puse el traje de baño y caminé hasta la arena. Las olas no eran muy grandes ese día así que decidí quedarme en la orilla jugando con la arena. Después de una hora regresé al camastro. Me puse mi vestido, lentes y me recosté. El sonido del mar me relajaba, el sol brillaba moderadamente y las gaviotas volaban sobre mí. No había mucho ruido en la playa porque la mayoría de las personas se habían regresado a la piscina, así que decidí leer un rato mientras lograba un buen bronceado. Metí mi mano a la bolsa y busqué el libro pero no lo encontré. Por un momento pensé que se me habría caído en el trayecto a la playa pero luego me di cuenta de que se encontraba en el suelo. Lo tomé y lo abrí en la página que estaba leyendo, fue en ese momento que me percaté que las páginas del libro estaban en blanco. “¿Cómo es esto posible?” Pensaba yo sin encontrar sentido a lo ocurrido. De pronto me detuve por un instante al encontrar algo aún más extraño: la playa estaba completamente en silencio. Eso definitivamente no era usual. Algo raro sucedía.

Aun sin poder encontrar una explicación a lo sucedido cerré los ojos y respiré profundo. Cuando volví a abrirlos no había cambiado nada. Las hojas seguían en blanco, la playa en silencio. En ese momento volteé a mirar el horizonte y una fuerte brisa me hizo ver hacia la derecha. Una figura blanca con forma de hombre se presentó frente a mis ojos. No tenía rostro pero tenía manos y piernas.

Mientras yo trataba de deducir qué era exactamente lo que estaba observando la figura extendió su mano y la pasó sobre las hojas en blanco del libro. Al principio no sucedió nada, luego las palabras brillaron y regresaron al libro. Repitió lo mismo con su mano y ahora en lugar de volver a brillar las palabras se proyectaron en su mano y se acomodaron en su cuerpo como si se estuvieran escribiendo en una hoja en blanco.

La historia que se proyectaba en su cuerpo era la misma que se podía leer en el libro. Me quedé maravillada ante lo que veía y le pregunté quién era él. La figura no respondió con sonido alguno, pero de repente las palabras que estaban proyectadas en él se borraron y tan sólo permaneció una frase: ” Soy lo que tú quieras que sea, un espectro, un hombre, un reflejo…”

Me quedé callada al leer la frase y decidí sólo observar en lugar de tratar de entender. La figura, al ver que me quedaba callada, se acercó a mí. La frase en su cuerpo desapareció y el hombre volvió a quedar en blanco. Extendió su mano derecha y me indicó que la tomara. Hice lo que me pedía y le ofrecí mi mano. La figura no era sólida pero tampoco era imperceptible. Al juntar nuestras manos lo único que podía sentir era un tipo de energía que la sostenía evitando que cayera. Con un movimiento me indicó que no me soltara y puso su mano izquierda sobre mi cabeza. Lo único que podía percibir era la misma energía que en la mano, pero ahora pude notar unas ondas cálidas que viajaban alrededor de mi rostro. De pronto retiró su mano de mi cabeza y me soltó con la otra. No entendía cuál había sido el propósito de esto hasta que una imagen se proyectó en él.

Era yo y mi madre hace muchos años en esta misma playa. Nos tomábamos de la mano mientras recogíamos piedras a la orilla del mar. Las olas eran más grandes que las que había hoy y el sol brillaba con más potencia. Mi padre nos llamaba desde lo lejos para que lo acompañáramos y disfrutáramos del mar. Mientras recordaba ese día una lágrima corrió por mi mejilla. No había visto a mis padres desde que me había graduado de la universidad.

El recuerdo terminó y la figura proyectó otra cosa en sí mismo. Era otro texto pero éste por alguna razón me parecía familiar. Cuando comencé a leer me percaté de que evidentemente la historia me era muy conocida. Era mi propia historia.

Volteé a ver a la figura, tratando de obtener respuesta alguna. No me dio ninguna. Solamente me tocó la muñeca y me dejó grabado con tinta mi nombre. La figura comenzó a alejarse y sin detenerse, a pesar de que yo le suplicaba que volviera, se sumergió en el mar y desapareció.

Sobre la Autora Verónica Jurado Devars (Ciudad de México, 1998) – Actualmente estudia en el Colegio Francés del Pedregal el último año de bachillerato. Ha escrito muchos cuentos y participado en múltiples certámenes de escritura.

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