El Sombra

Edu Molina: Viñetas negras de un gaucho muy charro.

El género negro y la presencia de una serie con un mismo detective como protagonista, tiene ya una ardua tradición en tierras aztecas. Pese a que la génesis de este género viene desde el Siglo XIX con narraciones como “La Novela del Tranvía” y “La Calle de Don Juan Manuel”, la consolidación vino hasta el periodo post revolucionario con novelas como “Ensayo de un Crimen” de Rodolfo Usigli (Más conocido como dramaturgo que como narrador) y “El Complot Mongol” de Rafael Bernal. Pero la primera serie que incluía a un investigador recurrente estuvo a cargo de Paco Ignacio Taibo II y su personaje Héctor Belascoarán Shayne, influencia del actual boom de narrativa negra mexicana en la cual es casi obligado que todo escritor de este género tendrá a su propio personaje serial, como es el caso de Sunny Pascal de Francisco G. Haguenbeck, Andrea Mijangos de Bernardo Fernández “Bef”, “El Zurdo” Mendieta de Élmer Mendoza y “Malasuerte” de Hilario Peña entre otros.

En el mundo de la narrativa gráfica a nivel internacional, el género negro también ha sido arduamente explotado, mostrándonos las aventuras y desventuras de un personaje con el poco usual trabajo de detective, tal es el caso del belga Tardi con su Néstor Bruma o de los españoles Díaz Canalez y Juanjo Guarnido que nos muestran a BlackSad, un gato negro en un universo posible de seres antropomorfos, que no por ello deja de tener un ambiente oscuro y con tendencial “Pulp”, que ha recibido muy buenas críticas en el gusto europeo. En México aunque con una fuerte carga de mal gusto, estuvo presente el caso de “El Pantera”, una de las historietas más Kitsch que han existido en nuestro país. Y ante esta situación, actualmente destaca el caso de Edu Molina, originario de La Plata, Argentina y radicado en la Ciudad de México desde el 2002. Su personaje “El Sombra”, del que recientemente se publicó su segundo volumen, nos muestra a un típico detective con la influencia del “Género Noir” Norteamericano: traicionero, adicto a las drogas, ex policía, mujeriego y como elemento curioso es trompetista de jazz, lo que nos recuerda mucho a la narrativa del también argentino Julio Cortázar. Sin embargo, su mayor influencia en lo relativo al estilo propio de su país, se encuentra en el dibujo, al ser alumno directo del maestro Alberto Breccia. Cuyo estilo influenció de manera directa a Frank Miller en la creación de la también obra de género negro, “Sin City”.  En el caso de Edu Molina, no se puede hablar de un plagio, pues fue su discípulo directo y le dedica el segundo volumen dándole su lugar, además de que el estilo en claroscuro del que fuera precursor este uruguayo, es uno de los que mejor coincide con una narración detectivesca, recordándonos al personaje norteamericano “Spirit”, creado por Will Eisner en los años cuarenta, que se desenvolvía en un ambiente muy tétrico para su tiempo, pero sin la tremenda innovación mencionada que es propio de tierras sudamericanas.

Dentro del contexto, aunque al principio aparenta ser una clásica ciudad noir de los Estados Unidos de los años treinta o cuarenta, en realidad es un universo cyberpunk futurista, con automóviles voladores y una arquitectura arduamente impresionista. La ciudad es poco identificable, en ocasiones se parece un poco a ciudades propias de la imaginación humana, otras a la típica ciudad de los Estados Unidos con elementos impresionistas, en otras ocasiones a Buenos Aires e incluso también a la Ciudad de México. Sin embargo, esto no afecta en lo más mínimo al buen funcionamiento de la narración, al contrario sea cual sea la urbe en la que viven “El Sombra” y Tito, no cabe la menor duda que son parte de ella y que sus aventuras no se pueden desarrollar en ningún otro escenario.

Las primeras apariciones del Sombra, son narraciones gráficas algo sencillas, pero no por ello, malas o panfletarias en donde al principio no se le ve la cara. Y primero que nada es el típico detective que descubre una infidelidad (Que en la vida real es casi para lo único que se requieren estos servicios), es testigo de un asesinato de los amantes al realizar el acto sexual y el posterior suicidio de su cliente. En la segunda aventura conocemos la faceta de Jazzista del personaje, su pasión por la trompeta y el deseo de tocar como Miles Davis, cuando en realidad es un pésimo músico al que se le contrata para ser abucheado y que la gente por el coraje consuma más alcohol dentro de un bar. Posteriormente al salir de ahí vemos otra de sus características, la adicción a la droga que dentro de dicho universo, es totalmente sintética y en capsulas para ser aspiradas al ser abiertas, como dato curioso los policías de la ciudad que están sobre tanques y portan máscaras de gases, pueden obedecer a dos referencias: al típico soldado alemán o francés de la Primera Guerra Mundial que tanto ha explotado el belga Tardi en sus cómics históricos o también al granadero represivo y miembro de algún grupo de choche que sometió y asesinó a los estudiantes en el México de 1968. Esto corre mucho a la interpretación del lector. Muchos detectives han tenido algún acompañante, de hecho el ya mencionado “Spirit” de Will Eisner, tenía por escudero a un negro enano, en los tiempos en que el racismo en los Estados Unidos era muy radical, sin embargo, dicho personaje no carecía de inteligencia ni de mañas, en el caso del “Sombra”, es salvado por un niño de nombre “Tito” que luego que no poder quitarle a su atacante, pese a todo lo que le ha roto en una de sus cabezas, decide utilizar la inteligencia y retarlo, para que el protagonista le vuele los sesos y sólo quede su otra cabeza que es mucho más razonable. De ahí descubrimos que el pequeño además de ser un arduo lector, es tremendamente inteligente y por lo tanto “Sombra”, lo convierte en su ayudante, no es sólo en esa ocasión en la que este pequeño le ha salvado la vida y al parecer es aún más deductivo que su maestro. Por lo que se intercambian los roles de quien es el verdadero detective. Además de ser valiente y no dudar en poner su vida en riesgo haciendo cosas que niños de su edad no hacen, como tener la osadía de robarle la moto voladora a “Babyface”, el eterno rival de “El Sombra”, que en el segundo tomo se aclara el porqué de dicha enemistad.

La segunda entrega de este personaje que ha sido publicada muy recientemente,  comienza con un agradecimiento y dedicatoria al ya  mencionado  Don Alberto Breccia reconociendo su influencia. Entrando en la narración, pese a violar una regla muy propia de narrativa gráfica moderna, que es la de no repetir el mismo plano, la secuencia e trascendental, pues nos muestra al personaje bebiendo y meditando sobre sus ídolos en el jazz, rechazando una serie de objetos que se le ofrecen, para posteriormente establecer que se trata de una festividad en base al sacrificio del anterior líder, que ha sido remplazado por su hijo que gráficamente se nos muestra como parte de la tradición de cartón político mexicano, pues es inminente de que se trata de Peña Nieto caricaturizado. Luego de eso, “El Sombra” y Tito salen al toque de queda y son de nuevo perseguidos por las autoridades, en donde luego de una serie de peripecias ya muy propias de esta serie, como el momento en que el mencionado detective llega por accidente a un departamento donde una pareja está a punto de comenzar a tener relaciones sexuales y que irónicamente son los mismos que fueron interrumpidos durante una persecución de tomo pasado. Por lo demás, Tito es salvado por un nuevo personaje que es el que también salva a su jefe, pues no le funcionó más el truco de -“él es como un padre para mí”-, crítica tremenda ante las fuerzas policiales insensibles, pero que no tardan de ser sometidas por un arquetípico luchador mexicano llamado “Ave Fénix”, que posteriormente se descubre que es el anterior líder que se ha vuelto loco y se cree justiciero. Al momento, el ideal de ambos es llevarlo ante su hijo y obtener el perdón del Comisario Díaz, pues desde la aventura pasada ambos son forajidos. De ahí en adelante y apoyados también por un nuevo integrante, conocido sólo como “El Mariachi”, viven toda una Odisea para llegar ante el actual presidente que al ver a su hijo  recupera la razón, sólo para que al instante otro policía le vuele los sesos. El pueblo así se da cuenta del engaño y protesta, hay una leve utopía visualizada por Tito, pero la realidad es otra, pues al final se les ha vuelto a lavar el cerebro, pero al menos los protagonistas obtuvieron el indulto. Aquí nos encontramos con un elemento muy propio de la Ciencia Ficción en general, los gobiernos absolutos, las dictaduras tanto militares como bajo el sometimiento ideológico disfrazado, una analogía con todo lo que ha pasado tanto en México como en Argentina, que sólo podrían ser dibujados con ese toque negro por un gaucho muy charro: Edu Molina.

Sobre el autor: Gerardo Martínez Acevedo, “Efrén Bantú” (Matehuala, SLP, 1980) – Ha sido actor de teatro, locutor de radio y actualmente es feliz como profesor de bachillerato y dando talleres de historieta para niños, fue fundador de la revista P.U.T.A, primera publicación de cómic underground de Jalisco. Ha colaborado en las revistas Matices de Alemania, Characato Cómics de Perú y actualmente escribe el guión del cómic “Guadalajara 2040”. 

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