El Incal: ¿Cyberpunk o surrealismo?

Al hablar del chileno Alejandro Jodorowsky automáticamente aparecen comentarios, algunos totalmente descalificadores, otros de admiración. El punto es que para analizar su trabajo como guionista de historietas, no es necesario tener prejuicios sobre si la Psicomagia funciona, sobre si sus películas carecen de una estructura cinematográfica o de si ha dicho verdad o mentira en su autobiografía. Quizás, si no tuviese la fama que tiene en otros aspectos de su carrera y sólo se le conociese como escritor de cómics, la concepción que muchos tienen de él, sería totalmente distinta. Así como hay obras en que la presencia del guionista trasciende aún más la del dibujante, en “El Incal” sobresale el arte del francés Jean Giraud, mejor conocido como “Moebius”. Esto último en relación a notarse más su estilo gráfico al cambiar los rostros de un estilo propiamente de lo que se podría decir “caricatura”, a otro realista con la intención de dar un énfasis y expresión que tiene que ver con la narración gráfica que se está siguiendo, así como otros aspectos tal cual es el manejo de escenarios muy propios del autor. Sobra decir que al iniciarse este proyecto, Moebius era el que ya tenía una ardua carrera en la historieta y había definido su estilo gráfico donde en ocasiones él también era el guionista. Por lo demás, es necesario definir el género al que pertenece, pues aunque con frecuencia el cómic francés se ha catalogado como surrealista, dicho termino en un sentido estricto ya no puede otorgarse, ya que hace referencia a una Vanguardia Artística de principios del Siglo XX, que terminó después de la Segunda Guerra Mundial. En Hispanoamérica, específicamente en Perú, también hubo un movimiento literario con el nombre de Suprarrealismo muy influenciado por su homólogo francés, la definición  del término resultó ser muy concreta:

“André Bretón, uno de sus líderes, define así al suprarrealismo: “Automatismo psíquico puro, por el cual nos proponemos expresar sea verbalmente, sea por escrito, sea de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausencia de todo control ejercitado por la razón, fuera de toda preocupación estética o moral”. Lógicamente, el grupo suprarrealista francés –el suprarrealismo, como tendencia artística, es un fenómeno mundial, que se manifiesta en muchos escritores y poetas no calificados como suprarrealistas- no podía evadir la política.” (Hugo J. Verani [recopilador], “Las Vanguardias Literarias en Hispanoamérica”, Manifiestos, Proclamas y otros escritos, Perú, El Grupo Suprarrealista, México: Fondo de Cultura Económica, Colección Tierra Firme, Cuarta Edición. Pág. 208.)

    Por lo tanto, pese a la anécdota que Jodorowsky dijo haber tenido con André Bretón y que con frecuencia se cataloguen a muchas obras de la historieta francesa como surrealistas, dicha definición en sentido estricto caducó con el resto del Vanguardismo. Claro que dicho movimiento ha influenciado mucho a la Ciencia Ficción, como también lo ha hecho el Futurismo Italiano, pero en sentido estricto, “El Incal” se cataloga como Ciencia Ficción del género Cyberpunk.

Por otro lado ¿Cómo se puede clasificar y definir al Cyberpunk? Evidentemente que uno de sus más importantes exponentes es William Gibson su novela “Neuromante”. Por lo tanto una definición sería la siguiente:

Cyberpunk. Es un subgénero de la ciencia ficción, conocido por su enfoque en la “alta tecnología y bajo nivel de vida” y toma su nombre de la combinación de cibernética y punk. Mezcla ciencia avanzada, como las tecnologías de la información y la cibernética junto con algún grado de desintegración o cambio radical en el orden social. De acuerdo con Lawrence Person:

Los personajes del cyberpunk clásico son seres marginados, alejados, solitarios, que viven al margen de la sociedad, generalmente en futuros distópicos donde la vida diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico, una atmósfera de información computarizada ubicua y la modificación invasiva del cuerpo humano.

(EcuRed [Página Web], disponible en www.ecured.cu/Cyberpunk, 11 de Junio del 2016, 13:58 horas.)

Si nos fijamos en la ciudad y otros elementos en los que se desarrolla la historia, es evidente que se trata de un mundo Cyberpunk, incluyendo sus características dictatoriales tan propias de la Ciencia Ficción en general. Aspecto notable es la figura del presidente que ha clonado su cuerpo en nueve ocasiones y cambia de un hombre obeso a uno musculoso y arduamente andrógino y amanerado, sufre una última mutación ahora de un cuerpo orgánico a una máquina: “La Necrosonda”, un legendario robot asesino que se convierte en perseguidor de los personajes en su afán de unir los dos incales, el de luz y el negro, además de sufrir nuevos cambios ahora como máquina, convirtiéndose en un tanque llamado “El Necro-Panzer” y finalmente en un débil robot con apariencia de araña que es fácilmente destruido por las manos de Jhon Difool, el protagonista de la historia, un Vulgar Detective de Clase “R”. Además de otros elementos muy propio de esta clasificación genérica, si bien esta obra fue publicada antes del surgimiento del internet, ya se establecía una manipulación similar dentro de ella, por medio de la televisión, llamando al pueblo: “Teleadictos”.

   Y será cierto que una tendencia tanto en el guionista como en el dibujante, siempre ha sido “El Misticismo” y la redención  o la máxima elevación espiritual. En este caso está muy presente en el protagonista;  Jhon Difool y la forma en que trasciende aunque nunca se le deja de clasificar como un vulgar Detective de Clase “R”. Esto al ser portador del Incal, pese a que lo encontró por accidente. Sin embargo, dichas coincidencias son muy recurrentes en la narración, al extremo de ser este personaje el verdadero padre de Soluna y no el Metabarón, hijo procreado cuando su madre se hizo pasar por una “Homeoputa” (Una de las perdiciones del protagonista que evidentemente tienen el cliché de los vividores).  Por lo mismo, este proceso de cambio mantiene una fuerte  relación con aspectos terapéuticos como la Gestalt o el Psicodrama, que no tienen nada que ver con Teatro Pánico o la Psicomagia, salvo por el manejo del sistema de creencias. De hecho en lo relativo al Psicoanálisis, por encima de las teorías Freudianas de las que procede el surrealismo, fue Carl Gustav Jung quien utilizó por primera vez aspectos del esoterismo como la Alquimia y el Tarot dentro de la Psicología Clínica, pese a que muchos erróneamente han catalogado a Jodorowsky como innovador de dichos aspectos, cuando en realidad fue innovación de este discípulo directo de Sigmund Freud. Hay que añadir que dentro de la obra de Moebius, también fue muy recurrente este proceso de cambio con personajes similares al protagonista del “Incal”, que poco a poco encontraron un sentido de trascendencia, el caso más concreto es el personaje con el que se consagró como dibujante, “El Teniente Blueberry”, un sobreviviente de la guerra civil estadounidense que también era adicto al juego, a las mujeres,  al alcohol y que sufrió un cambio en relación con un aspecto trascendental con  el misticismo indígena durante el tiempo que vivió con los apaches y fue bautizado con el nombre indio de “Nariz Rota”, específicamente en su trato con dos chamanes: Cochise y Gokhlayeh, más tarde conocido como Gerónimo. Aquí es notoria la fuerte influencia del chamanismo mexicano que ambos autores han tenido y ha sido muy recurrente en sus obras, no es muy necesario hablar de los diez años que el autor chileno vivió en México (ya que es muy recordado por sus obras de teatro), por otro lado es poco conocido que la madre de Jean Giraud, mantuvo un idilio con un esgrimista mexicano y que él vivió de niño  en la Colonia Narvarte de la Ciudad de México, visitando con frecuencia el estado de Chihuahua que mucho lo influenció en su dibujo, sobre todo en aspectos que verdaderamente fueron una herencia del surrealismo, tal cual el caso de Antonin Artaud y su experiencia con los Tarahumaras:

HE PARTICIPADO en el movimiento surrealista de 1924 a 1926 y lo acompañé en su violencia.

        Hablaré de él con el espíritu que tenía en esa época; y voy a tratar para ustedes de resucitar este espíritu que quiso ser blasfematorio y sacrílego y que a veces se logró.

        Pero se dirá que este espíritu ha pasado; pertenece a 1926 y se reacciona, se reacciona en 1926.

        El surrealismo nació de una desesperación y de un asco y nació en los bancos de la escuela.

        Fue más que un movimiento literario, una revuelta moral, el grito orgánico del hombre, las patadas del ser que dentro de nosotros lucha contra toda coerción.

         Y antes que nada la coerción del Padre.

        El movimiento surrealista ha sido en su totalidad una profunda, una insurrección contra todas las formas del Padre, contra la preponderancia invasora del Padre en las costumbres y las ideas.

      Esto es a título documental el último manifiesto surrealista que indica la nueva orientación política de este movimiento.

(Artaud, Antonin, “México y Viaje al País de los Tarahumaras”, México: Fondo de Cultura Económica, 1984.Pág. 101.)

  Esto corrobora que el surrealismo como tal, ya dejó de existir y sólo queda la influencia de lo que fue esa tan importante vanguardia, que para muchos fue la más trascendental del Siglo XX. Por lo demás es necesario comentar que parte de dicha experiencia que fue mucho antes de que los autores analizados visitaran nuestro país, existió ya un sentido de redención en este otro autor francófono que irónicamente también se dedicó al Teatro. Y en este período ya se había hablado de que el arte llevado a la escena es curativo. Y específicamente su experiencia con los indígenas Tarahumaras que lo ayudaran a definir su primera representación del “Teatro de la Crueldad”, que no por nada se llama “La Conquista de México”. Tal cual esta experiencia llena de Misticismo, ritos y consumo de Peyote quedó muy marcada en el artista.

TOMÉ peyote en México en la montaña y dispuse de un paquete que me hizo permanecer dos o tres días entre los tarahumaras; pensé entonces, en aquel momento, que estaba viviendo los tres días más felices de mi existencia.

    Había cesado de aburrirme, de buscar una razón a mi vida y de tener que cargar mi cuerpo.

    Comprendía que estaba inventando mi vida, que ésa era mi función y mi razón de ser y el peyote me la daba.

    Un ser se adelantó y de un golpe hizo salir el peyote de mí.

     Con él hice carne picada real, y el cadáver de un hombre fue despedazado y lo encontraron despedazado en algún lugar,

                                 rai da kanka da kum

                                a kum da na kum vönoh

       Dado que este mundo no es el inverso del otro y mucho menos su mitad, este mundo es también una maquinaria real cuya palanca de mando, es una fábrica verdadera, cuya  clave es el humor-nato.

                                 sana tafan tana

                                 tanaf tamafts bai

(Artaud, Antonin, “México y Viaje al País de los Tarahumaras”, México: Fondo de Cultura Económica, 1984.Pág. 338-339.)

Con todo y que la postura de Artaud contiene ciertas actitudes inadecuadas, analogía de la visión que tuvo en su génesis como hombre occidental y europeo, ante el conocimiento de una nueva cultura. Por lo tanto vemos dichos elementos propios de la redención que no sólo experimentó el protagonista, sino todo el grupo improvisado más por la supervivencia que por el compañerismo, llegando a realizar una catarsis mutua, similar a las psicoterapias grupales, en donde Soluna conoció tanto a su madre como a su descarado padre, pese a que el Metabaron siempre había fungido con dicha responsabilidad, entre otras situaciones como la de  Kill “Cabeza de Perro”, que dejó de ser el que conocimos en las primeras páginas, llegando a perdonar a  Jhon Difool por el agujero que le hizo en su oreja en momentos en que hay que soltar todos los rencores para interactuar con “El Incal” y poder sobrevivir y en Tanatah, que tuvo que dejar a un lado su soberbia de reina. Porque no hay que olvidar que como tal, si buscamos definir al Incal dentro de la historia, sería la energía que lo mueve todo, sería incluso “Dios”, que está en eterna lucha contra la tiniebla, entiéndase esto no sólo como lo que estaba destruyendo a la galaxia humana y a la galaxia Berg, sino como todo lo negativo y al final hasta se manifiesta en una figura de hombre de larga barba, siguiendo el cliché de la imagen humana de Dios. Llegando a ser el que tienen el poder de cambiar el tiempo y espacio y devolver al personaje protagónico a la escena inicial donde caía por la ciudad en apariencia de suicidio, terminando ahí la historia que evidentemente tiene una segunda parte ahora dibujada por el mexicano José Ladrón. Y por otro lado, es también notable el cambio radical del personaje de Deepo, que sería algo así como el eterno acompañante del protagonista, una especie de reptil alado  que al principio no tiene el don del habla, pero una vez que el Incal está dentro de él lo obtiene, junto con la conciencia, pues al parecer y pese a su apariencia es uno de los personajes con el psique más equilibrado de la narración, llegando a salvar a su amo y a formar parte del equipo de lucha, ya que por la sencilla razón de que esa forma desfasada y viciosa que tiene de vivir el anti héroe, no es sólo para hacer notar un cambio, hay elementos que nunca mejoran en su persona, con la intención de  darle el tono de comedia que con frecuencia le saca una carcajada al lector y para asimilar que el todo poderoso en ocasiones se fija en las personas menos esperadas, en cuestione de la tradición bíblica cristiana, este es un elemento muy recurrente.

Finalmente se concluye que “El Incal”, es una obra de Ciencia Ficción de la categoría Cyberpunk y no un texto de la Vanguardia del Surrealismo, en su génesis será cierto que buscaba la libertad, como su antecesor el Dadá también lo hizo, tal cual:

Lo que Dadá no había podido hacer por su misma naturaleza lo intentó hacer el surrealismo. Dadá hallaba su libertad en la práctica constante de la negación; el surrealismo intenta dar a esta libertad el fundamento de una “doctrina”. Es el paso de la negación a la afirmación. Muchas de las posiciones dadaístas se mantienen en el surrealismo, lo mismo que muchos de los gestos, muchas de sus actitudes destructivas, el sentido general de su rebelión y hasta sus métodos provocadores; pero todo ello adquiere una fisonomía distinta.

(De Micheli, Mario, “Las Vanguardias Artísticas del Siglo XX”, Madrid: Alianza Editorial, 2014. Pág. 153.)

Será cierto que los personajes buscan una libertad muy notable, en relación a confrontar con los aspectos dictatoriales de su universo, pero dicho elemento es también un recurrente en las narraciones propias del Cyberpunk. Por lo tanto pese a la notable influencia de los autores, esta obra es de Ciencia Ficción pura, pero sí con una fuerte influencia en la vanguardia surrealista (entre otras que también están presentes) y en el Misticismo. Dicha influencia, pese a toda la fama que presenta el guionista no es exclusiva de esta obra, sino de varias expresiones del cómic europeo, dos casos muy concretos son el belga Francois Schuiten, que se ha convertido en el Arquitecto de los Cómics y el famoso Enki Bilav, nacido en Belgrado pero educado en Paris a consecuencia de la guerra de los Balcanes.  Y ante todo, una obra indispensable en la narrativa gráfica de culto que debe ser leída sin los arquetípicos prejuicios que despierta el guionista y en cuanto a ese dibujante creador de mundos que nos abandonó en el 2012, sólo nos queda decirle una cosa: ¡Gracias Moebius!

Sobre el autor: Gerardo Martínez Acevedo, “Efrén Bantú” (Matehuala, SLP, 1980) – Ha sido actor de teatro, locutor de radio y actualmente es feliz como profesor de bachillerato y dando talleres de historieta para niños, fue fundador de la revista P.U.T.A, primera publicación de cómic underground de Jalisco. Ha colaborado en las revistas Matices de Alemania, Characato Cómics de Perú y actualmente escribe el guión del cómic “Guadalajara 2040”. 

 

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