Cuando viene el coco

Duérmete, niño,
Duérmete ya,
Que viene el coco
Y te comerá

 

Dicen que cuando se cae la paleta al piso es mejor dejarla ahí; ya saben, por eso de que la chupa el diablo.
Dicen que cuando le sueltas la mano a tu mamá en el súper puede llegar un hombre malo a robarte.
También dicen que cuando, y sólo cuando, estás en tu sueño más profundo aparecen los regalos de Santa Claus.
Y, dicen que al que no se duerma temprano se lo lleva el Coco.

Regina no era ajena a ni uno de estos cuentos. De hecho se los sabía muy bien. Por eso prefería no comer paletas que se caían al piso; en el súper tomaba a su madre de la mano; cada navidad era la primera en dormirse y la última en levantarse; y en la noche, cuando escuchaba a su madre llegar a la casa, corría directo a la cama para que no se la llevara el Coco. Sin embargo ninguna de estas historias le ayudó a prevenir su encuentro con él.

Regina conoció al Coco después de chillar horas en su cama porque encontró a su madre poniendo los regalos bajo el pino. Lo conoció después de darle la mano sudada a aquel niño en el recreo y después de descubrir una mancha marrón en la pequeña braga. Regina conoció al Coco en pleno día y en plena calle; cuando su madre olvidó pasar por ella en la parada del camión escolar.

El viento arrastraba las hojas secas por el pavimento donde Regina estaba parada. El sol comenzaba a desvanecerse, los faroles iluminaban las hojas secas tiradas en la calle y el frío de la noche atravesaba sus pequeños brazos. Pensó en timbrar en la casa de enfrente para pedir un teléfono pero le daba pena molestar a los vecinos así que se sentó en la orilla de la banqueta con la mochila en el regazo.

Desde la esquina se oyeron unos pasos dirigirse hacia ella; el chocar del zapato con el pavimento le paró las puntas del pelo. Y de un segundo a otro Regina tenía una sonrisa de dientes amarillos ante ella: la sonrisa del Coco.

Le invitó una nieve para pasar el rato pero ella ya tenía frío, así que le rechazó la invitación. Éste le respondió con un fuerte apretón en el brazo y con una amenaza al oído que le trajeron lágrimas de susto a las pupilas.

Cuando los vecinos se asomaron por sus ventanas sólo vieron la mochila roja abandonada en la banqueta.

Se lanzó la alerta AMBER por la mañana:

Regina Legaria González

Edad: 13 años
Fecha de los hechos: 04/02/2004
Género: Femenino
Cabello: Ondulado, negro, largo
Ojos: Café Oscuro
Señas particulares: al sonreír forma dos orificios por encima de la comisura de la boca.

LADA SIN COSTO

01 800 00 854 00

Pero no hubo respuesta. Las investigaciones de los policías y los esfuerzos de la madre fueron inútiles. Ni modo, a Regina se la llevó el Coco, a Regina la chupó el diablo.

Por la noche los oficiales abrazaron a la madre que entre lágrimas les agradeció con un abrazo.

Ellos subieron a la patrulla.
Del trabajo regresaron a la esquina de Zaragoza y Colón donde los recibe un viejo detrás de una mesa de madera.
Los deja pasar a esos cuartos llenos grietas y pintura caída; esos cuartos que contienen camas que contienen mujeres.
Y en el pasillo, además de escuchar los gemidos, un oficial le pregunta a otro:
— ¿Y por qué le dicen el Coco, wey?
— Pss.. ira esa. Se las lleva bien morrillas —le contesta mientras se cierra la bragueta y deja un billete de doscientos sobre la mesa de madera.

 

Priscila Palomares (Monterrey, 1994) ha publicado diversos textos en antologías y revistas nacionales e internacionales entre ellas: Fractales (2012), Incandescencias (2013), Cosmonauta (2014), Por qué tiemblan (Argentina, 2015), CoLiTa (Colombia, 2015), El Axolote (2015); ha organizado antologías para jóvenes escritores tales como Paletas (2013), Colores (2013) y Detrás de la montaña roja (2014). Dirige la revista artística Ahí Muere e imparte de talleres de escritura creativa en espacios culturales e instituciones privadas. Publicó el libro Nueces y sirenas (2014) con editorial Abismos y algunos fragmentos de lo que alguna vez fue Regina (2015) con editorial Poetazos. Ha sido ganadora del certamen Palabras que cuentan VII en la categoría de narrativa (2016) y mención honorífica en el concurso de narrativa Red de historias (2016). Su primera novela Champú ganó Laboratorio-convocatoria Nuevo León I (2015) y se publicará en el transcurso del 2016. Actualmente trabaja en un poemario y busca las cochinillas que perdió a los ocho años.

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