El tiempo y el espacio en “El Eternauta”

La historieta en Argentina también tiene su origen en la Caricatura, de igual manera como tuvo su génesis en México.
Sin embargo hubo un notable avance al ya estipular no sólo la exageración en los personajes, sino una narración secuencial enfocada a criticar la política de su país, todo ello dentro del periódico dominical “El Mosquito”, por lo mismo se ha dicho que estos hispanohablantes fueron todavía antecesores al “Yellow Kid”, catalogada como la primera historieta formal en los Estados Unidos.

La consolidación de la narración gráfica en dicho país de Sudamérica vino en la ya especializada revista, “Caras y Caretas” a partir de 1898. De manera autónoma y pese a que también llegaron ahí los productos norteamericanos, hubo una producción muy importante en las viñetas similar a la que existió en México, salvo por el hecho de que no tuvieron una censura tan radical como fue el caso de la “Comisión Calificadora y Descalificadora de Revistas Ilustradas”, pese a las duras situaciones políticas y posteriormente dictatoriales que atravesaron, eso permitió que la historieta se desarrollara de una manera más radical, sumada a la emigración de algunos autores italianos que reforzaron la producción artística alejándola un tanto del mal gusto que estuvo muy presente en nuestro país.

Dentro de los autores importantes, destaca la participación de Hugo Pratt (Autor de Corto Maltés), uno de los más importantes autores de narrativa gráfica a nivel mundial. Y de manera curiosa, pese a que hubo un mayor énfasis en el humorismo argentino a nivel internacional, destaca en versión de historieta seria, “El Eternauta”, cuya trascendencia es importante no sólo en Argentina, ya que se ha consolidado como la novela gráfica más importante de toda Latinoamérica.

Esto último se puede reflejar en la imagen de Juan Salvo caminando afuera de su chalet, con su traje aislante que lo protege de la nevada mortal que había acabado con casi toda la vida del gran Buenos Aires, un icono de las viñetas argentinas junto con “Mafalda” y “Boogie el Aceitoso”. A tal grado que la presente obra publicada en entregas llegó a influir incluso en autores anglosajones como el mismísimo Frank Miller, que tomo mucho del estilo argentino en sus obras. Además de ser un texto que con frecuencia se incluye como lectura obligatoria en la educación secundaria de gran parte de Argentina. Sobre su importancia en la cultura popular de su país quisiera citar lo siguiente:

Y es en 1957 cuando debuta, en las páginas de “Hora Cero”, en la que aparecerá hasta 1959, una historieta de “ciencia ficción” destinada a convertirse en uno de los pilares del comic universal: “El Eternauta“. Con los dibujos de Francisco Solano López, llega a su cumbre el estilo narrativo de Oesterheld, que deja de lado las clásicas divisiones que hacía la historieta entre “héroes” y “villanos”, “pistoleros” e “indios”, y comienza a incursionar en la creación de personajes no tan “puros”, héroes que tienen miedo, villanos queribles, perdedores y marginados, hombres que luchan por encontrarse y, sobre todo, por “el cambio de domicilio” de la aventura, que ubica hechos, que hasta entonces habían sido privilegio de lugares lejanos y exóticos, en sitios cotidianos. Otro de los aportes incuestionables de Osterheld es el hecho de haber agregado a una historieta que desde sus comienzos (dibujos de Caras y Caretas o P.B.T.) fue testimonial, la característica de ser definitivamente comprometida con la realidad. No es extraño encontrar en los guiones (sean realistas, de aventuras o de ciencia ficción) alusiones y críticas constantes a la realidad política del país que se van haciendo cada vez más evidente con el correr de los años.

(GIUNTA, Néstor “La Historia del Cómic en Argentina”, Todo Historietas  [Página Web], disponible en www.todohistorietas.com.ar/historia_argentina_1.htm, 23 de septiembre del 2011, 23:52 horas.)

     Es necesario establecer que aunque publicada en capítulos “El Eternauta” es una narración con varios hilos narrativos, en pocas palabras, una novela gráfica, aunque en su tiempo aún no se acuñaba ese término.
Dentro del lenguaje anglosajón ha habido importantes aportaciones de este género del cómic que tiene a todas luces una relación mayor con la narrativa tradicional, títulos como “Watchmen”, “V de Vendetta” o “The Sandman” con guiones de los británicos Alan Moore y Neil Gaiman, en donde de manera curiosa, es en este género donde hay una mayor participación de un guionista ajeno al dibujo.
Pensando en Hispanoamérica, es curioso que en esta obra también haya un predominio del argumento de Héctor Germán Oesterheld, sobre los dibujos de Francisco Solano López, a tal grado que el mencionado escritor fue desaparecido por la dictadura de su país. Además de que la figura del mencionado autor estuvo muy presente al detonar la trama, ya que todo comienza con una de sus noches normales de trabajo, en donde se desvelaba escribiendo guiones y se visualiza frente a él la figura de un ser humano, de ahí la expresión “Es para creer en fantasmas”, a partir de entonces el nuevo personaje se presenta como “El Eternauta y comienza a contar su historia”, por lo que de ahí la narración deja de ser lineal y se convierte en un juego de espacio-tiempo, que en narrativa se denomina “Cronotopo”. Textualmente:

“En el cronotopo artístico literario tiene lugar la unión de los elementos espaciales y temporales en un todo inteligible y concreto.// El tiempo se condensa aquí, se comprime, se convierte en visible desde el punto de vista artístico; y el espacio, a su vez, se intensifica, penetra en el movimiento del tiempo, del argumento, de la historia. Los elementos del tiempo se revelan en el espacio, y el espacio es entendido y medido a través del tiempo. La intersección de las series y uniones de estos elementos constituye la característica del cronotopo artístico.”

  (Bajtín, Mijaíl, “Las Formas del Tiempo y el Cronotopo en la Novela, Ensayo de Poética e Historia”, España, Editorial Taurus, 1989.  Pág. 237.)

  A partir de ese momento, dicho elemento marca el resto de la narración que en apariencia es lineal, pero siempre da saltos para regresar al estudio del guionista que sigue escuchando la historia de Juan Salvo “El Eternauta”, por lo que esta no es una meta narración, es decir una que esté dentro de la otra, pues al final ambas se unen en un mismo hilo y contexto narrativo dando un final abierto a los acontecimientos que habrán de venir.

De ahí vemos a un narrador testigo, el mencionado protagonista que presenta a los personajes, su esposa Elena y su hija Martita, sus amigos Lucas, Favali y Polski, que como dato curioso, todos son personas normales de la clase media argentina.
De ahí viene el acontecimiento que provoca el conflicto de toda la trama, una nevada sobre la ciudad de Buenos Aires: los copos que caen del cielo son mortales y dentro de poco la capital porteña está llena de gente muerta, cubierta por lo que parece ser nieve, pero no lo es. Sólo algunos se salvan como es el caso de los mencionados personajes que jugaban al “Truco” (juego de cartas  argentino), con la buena suerte de que la casa de Juan Salvo estaba totalmente sellada en base a su afición por la electrónica.
A partir de ahí vino el primer holocausto que fue una marca del tiempo en la historia, la muerte de Polski que corrió cubierto con una sábana para ver cómo estaban su mujer e hijos, sucumbiendo a los ojos de sus amigos. Dicho personaje que como tal sólo apareció en los primeros capítulos constantemente fue recordado con el efecto narrativo de la analepsis o retroceso, su participación fue trascendental para corroborar que los copos eran mortales y que había de elaborarse algún traje aislante que los contuviera. Posteriormente la historia continuó de manera lineal, con algunos saltos regresando al estudio del guionista. Pero lo también curioso es la situación del espacio, puesto que casi como a manera de escenario narrativo se impone la ciudad de Buenos Aires, en lugares, calles y edificios muy arquetípicos, como lo expone el también argentino Anderson Imbert:

“Uso la palabra escenario por falta de otra mejor. La uso en el sentido amplio que “skene” tenía entre los griegos, pero no me molesta que hoy se le dé, primordialmente, una significación teatral. Después de todo, el narrador debe de presentar su acción de forma  visible y audible en escenas dramáticas. En el escenario de un teatro las escenas, actualizadas por actores, son vistas y oídas por el público, directamente. El lector de un cuento responde con su imaginación al poder evocador de las palabras. No ve el escenario, no oye el diálogo: sólo se los imagina. Pero las escenas que transcurren en el escenario de un cuento, por lo mismo que son mentales, se desplazan libremente por el espacio y el tiempo”.

(Anderson Imbert, Enrique, “Teoría y Técnica del Cuento”, España, Editorial Ariel, 2007. Pág. 202.)

Será necesario aterrizar que a diferencia de la narrativa en prosa, la narración gráfica como su propio nombre lo dice, sí muestra un escenario que en ocasiones llega a ser más real que en el teatro mismo, valiéndose del dibujo y la ilustración, por lo que el lector no tiene que imaginarse tanto el escenario, sino más bien apreciarlo, aunque se ha comprobado que no por mostrar las imágenes el consumidor de historietas tiene una imaginación más limitada que el que sólo lee cuento o novela. Esto último se justifica en la secuencialidad y la visibilidad que también estimula la imaginación del lector promedio y le facilita una apreciación estética en base a las imágenes que no ofrece el texto literario como tal, salvo en algunas excepciones donde forman parte incluso de la paratextualidad.

Por lo que la ciudad de Buenos Aires es como tal un punto de partida para el cronotopo, pues inicia en dicha ciudad en el cambio temporal de una analepsis contada por un narrador testigo viajero en el tiempo, aspecto definitorio del género de Ciencia Ficción y que posteriormente en la segunda parte del “Eternauta”, será un escenario que no será estático y también avanzará en el tiempo, ya que la casa de Juan Salvo seguirá existiendo en un viaje al futuro en donde la urbe porteña ya no existe, pero en ese mismo lugar hay nuevo asentamientos humanos de súper sobrevivientes. Y específicamente hablando de un espacio más reducido, es precisamente la casa de los Salvo un elemento trascendental, al llevar a los límites el sentido de protección de un hogar que ya había definido el teórico francés Gaston Bachelard:

Para un estudio fenomenológico de los valores de intimidad del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado, siempre y cuando se considere  la casa a la vez en su unidad y complejidad, tratando de integrar todos sus valores fundamentales en un valor fundamental. La casa nos brindará a un tiempo imágenes dispersas y un cuerpo de imágenes. En ambos casos, demostraremos que la imaginación aumenta los valores de la realidad. Una especie de atracción de imágenes concentra a éstas en torno a la casa.

(Bachelard, Gaston, “La Poética del Espacio”, México: Fondo de Cultura Económica, 2000. Pág. 27.) 

De dicho valor que se le otorga a la casa sobresalen los valores emotivos y va más allá al representar la salvación de la vida misma. Es la protección de dicho espacio que marcó que los personajes permanecieran vivos y pudiesen vivir el conflicto de la obra, en el caso de Polski quedó demostrado el enorme sentido de supervivencia que representa salir de la casa. Y tanto en la primera como en la segunda parte toda la trama de la invasión comienza ahí. Es curioso que llega un momento en que es necesario abandonarla para seguir sobreviviendo, siendo éste el objetivo principal de los personajes y que de nuevo es muy propio de la Ciencia Ficción como género literario.

En la parte climática de la obra es notorio como el protagonista siguiendo su ideal de supervivencia se convierte en viajero en el tiempo, ya no por deseo de conocer lo que fue o será, aspecto que es muy usual desde una obra fundamental como lo fue “La Máquina del Tiempo”  de H.G. Wells, sino como última oportunidad para salvar lo poco que le queda y ante lo traumático que resulta ver que sus compañeros sucumbieron al ser convertidos en “Hombres Robots”. Fue eso lo que lo presentó con el nombre del “Eternauta” ante el guionista y el final estuvo marcado por la cuestión del tiempo, un volver al pasado, al año de 1959 antes de la nevada mortal que se supone será en 1963. Lo mismo que el final abierto de la primera parte y que es cerrado por el personaje de Oesterheld, al concluir que quizás la única forma de detener la nevada será publicando la historia que acaba de contar de un narrador testigo que de buenas a primeras ha sufrido un cambio y ya no recuerda nada de lo que ha contado.

Posteriormente en la segunda parte, el final deja de ser del todo abierto, puesto que es evidente que tanto Germán (el guionista mismo que ahora fue coprotagonista de la historia), como Juan Salvo, han sido víctimas de otro viaje en el tiempo, quizás también a causa de los “Ellos”, lo que queda claro es que no se han de rendir.

Y finalmente un aspecto trascendental, es que los personajes nunca se rindieron y siguieron luchando hasta el final, aspecto que en cierta forma tenía mucho que ver son su espacio y tiempo, puesto que estaba viviendo un período arduamente complicado en Argentina, conocido como el “Empate”, donde hubo un notable cambio Post Peronista y donde se llevaron a cabo las mencionadas desapariciones de las cuales el mismo Oesterheld fue víctima, todo en un ambiente de inestabilidad política, en donde la metáfora de esta publicación siempre fue, no rendirse pese a las circunstancias tan adversas. Razón de más por la que no se supo nada de este escritor, habiendo rumores de que en una celda de aislamiento total, siguió haciendo bocetos de cómic con su propio excremento; sobre la forma en que fue desaparecido tampoco se sabe a ciencia cierta, pero se dice que fue lanzado de un helicóptero a mar abierto.

Y a la fecha hoy nos preguntamos ¿Dónde está Oesterheld?

Sobre el autor: Gerardo Martínez Acevedo, “Efrén Bantú” (Matehuala, SLP, 1980) – Ha sido actor de teatro, locutor de radio y actualmente es feliz como profesor de bachillerato y dando talleres de historieta para niños, fue fundador de la revista P.U.T.A, primera publicación de cómic underground de Jalisco. Ha colaborado en las revistas Matices de Alemania, Characato Cómics de Perú y actualmente escribe el guión del cómic “Guadalajara 2040”. 

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