Borrosa visión en la lejanía

Un pterodáctilo se ha escapado del reino de la imaginación y anda suelto en la ciudad en el nuevo Poetazo Borrosa visión en la lejanía, compilado por Fernando Galaviz (Monterrey, NL, 1969).

Junto con ésta, hay otras historias que nos atrapan por su brevedad y eficacia: la niña fantasma que quiere jugar con su nueva vecinita, la niña que convence al espantapájaros de que no está solo en el mundo, la niña del futuro que extraña su estancia en el planeta tierra, el niño vampiro que está preocupado porque oyó en la escuela que los de su especie son una plaga, la manzanita que cae sobre Isaac Newton y origina la ley de la gravedad, la sombra que siempre acompaña al niño que la genera cuando hay luz (aunque éste nunca le hable), el papalote que hace feliz a su dueño trayéndole mensajes de amigos lejanos gracias a su amigo el viento, el filósofo griego Diógenes que muere empachado por comerse un pulpo, el niño al que le creció un enorme grano en la cabeza y el chico que odiaba los libros, pero termina escribiendo uno.

Los cuentos abordan varios subgéneros: el infantil: “La manzana” (de Karla Elva Ramírez), “Clac” (de Sandra H. Ramírez Garza), “El amigo de los vientos” (de Oscar Bermúdez), “La pregunta” (de Marina Isabel de Anda Otero) y “Calabazas” (de Hugo González Mata), el fantástico: “Cresta” (de Jesús Buentello), “Un pterodáctilo en la ciudad” (de Alfonso Hinojosa Arroyo) y “Lectura fantástica” (de Adriana Cisneros Garza), el de terror: “La niña del ático” (de Rocío Herrera Carrera), el de ciencia ficción: “Princesa Saturna” (de Fernando Arturo Galaviz Yeverino) y el histórico: “El cínico” (de Urbano Villanueva).

De estos once cuentos, tres podrían clasificar en otros subgéneros: “La manzana”, donde aparece el científico Newton, y por ello tendría un lugar en el subgénero histórico, pero está contado por dicha fruta; “La pregunta”, donde los personajes son vampiros, y por ello sería de terror, pero predomina la orientación infantil, y “El cínico”, que narra los últimos momentos de ese filósofo que buscaba un hombre honesto, y por ello pertenecería al subgénero realista, pero el personaje es tan fuerte que determina el subgénero.

De todos ellos, sobresalen dos: “Clac” y “Calabazas”. “Clac” es la sombra fiel que sigue al niño Sebastián siempre que hay luz y sacrifica todo por estar con él: “jamás podría abandonarlo. (…) creo que soy un amigo bastante fiel” (p. 10). Y en “Calabazas” su ternura nos rebasa cuando la niña se dirige al espantapájaros: “¿Se siente solito aquí, verdad? Pues no lo está, ¿sabe? Los cuervos siempre están con usted y lo cuidan (…). No los trate mal, ellos también lo quieren” (p. 26).

Sobre el Autor:  Eligio Coronado (Monterrey, N.L., 1948) ha realizado estudios de derecho y periodismo en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Ha publicado 25 libros de diversos géneros. En 1996 recibió el Premio a las Artes de la UANL. Ha ganado premios en poesía, cuento y dramaturgia. Ha sido traducido al inglés, francés e italiano. Figura en la Enciclopedia de México y en el Diccionario de Escritores Mexicanos. Ha colaborado en más de 160 revistas. Es, además, crítico, editor, traductor, promotor e investigador.Entre sus libros recientes: Habitaciones (UANL, 2009), Dar la Palabra (Diáfora, 2014) y Cuentos del espirituario (Edit. Poetazos, 2014). En 2011 hizo los guiones de La Ilíada y La Odisea (de Homero) para la revista mexicana de literatura universal ilustrada Presencias. 

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