Amparo Dávila: El ave rara de la literatura femenil mexicana del siglo XX

Con la clara excepción de Sor Juana Inés de la Cruz, la participación de la mujer en el mundo literario del país anterior al siglo XX había sido muy restringida, casi nula. Afortunadamente desde inicios del siglo pasado emergió toda una camada de novelistas y narradoras que empezaron a forjarse un nombre y acabaron con todo justicia ganando su espacio en las letras del país. Autoras como Nellie Campobello, Rosario Castellanos o Elena Garro irradiaron destellos de buena literatura y en cierto modo pavimentaron el camino para que, más o menos a mediados de siglo, ya pudiera hablarse de una literatura femenina mexicana consolidada. Surgieron revistas como “Rueca” o “El Rehilete” y escritoras de todos los géneros proliferaron a lo largo y ancho del país: nombres como el de Concha Urquiza, Maruxa Vilalta, Margarita Michelena, Elena Poniatowska, Margo Glantz o el de Leonora Carrington se hicieron del conocimiento público, desplegando su talento en campos como la poesía, la novela, el ensayo o el periodismo. Y, a pesar de los viejos prejuicios de siempre, el género de la literatura fantástica también estuvo representado por autoras como Inés Arredondo, Guadalupe Dueñas o la zacatecana Amparo Dávila.

Desde luego que no constituye una novedad que siempre sea el género de la literatura fantástica el más denostado; por lo regular tanto la crítica, ciertos autores y varios lectores presuntuosos tienden a minimizar los esfuerzos en ésta área de la literatura, tildándolos de “infantiles”, “poco serios”. El estigma ha persistido a través de los años a pesar de que autores como Edgar Allan Poe, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges hayan demostrado que el hecho de que un texto sea fantástico no tiene nada que ver con su calidad como obra literaria de altos vuelos. Desde luego que México no ha escapado a tal prejuicio y en una época en la que casi era un requisito básico para cualquier escritor el ser “nacionalista” o plagar su obra de elementos costumbristas mexicanos, aves raras como Francisco Tario o la misma Amparo Dávila fueron dejados pasar un poco de largo en el reconocimiento popular que merecían precisamente por lo particular de la obra que ofertaban. Si bien es cierto que los verdaderos conocedores laurearon en su momento su obra, lo cierto es que esta no supo ser valorada en su totalidad por la gran masa del público y tristemente quedaron un poco relegados ante la obra de otros autores más accesibles (y por tanto más provechosos económicamente hablando) enfocados a materiales “más serios”. En ésta ocasión vamos a hablar un poco acerca de Amparo Dávila, quien de algún modo ha subido muchos puntos en cuanto a popularidad en los últimos tiempos,y habremos de dejar pendiente al genial Francisco Tario para otra ocasión.

Nacida en el año de 1928, en la población de Pinos en el estado de Zacatecas, Amparo Dávila desde muy pequeña se encontró con un territorio fértil para incitar su fantasía. Ésta afirmación es fácil de constatar si acaso un día usted, apreciable lector de “El ojo de Uk” visita alguno de los poblados de Zacatecas; se trata de una tierra hasta cierto punto inhóspita, donde el viento sopla con gran fuerza y en las noches una enorme luna se despliega; se trata pues, de uno de esos sitios donde algo misterioso parece estar flotando siempre en el ambiente. Como sea, Amparo no vivió toda su niñez en esos lares: a los 7 años se mudó a San Luis Potosí para proseguir con sus estudios, y nuevamente se encontró con un lugar muy apropiado para desarrollar las obsesiones que posteriormente poblarían su obra. Sus primeros esfuerzos literarios se dirigieron a la poesía, publicando en el año de 1950 un volumen titulado “Salmos bajo la luna”, seguido en 1954 de dos nuevas entregas bautizadas como “Meditaciones a la orilla del sueño” y “Perfil de soledades”, respectivamente. Después de mudarse a México y trabajar como secretaria nada más y nada menos que de Alfonso Reyes (además de entablar amistad con escritores como Julio Cortázar o Juan José Arreola), edita en 1954 su primer volumen de cuentos, titulado “Tiempo destrozado”. En él encontramos doce relatos, todos apuntando a lo fantástico y mostrando las señas de identidad de la autora que se harán su marca registrada en el futuro. Son muy destacables de esta primera entrega “El huésped”, “Moisés y Gaspar” o “La señorita Julia”, relatos todos donde Amparo muestra que domina a la perfección ese viejo juego de “el gato y el ratón” que se ha establecido entre escritor y lector desde que la literatura del género empezó a evolucionar. Básicamente la autora se permite darnos unas pocas pistas pero sin decirnos en realidad de qué va la cosa, haciendo que sea el lector quien acabe de construir las historias, añadiendo incluso los protagonistas que prefiera a la mezcla. Desde luego que se trata de un recurso no tan sencillo de dominar, pero eso, a la par de los temas que suele tratar en su obra, como la desesperación, la locura, el paso indolente del tiempo, así como un toque siniestro, aunque no exento del ocasional toque de humor, hacen de sus cuentos obras muy disfrutables.

En 1961 editó “Música concreta”, con relatos como “Matilde Espejo” o “Matilde Reyes” ahonda aún más en las obsesiones como eje temático. Si algo ha destacado a Amparo Dávila es que nunca fue demasiado prolífica. Sólo escribió cuando sintió el deseo de hacerlo y eso coadyuvó a que si fama no se extendiera más allá de un círculo de pocos elegidos. Su siguiente libro fue editado hasta 1977, “Árboles petrificados”, donde no dio signo de haber bajado su calidad ni lo evocativo de su carácter, mereciéndole hacerse acreedora del Premio Xavier Villaurrutia. No sería hasta el 2008 cuando volvería a publicar algo inédito, ésta vez sería “Con los ojos abiertos”, incluido en la colección “Cuentos Reunidos” editada por el Fondo de Cultura Económica.

“Andan sueltos como locos”: redescubriendo la obra de Amparo Dávila.

Algo curioso ha pasado con Amparo Dávila desde hace un tiempo. Poco a poco, su obra se ha ido redescubriendo y valorando por el público lector del país. Se le han rendido varios homenajes en diversos eventos a lo largo y ancho del país, incluyendo el recibimiento de la Medalla de Bellas Artes en el 2015. Sin embargo, creo que el mejor tributo que se le ha brindado hasta ahora, ha sido la creación del Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila, surgido también en el 2015. Éste premio es una iniciativa local apoyada por la Secretaría de Cultura de Zacatecas, que tiene como fin primordial el acercar a los lectores a la obra de Amparo, además de servir como un medio para que escritores emergentes radicados en el país tengan la oportunidad desarrollar su talento. Se trata de una iniciativa muy interesante ya que deja de lado la burocracia típica imperante en éste tipo de certámenes, ya que opera completamente a través de internet, de modo que lo único que un autor requiere para participar es prácticamente, el haber escrito su cuento, y tener acceso a la red. El premio al ganador es de $ 100,00.00 pesos mexicanos. Hay que destacar la excelente participación que se recibió en la primera edición del Premio, ¡ya que se recibieron 3,411 relatos de autores a lo largo y ancho del país! El ganador resultó ser Fernando Jiménez, de Querétaro, con el relato “Combatir al pecado”, además hubo 10 menciones honoríficas adicionales. Otra cosa interesante es que los autores de los textos destacados y del primer lugar fueron todos menores de 36 años, lo que es un buen indicador del talento emergente que anda por ahí esperando a ser descubierto.

El pasado día 12 de mayo tuvimos oportunidad de asistir a la presentación de “Andan sueltos como locos” en la Ciudad de Monterrey. Éste libro reúne tanto al relato ganador del Premio como a las diez menciones honoríficas de la primera edición. Lo estuvieron presentando Aránzazu Núñez, editora del volumen, Fernando Jiménez, ganador del certamen, y de Monterrey Alejandro Vázquez. La antología fue editada a través de Libros Pimienta, un esfuerzo editorial que de hecho surgió de la mano con el certamen para auxiliarlo en la consecución de sus objetivos de apoyar a los escritores emergentes del país. Según palabras de Aránzazu “La antología es un registro en tiempo real de lo que se está haciendo en éste momento en el país. Con el cambio de formato que proponemos, ajustado al mundo real, se posibilita el descubrimiento temprano de miradas únicas, que se pueden consolidar con apoyo del Premio”. Después de dar una ojeada al contenido del volumen, puedo decir que se trata de una muestra muy variada, que abarca diversos estilos y temas, y al menos hasta donde voy, con la calidad suficiente como para hacer del libro una lectura en general muy divertida. Otro plus que tiene, es que cada cuento fue ilustrado por un artista Zacatecano, lo cual lo hace también muy atractivo desde el punto de vista pictórico. Amparo Dávila estuvo casada con Pedro Coronel, pintor, escultor y coleccionista de máscaras zacatecano, así que éste aspecto visual es algo relevante en su vida.

En fin, sin mayor preámbulo, los invito a acercarse tanto a la obra de Amparo Dávila como a la nueva literatura fantástica que se está haciendo en el país. Busquen “Andan sueltos como locos”, Libros Pimienta es una editorial muy nueva, así que apenas están trabajando en formar un canal de distribución apropiado, pero por lo pronto, el libro ya se puede conseguir en formato electrónico en Amazon o Gandhi. Próximamente será posible encontrarlo en formato físico en librerías de prestigio. ¡En ambos casos está a precios muy módicos!

Sobre el autor: Octavio Villalpando – Nacido en Monterrey, N.L. en 1979. Estudioso del horror en todas sus manifestaciones. Incansable lector y cinéfilo irredento. Diletante de las manifestaciones más oscuras de las artes. Administrador de la página de la página de promoción de cultura lectora “Lea, no sea pendejo”. Ha dictado conferencias y charlas acerca de temas Lovecraftianos y coordinado ciclos de cine de horror relacionados con la obra del genio de Providence.

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