Ausencia Inaudita

Bañado en mi propio sudor y aguardando frente al espejo me siento listo. Estoy atado a la silla empuñando la daga que le pondrá fin a todo; esperar, no queda más que esperar a que llegue el momento. Mientras lo hago mi mente divaga pensando en cómo llegue hasta a aquí, temo que eso sea un distractor pero no puedo evitarlo, solo sé que hoy será el final de éste tormento. Me resulta increíble no haberme percatado antes, sin duda hubo miles de indicios, pero era impensable que llegara a suceder algo así.

La primer sospecha llegó a mí cuando leía los diarios y la nota principal relataba un asesinato en un callejón, el reportero narraba los posibles móviles para el brutal ataque que iban desde asalto a mano armada hasta tráfico de órganos. Sin saber cómo ni porqué, antes de terminar de leer el reportaje yo sabía que a ese hombre de 42 años le habían quitado la medula espinal para un tipo de investigación científica y supe que nunca encontrarían al culpable. Luego de toda esa extraña información lo único que hice fue carcajearme de mis pensamientos. Tiempo después, en el mismo diario, aparecía una nota roja que describía el hallazgo de una mujer de 27 años que había sido arrojada en las puertas de un nosocomio de la ciudad después de sufrir severas heridas sin dar más información. Presentí que la mujer vendía su cuerpo en una esquina en donde al subir a un automóvil fue anestesiada con cloroformo y llevada a un sitio extraño en donde alguien tomó muestras de su sangre y extrajo un ovario de su vientre; después quiso hurgar en su matriz buscando algo que pudiera servirle pero el procedimiento salió mal y la mujer no dejaba de sangrar, aunque la orden siempre es aniquilar para no dejar rastros, algo en el sicario hizo que se conmoviera de aquella mujerzuela y decidió llevarla por atención médica, antes hizo uno que otro corte superficial por diversas partes del cuerpo y así la abandono en donde se le encontró. De nuevo rompí en risas diciéndome a mí mismo que tenía la imaginación más grande de todo el planeta.

-¿Por qué tanta risa?- fui interrumpido por Jane

-Leía una simple nota y quise darle otra trama- respondí sabiendo que conocía a Jane mi compañera de oficina pero tratando de ubicar dónde estaba

-¿Una simple nota? ¿Es tuya y ahora resulta que es simple?- dijo

Sin responder volví mis ojos al periódico y leí grande y claro John Lake. Traté de parecer normal sin embargo tarde varios minutos en recordar quién soy y a qué me dedico. Soy reportero de un diario vespertino, sin éxitos en mi carrera pero con un salario estable, soltero sin un motivo certero, soy John Lake. Sin más regresé a la realidad, reinicié mi rutina sin pensar que por instantes no recordé quien era y sin indagar en mis intuiciones sobre esas notas escritas por mí.

Fue esa noche cuando descubrí que algo andaba mal conmigo. Recostado en mi cama sin conciliar el sueño sentí un extraño aroma, pensaba que debía haber un animal muerto en algún lugar del pequeño departamento, sin suerte para encontrar la proveniencia del olor, me dejé caer sobre el colchón y al hacerlo vi la hora, sorprendido de ver que había pasado tres horas buscando me quedé dormido. Desperté como si nada hubiese ocurrido, y de pronto, un vago recuerdo de aquel olor y del asombroso tiempo perdido indagando de dónde venía me hizo reflexionar en aquellos momentos de ausencia que invaden mi ser. Esa noche volví a percibir el fétido olor y al mirar el reloj vuelvo a ver claramente que eran las 9:56 PM demasiada casualidad con la hora en que lo olí una noche anterior, eso me puso alerta, sin embargo ahí hay un espacio en blanco en mi memoria.

Por la mañana debía cubrir un reportaje de último minuto; una mujer reportada como desaparecida fue encontrada agonizando. Horas más tarde la mujer murió y algo en mí se sintió culpable. De nuevo mi sexto sentido se puso en alerta y decido que debo grabar todos mis movimientos, tengo que saber qué pasa en esos momentos de los que no tengo recuerdo alguno, sospecho que de una u otra forma estoy involucrado.

El olor a podredumbre me saca de mis recuerdos y me trae de nuevo a la realidad, al parecer se acerca la hora cada vez más; muero por ver cara a cara al culpable de todos estos asesinatos y reprocharle que use mi rostro e identidad para sus fechorías. Sin pensarlo siquiera, como un reflejo de los deseos, apreté la daga que llevo en la mano aferrándome a ella para recordarme que estoy preparado. Y de nuevo a esperar, no queda más que esperar a que llegue el momento.

Tres días pasaron desde que comencé a grabarme y no vi nada extraño. El cuarto día, luego de una jornada cansada de trabajo, llegué a mi departamento y olvidando mi preocupación fui directo a dormir. El repiqueteó constante del teléfono me hizo reaccionar y viendo el reloj parecía imposible que hubiese dormido seis horas, la voz de Jane me despertó alarmada diciendo que tiene dos horas buscándome, un nuevo hallazgo había sucedido y debía cubrir la nota periodística. Prometiendo acudir de inmediato me levanté del colchón y vi mi ropa desgarrada y con manchas de sangre en ella. Antes de permitir que el miedo me invadiera rebobiné la cinta y horrorizado vi a ese ser por vez primera, Es horroroso, indescriptible. Corrí en círculos, grité arrancándome la ropa que me incriminaba, no podía creerlo. Soy un ser extraño que utiliza mi propio cuerpo para asesinar. De mi cuerpo nace un fenómeno ajeno a éste mundo, la metamorfosis hace que se vea parte de mi rostro pero irreconocible debido a todas esas deformidades. Súbitamente todos los sucesos vienen a mi memoria y sé que fui parte de cosas innombrables. Las lágrimas brotaron inevitablemente y la desesperación me domina.

-John somos uno mismo y así ha sido- escuché un susurro dentro de mí.

Es difícil recordarlo, como si no hubiera pasado, si no lo estuviera viendo en esa grabación pensaría que todo fue un mal sueño. No sé si sentir lástima de mí mismo o impotencia, es un fenómeno difícil de creer y no puedo comentarlo con nadie, sería aceptar que soy el culpable de esos atroces crímenes pero en realidad no soy yo, es ese ser que vive en mi o sale de mi o no sé qué rayos suceda.

Sin saber qué hacer continué grabándome en las noches viendo esa horrorosa fusión en la que me convierto, despierto sabiendo qué tipo de crimen cometí y ahora sé que no son al alzar, todo tiene un motivo para ese ser. Después regresan los períodos de ausencia y en ocasiones vuelve ese susurro que no quiero escuchar.

Antes de volverme loco decidí que debo acabar con todo esto. Y así es como me encuentro en esta espera maldita y nauseabunda, amarrado para poder actuar en el momento mismo de la transformación y finalmente clavarme la daga en el corazón con la esperanza de que si dejo de existir en mi forma humana también aniquilaré al horror que vive en mí.

Las gotas de sudor siguen cayendo y el asqueroso olor se adueña de todo el lugar. Me amarré a una silla frente al espejo para no fallar al momento de apuñalarme. Está sucediendo, mi cuerpo se agita mientras me miro al espejo despidiéndome de todo. Sin controlar mis propios movimientos abro la boca y una parte de mi rostro se desfigura mientras empieza a salir ese ser, viendo como me mira en el reflejo, dirijo la daga a mi corazón y esa voz me pide que no lo haga, gustoso la clavé y sentí como comencé a levitar. Lo último que pude ver fue un haz de luz que rodea mi cuerpo a media transformación mientras soy impulsado hacia arriba y una especie de tubo que serpenteaba se aproxima a la herida de mi corazón y abduce al fenómeno, al terminar algo me sacude y termina de herirme. Oscuridad fue lo que quedó.

De pronto veo de nuevo la luz, desde arriba puedo ver cómo quedó mi cuerpo, inerte y sin vida. Como una oleada de mar en furia llega la realidad y me doy cuenta que aquel decaído en el suelo ensangrentado no soy yo; yo soy el que va en ésta nave, me vuelvo a mirarme y veo mi ser como una forma humanoide con una especie de piel transparente que permite ver lo que deben ser mis órganos pero con las extremidades blandas que terminan en manos y pies de sólo tres dedos y una cabeza ovoide con el cráneo excesivamente abultado, puedo sentir una agilidad ajena y desconocida que me recorre por dentro y una sensibilidad sensorial que me hace saber en forma precisa todo cuanto ocurre a mi alrededor, soy un arnoquiano, recordando que mi misión es investigar la vida de los antiguos planetas de la vía láctea y así discernir cuál de ellas podemos tomar para dar mayor vida a Arnok, un planeta mohoso lleno de humedad.

Algo de mí quedó en ese ser humano al que usé por tres décadas humanas. Alguien se me acerca y empieza a hablar en una lengua desconocida pero que entiendo a la perfección, me dice -eso es normal, siempre nos traemos algo de los seres en que habitamos y al final terminas olvidando- Desde lejos volteo para ver el fin de ese cuerpo que creía mío, fue encontrado sin vida, mutilado e irreconocible, mientras yo soy conducido a una nueva misión dejando atrás al terrestre John Lake.

Sobre la Autora: Isela Martínez Ibarra (Monterrey N.L. 1979) – Licenciada en Derecho y amante de la lectura y la escritura desde que tengo memoria. A la fecha soy esposa, madre y abogada todo ello por decisión y convicción; locamente enamorada de mi familia, mi profesión y de la vida misma. Autora de diversos cuentos y novelas de diferentes géneros.
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