Un llamado a la Grúa.

Fondo musical: “Who’s That Chick?” (featuring Rihanna) – David Guetta (del CD doble One More Love, 2010)

Poly me lo avisó: no rompás las bolas, esta carcacha está en ablande.

Si era por probar, sobraba con dar la vuelta a la Luna. Pero de cabrón que soy puse el acelerador a fondo: a Disrupción Nivel 3 mi Barquichuelo tembló como si tuviera Parkinson, pero peor fue oír la estructura gritando CRRRAAAAKKKKK.

Y terminé clavado en órbita de Neptuno, en medio de la nada, con el motor fundido y acompañado por una Inteligencia Artificial que no paraba de decirme que bastante malo es que fuese TAN pelotudo, pero si encima me ponía cabezadura era peor: – Sos boludo ¿eh? Es el inyector de plasma y está agrietado el núcleo pero el Señorito dice “a ver si le meto mano”. ¿Y qué ganamos? Seis horas de malasangre por usar esas herramientas de mierda que tenés. Llamá a la Grúa, HACEME ESE FAVOR…

Poly tenía razón, como siempre: bufando apreté el botón rojo y dorado de AUXILIO. Y luego, como siempre, hice el gesto de FUCK OFF para que la muy rompepelotas se callara la boca, que por jodida no me iba a ganar a mí. (Aun así, me quedé pensando: ¿por qué las Máquinas son tan puteadoras? Tiempo atrás leí ese Paper de la Kurzweil University, “Razones hipotéticas para las expresiones vulgares en la dicción de Inteligencias Artificiales superiores al Nivel de Turing”. La opinión de Poly fue “¿por qué leés a esa zarabanda de putos?” y no volví a tratar con ella el tema).

Me hizo llevadera la espera meterme en Twitter para seguir a @LadyAtaraxia y su red de amigas, contando-llorando-castigando a sus amores pasados, presentes, futuros, imaginados, alternativos y divergentes. Hasta que se colgó Chrome, y luego Firefox en mi TrashBook con su memoria saturada: Windows 21 es tan garcha como todas sus versiones anteriores. En ese momento, sonaron las alarmas de proximidad: ¿sería la Grúa? Los monitores de la cabina parpadearon, llenos de mensajes en Código Pocoyó: muñequitos redonditos en colores brillantes repitiendo acciones una y otra vez. El problema era que todos los muñecos tenían cuatro brazos señalando diferentes cosas todo el tiempo. Así que hice el gesto de FUCK ON para que Poly volviera a hablar y me tradujera. Pero como estaba ofendida, se manifestó en una ventana en la pantalla de mi TrashBook:

ES LA GRÚA
DICE QUE NO CAMBIÉS POSICIÓN
SISTEMAS GENERALES Y VITALES AL MÍNIMO
QUE TENGAS PACIENCIA
NO ME JODAS AHORA QUE ESTOY OCUPADA

Puse la pantalla más grande a mostrar una síntesis de lo que pasaba fuera. Se acercaba una estrella con espinas de todos los tamaños, kilómetros de extensión de un extremo a otro. Una nube de objetos se arremolinaba en torno a un huracán de campos electromagnéticos que convergían en torno a mi Barquichuelo averiado. Varias veces las luces de la cabina se apagaron, y un ardor corrió por mi piel por unos segundos, dejándome con una resaca sensorial que no se iba al rascarme.

Y luego aparecieron, flotando cerca mío, dos fantasmas brillantes blanco-anaranjados: avatares holográficos de la Grúa.
El de la izquierda recitó: – ¡OH, pero qué carrito más bonito! Pequeño Ser ¿sabes dónde están tus padres?
El de la derecha se sacudió contrariado, y dijo: – ¡AH, sinceras disculpas! ¿Pertenece Usted a una Civilización Emergente?

No llegué a responder nada, porque Poly se me adelantó. Los avatares se sacudieron como si discutiesen entre ellos hasta que dijeron a coro: – Tierra, Tierra, Sí, acatá, MPDH 985462200042685 / 67391 TDWRLU cmd96-2. La ficha está desactualizada. ¿Sigue reinando Hammurabi?

Tampoco respondí, porque volvieron a sonar las alarmas de proximidad. Objetos de todo tamaño revoloteaban en torno al casco del Barquichuelo. Muchos se posaban y correteaban sobre él. Otros fueron derivando hacia popa, yendo hacia mi Núcleo y Motor fundidos. Apagué las alarmas, porque si las dejaba activas me rompían los oídos. Minutos después, de nuevo los Avatares y su coro: – Nuestra Inteligencia Técnica reporta haber descubierto la falla. Corresponde advertirle que su tecnología es muy hipermegaputarraca para utilizarse tan lejos de su mundo madre, y se le urge volver a su entorno normal de inmediato. La duración estimada de la reparación es de aproximadamente dos horas y cuarenta y cinco minutos. Para facilitarle la espera, sea tan gentil de recibir nuestros obsequios del Servicio, abriendo su abertura de acceso. ¡Muchas gracias!

En el monitor vi la imagen de una burbuja brillante tornasolada acercándose, como llevada por una corriente de aire. Fue directo hacia la escotilla, y se pegó a ella tan suavemente como lo haría una pompa de jabón. Curioso, dejé mi asiento para ir hacia ella, pero dudé en abrirla.

Los Avatares me tranquilizaron: – Le garantizamos que al abrir su abertura de acceso no habrá pérdidas atmosféricas, ni riesgo de contaminación química, biológica o sensorial. No es necesario ningún traje de protección fuera del que Usted lleva actualmente. Solo tenga en cuenta disponer de espacio para acomodar los obsequios.
Al abrir la escotilla, entendí a qué se referían: apenas se abrió una abertura de contacto, la burbuja se contrajo para empujar su contenido al interior de la nave. Así que salté para atrás empujado por una catarata de objetos, que en la poca gravedad del Barquichuelo invadieron toda la cabina. No quedé aplastado por ellos porque me sujeté a un pasamanos, corriéndome a un costado. Asustado, me apuré en cerrar la escotilla. No hacía falta porque la burbuja, completamente contraída, cerraba herméticamente la abertura. Pero lo hice igual, y apenas apareció la luz verde indicando ESCOTILLA SELLADA, la burbuja se fue tal como había llegado.

Me dí vuelta, preguntándome qué haría con toda esa porquería que la burbuja había vomitado en mi Barquichuelo. Suponía que me enfrentaría a una nube de cosas flotantes, y estaría toda la espera a las puteadas, agarrándolas y viendo dónde acomodarlas. Pero no: se habían apelotonado en una masa uniforme ante mí, cubriendo y sepultando todo, incluso gran parte de mi asiento y panel de comando. Cuando quise retirar los objetos de mi asiento, me dí cuenta de que se pegaban entre sí, pero cuando los tomaba no se adherían a mis manos. Así que removerlos y acomodarlos era fácil. Y volví a mi asiento, tomando varios en mi regazo.

En un primer inventario, había barritas envueltas parecidas a grisines de salvado, duras para masticar pero que llenaban mucho. Esferas gomosas, que al apretarlas extendían un sorbete y expulsaban algo similar a chocolate caliente amargo. Innumerables abalorios de diferentes tamaños, formas, colores y quizás, usos. Y unas latas chatas, con inscripciones blanco y negro en un lenguaje desconocido y fichas de contacto en sus bordes, lo que me hizo pensar en algún dispositivo con datos. Extendí una lata hacia los Avatares y su respuesta coral fue inmediata: – Pérfida Miau y sus mininas perversas. ¡Ronroneo y PURRRRRR garantizados! La última novedad de nuestro Servicio, señor. No podemos decirle más, nuestro vocabulario Gatuno Estándar es limitado. Lo cual me hizo pensar que la Galaxia estaba llena de gatos consumidores de porno y de roedores de grisines. Y que el chocolate era la bebida universal.

Apenas las reparaciones terminaron, más rápido que lo anunciado, los Avatares volvieron a corear: – Nuestra Inteligencia Técnica reporta que su Civilización no está asociada a nuestro Servicio de Auxilio. De haber reclamos ¿a quién vemos?

– A Cristina – respondo, sin dudar.

Minutos después, el huracán de objetos se desprendió, alejándose de mi Barquichuelo, regresando a la inmensa Grúa en infinitas trayectorias. Poly trazó el curso de regreso a Casa y encendí el Motor. Luego descubriría que funcionaba muchísimo mejor que antes. Me despedí preguntando a la Grúa si le debía algo. La respuesta fue un inmenso KWATZ, KWATZ, KWATZ que reverberó por toda la cabina. Los Avatares me dijeron que eso era risa de máquina pensante. Luego, en diversos coros a doble voz, agradecieron haberme conocido, recomendaron que disfrutara los regalos, que en caso de problemas no dudara en llamarles… y desaparecieron. Eso fue todo.

Al final el encuentro fue buenísimo. De lo que se encontró en los abalorios surgieron las industrias que hoy forman el espectro de la abatrónica… de la que soy uno de los principales accionistas. Pero lo que no me imaginaba para nada era que pasaría a la Historia por mostrarle a @LadyAtaraxia las latas de Pérfida Miau: ESE fue el origen de lo que hoy conocemos como Porno Michifuz.

TEXTO ORIGINAL, Publicado en Revista Próxima Nº 15 (2012):
http://futuronomada.blogspot.com.ar/2012/07/cuento-un-llamado-la-grua.html

Sobre al Autor: Jorge Korzan, (Buenos Aires, Argentina, 1969) Nómada, Tuitero, Futurista, Escritor, Emprendedor de Sí Mismo, Místico, Poeta, Amante de las Hadas… Por Espacios exteriores e interiores surfea la Vida, Corazón en mano. Vive como Paramédico de Máquinas y Consultor Informático. Su Pasión: la Evolución de un Futuro cada vez más variado y acelerado a nivel Tecnológico, Social, Artístico, Cultural, Relacional. Actualmente interesado en el Subgénero SolarPunk.
Publicó Artículos, Ensayos y Cuentos en Axxón https://cse.google.com.ar/cse?cx=partner-pub- 7090242166042605%3A5832373049&ie=ISO-8859-1&q=Jorge+Korzan&sa=Buscar#gsc.tab=0&gsc.q=Jorge%20Korzan&gsc.page=1

También en Revista Próxima y en su Blog Futuro Nómada
http://edicionesayarmanot.blogspot.com.ar/p/revista-proxima.html http://futuronomada.blogspot.com.ar/
Participó de la Antología Steampunk publicada por Ediciones Ayarmanot y presentada en la Feria del Libro de Buenos Aires en 2015 http://edicionesayarmanot.blogspot.com.ar/p/blog-page.html
En Twitter: @korzanj

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s