Versus – Star Trek IV: Misión, salvar a la tierra (Star Trek:The Voyage Home)

“El espacio, la última frontera”

Hace cincuenta años se escuchó por primera vez aquel famoso intro que nos llevaba al espacio estelar a conocer formas de vida, lugares y situaciones que sólo a la ciencia ficción le es posible regalarnos. De la mano de los escritores más avezados del género en aquellos años, ¿te suena Theodore Sturgeon? Los guiones de Star Trek eran sólidos y, vale decirlo, muy buenos como ciencia ficción. ¿Un beso interracial en la tv de 1968? Wooooo, ciencia ficción y de la dura.

Aunque estamos felices por el acontecimiento no vamos a hablar de la serie televisiva que nació hace medio siglo. Vamos a celebrar el acontecimiento reseñando la cuarta entrega de la saga cinematográfica: Star Trek IV: The Voyage Home. Misión salvar a la tierra en un español que te espoilea un poco de qué se trata.

Era 1979 cuando llegó Star Trek, La película. Hacía dos años que Gorge Lucas había dado impulso a la ciencia ficción en el cine, ya saben con qué película que junto con la anteriormente mencionada inaugura el versus de trekis y warsis. Bien por ello. 1982 nos trajo la Ira de Khan; 1984 En busca de Spock y finalmente 1986 nos entregó Viaje a Casa. Las menciono porque esa serie de películas se suceden en una línea argumental y cronológica cual si fueran los episodios de TV estrenados casi cada dos años.

¿Por qué la IV y no la uno? Porque sí. Y además los coeditores me dieron permiso. Ya lo entenderás.

Venimos del episodio 3 donde la tripulación escapó por los pelos usando el ingenio y de paso destruyendo la afamada y querida Enterprise con unos cuantos Klingons malos y feos abordo, incluído un Christoper Loyd muy en su papel con todo y xoloescuincle espacial de mascota. Nos quedamos con la nave Klingon y en ella llegamos a Vulcano para que Spock termine de… ¿resucitar? Bueno, el episodio 3 es bastante esotérico por decirlo de una manera políticamente correcta.

Finalmente debemos ir a la tierra a dar la cara por todas las travesuras que cometió la tripulación en el episodio anterior con tal de rescatar al Spock, entre ellas el reclamado asesinato de los Klingons. Con lo que nadie contaba, exceptos los guionistas, es con una sonda extraterrestre e ininteligible que se dirige a la tierra radiando señales dañinas a las naves y al mismo planeta tierra.

Tan mal se torna el asunto que debemos poner en cuarentena al hogar de la Federación de Planetas Unidos y pedir que nadie se acerque incluyendo a la tripulación del Enterprise que ahora viaja en la nave Klingon, verde marciano para mayores señas.

Con un poco de ejercicios mentales damos con lo que la sonda necesita: Ballenas jorobadas. Y santas jorobadas que nos dimos nosotros solos, Batman, las ballenas hace un rato, en el pasado de ellos y seguramente en el futuro de nosotros, que ya no existen. Se extinguieron para no decir correctamente que las extinguimos. Mierda contigo, ciencia ficción, siempre tan pesimista. Y frecuente y tristemente certera.

Como toda buena historia del género que se respete, tarde o temprano (que frase tan ad hoc) realizaremos un viaje en el tiempo. Supere eso, doctor Brown, no, digo… nada, usted lo hace con estilo. ¿Y dónde encontramos ballenas?  ¿A finales del siglo XX? Sí, claro que también con mayor seguridad y en mayor número en el siglo XIX y en los que gustes contar para atrás pero no sería tan reconocible ni divertido.

Y “divertido” es la palabra clave y el motivo de elegir esta película sobre las demás. La franquicia se dio permiso de jugar con las herramientas que permite el género para hacernos un reflejo de nuestra cultura y sociedad, para elaborar críticas duras y mordaces algunas, suavecitas y tocadas tangencialmente las otras.

Es una delicia ver las peripecias de los siete miembros de la tripulación enfrentados a una sociedad consumista, machista, depredadora, tecnológicamente en desarrollo, egoísta, armamentista, grosera, pintadedos, belicosa y cualquier epíteto que le quieras poner a la década de los ochentas. No te acomodes, Milenali, no hemos evolucionando gran cosa desde el siglo pasado. Los hipsters me respaldan.

Hay detalles geniales en ese trance que ponen de relieve nuestro “atraso” con respecto a los logros alcanzados por la ciencia ficción en el mundo de la Federación: Reparar en cuestión de minutos con una pastilla riñones atrofiados; hacer trueque con la fórmula del aluminio transparente (que tuvo que esperar tres décadas para que la ciencia de materiales pudiera hacerlo realidad, es neta); abordar el portaaviones genuina y coincidentemente llamado Enterprise y salir de él con un beam me up, Scotty; Tener que conseguir dinero para moverse en la meca del capitalismo; Explicar, con acento ruso, a un agente del FBI que hacías a bordo de un nuclear wesel. Decir la verdad de tu punto, o tiempo, de origen a alguien que vive en su mundito (terrestre) es como querer explicarle que hay extraterrestres entre nosotros vigilados por hombres vestidos de negro. Bueno, no se me ocurrió ninguna otra analogía. De todos modos nunca te van a creer.

Hay guiños también: Curiosamente los encargados de recoger la basura son los seres más afortunados para presenciar la llegada de viajeros en el tiempo, por ejemplo.

Tras todas esas peripecias, como buen ensamble de talentos, los objetivos son conseguidos: Ballenas, tanque, neutrinos y regresar a su tiempo con los cálculos de memoria del buen Spock justo a, of course, tiempo.

Y, una vez más, la tripulación del Enterprise ha hecho el día y, de paso, salvado a la humanidad completa. La escena de la ave de presa Klingon apagando su dispositivo de invisibilidad justo encima de un barco ballenero es una poesía visual.

Una vez en casa, castigamos al capitán Kirk por desobediente pero no por asesino; nos sordeamos con los embajadores Klingons porque… tenemos cosas más importantes que celebrar. Le regresamos un Enterprise nuevecito al Kirk aunque sea modelo viejo. El Excelsior nunca nos vendrá bien. Y reunimos a la tripulación nuevamente con su capitán, ahora exalmirante. ¿Listos para Star Trek V?

¿Es buena ciencia ficción? ¡Por supuesto! Explícome: La sola idea de que una civilización espacial haya decidido resguardar información en una especie terrestre y que ello explique el canto de las ballenas es una joya de idea rayando en la cosmogonía.

Que aquello te sirva de pretexto para retratar nuestra mala leche y paranoia no tiene precio. Y eso dejando de lado el tratamiento a otros temas básicos del género: el viaje en el tiempo, la ecología, los avances tecnológicos; criticando nuestra concepción del universo y de nosotros mismos, lo dice Spock “ ¿no es bastante antropocéntrico pensar que el mensaje de la sonda va dirigido a los humanos y no a cualquier otra especie habitante de este planeta?”Cito de memoria. Duro contra el muro y toda lógica.

Y manejando un humor bastante fiel a la saga puedo decir que la celebración sería agradable si le das una repasada a este material. Te la puedes pasar muy bien.

Larga vida y prosperidad, Star Trek.

Y a la ciencia ficción con humor que, lo mismo que en la literatura en general, no abunda.

Samuel Carvajal.

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