Mad Gringo – Segunda Parte

Despertó en el hospital. No parecía tener un solo hueso sin fracturar ni un solo pedazo de piel sin moretones o heridas. Estuvo en recuperación todo un mes en los que sueños extraños lo invadían, en los que se juntaba con varias personas de México o de Estados Unidos, vio de nuevo a la mujer que del evento. En la duermevela la imaginó desnuda, con la erección que tuvo sintió nuevos dolores, pensó que ella tenía razón de alguna manera porque la muy perra sabía lo que iba a pasar. La muy perra no le pudo decir: they can beat you… aunque pensándolo bien quizás no hubiera hecho mucho caso, de verdad ardía en deseos de golpear a más gente de otros colores esa noche y no había concebido aún el hecho de que podían derrotarlo, ni siquiera en grupo.

–Nurse… nurse… nurse… –Tickets… tickets, please… recordó su propia voz…

Ella se le acercó, era una morena de baja estatura.

–Calm down Mister John, wo wooo, you have to have nice toughts, could you. Look, I have to tell you something that might help. I have to tell you anyway, its bad news. I don’t know if you realice you have no money left in cash or in any bank account. They got it all. Also they have taken your kidney at some point.

La erección se le fue casi instantáneamente.

–How I am here?

–Your government is covering all the expenses because of the incident. Do you want me to call the embassy? You will… be well in a couple of days and they will come.

–Yes, please, I have to know… a few things.

Tenía muchas cosas en la cabeza, estuvo pensando sus recuerdos perdidos. Al parecer se dedicaba a algo relacionado con los trenes, porque no dejaba de escuchar las ruedas contra las vías. ¿Cómo sería su familia, su casa, sus hermanos, primos y familiares? Sabía que no estaba casado legalmente, pero… ¿tendría una pareja sentimental? ¿Hijos? ¿Cómo habrían sido las tardes soleadas de su infancia? ¿Conocería la playa? ¿Tendría conocidos mexicanos muzzlers? ¿Habría tenido un amorío con la chica aperlada? Todas son rosas por dentro, pensó. ¿De dónde habría nacido su odio a los morenos? No eran sólo mexicanos, sino de toda Latinoamérica. ¿Odiaba también a los negros? ¿A los chinos? ¿A los pieles rojas? En realidad no lo sabía.

–The embassy send me, –dijo el hombre que finalmente entró por la puerta. Era un poco mayor que él de piel extremadamente blanca y cabellos rubios tan claros que casi parecía albino. –I am not from the embassy, I am from a Mexican–American Department called: Teletransport Secretary. We teleport only muzzlers, but in case of an emergency like yours we can send you home.

Le explicó que era muy caro y peligroso mandarlo en un viaje físico, y que en realidad no les costaba nada teletransportarlo, más que algo de papeleo. También que había servicios mejores para ello, particulares y muy cómodos, pero muy caros. El hospital tampoco les costaba.

–Is it safe to travel with you?

–Of course, thought its not as nice as a comercial teleporting service. But we just have to run some tests.

–What kind of tests?

–Oh, just for safety issues. Actually they already making some them, we are just waiting for results. But I am here to explain you all this…

–I am american, please, just help me…

–You might be american… but you don’t have any money.

–Those mexicans stole me. I think they should pay for all my expenses and everything else.

–I am sorry… thats not how it works. You will have to trust us.

Por la extrema naturalidad con la que hablaba y por lo que había dicho la mujer sintió que no debía confiar en el casi albino, quién luego preguntó que si recordaba algo de su pasado y él contesto que por supuesto y ante insistencias habló de cosas sin importancia, juguetes de su infancia, novias, bailes de graduación, de cuánto quería a sus padres de los trenes y los cadáveres y los amoríos con mexicanas…

El tipo sólo sonreía de repente con un solo lado del rostro.

Lo llevaron a una sala en la que había una silla como de dentista. Lo recostaron, con todo y sus dolores y le pusieron una especie de casco que cubría toda su cabeza, recordó y aceptó para sí mismo recordar noches de amor con la mujer aperlada, sus ojos en la oscuridad, su voz, sus caricias en el rostro, escenas en la misma mesa de mantel de plástico, frases que ella le decía en español como: cada quién es quién es, nadie puede cambiar por dentro, tú puedes ser lo que tú quieras ser, el precio a pagar es alto, un riñón por una vida.

Sintió que la amaba, que la amaba lo suficiente para morir por ella. Miró nuevamente sus manos y no se reconoció por un instante. No sabía si debían ser blancas o morenas. El albino se le acercó con unos papeles en la mano.

–Your results are ready.

–Yeah? What do they say.

–Genetic and memory rebuilding, John… many people do it, more than we wish for. Some of them actually make it to the US, it all depends on the evidence we find. I guess you didn’t got a good Geneteist. Basically… we just have caught you…

John sintió miedo, no entendía del todo lo que le decía el hombre importante, pero sí sabía que había hecho algo muy malo y que ella le había ayudado y que ahora su cabeza era un desmadre…

–You know I came to work to this country because I really like it, –dijo el albino, –It is in al respects inferior, a little savage but at the same time… a calm place to live and work…

John recordó una escena de su infancia. Jugaba a ser sicario junto con otros niños. Ahí en la calle de tierra. Pasó una camioneta negra y se detuvo un momento. Todos tuvieron miedo, pero él no, él se acercó y vio al hombre que la conducía. Sombrero negro, barba de tres días. Le disparó con la pistola de juguete. El hombre sacó un arma y disparó de verdad. La bala pasó zumbando al lado de su oído. Cayó de rodillas. El hombre soltó una carcajada.

–I wonder what does it feels to hate your own color and your aspect so much, or at least enough to disregard them for the american dream…

Su piel morena. Recordó que odiaba su color, su destino, su inferioridad, o cuando menos lo que él había considerado así. Las burlas de sus compañeros de escuela por ser el más prieto de todos. Siempre estaba hablando de carros de lujo o de carreras y de cómo cuando fuera a EU tendría todas esas cosas. Había buscado a la novia más blanca que pudo, “para mejorar la raza”, aunque nunca se lo había dicho. Pudo recordar cómo solía llamarla de cariño: güerita.

–The bad news is… you will be disregarded too. The good think is that you are not considered a person any more. You are nobody. Your mere existence is… illegal…

Después de unas horas la mayoría de sus recuerdos reales habían vuelto y se separaban de los de trenes como el agua y el aceite.

Ya no vio al albino, sino que una especie de guardias lo llevaron a las afueras de la ciudad en donde había una fosa común con decenas de cadáveres rubios, pelirojos y de ojos azules o verdes. Como estaba muy profunda alumbraron para que pudiera verlos. Le iban a disparar, seguramente, pero John, quién aún no conocía otro nombre, se arrojó al vacío y se perdió en la negrura de esas sombras que parecían tener sustancia como nubes de tormenta. El sonido del tren se fue apagando poco a poco mientras miraba aquellos ojos tristes que se despedían de él.

 

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