Granates Hexagonales

(A Saki)

— Oye, que bonito está este.
— Era el favorito de mi tía Hortensia. Se lo regaló mi tío cuando cumplieron veintinueve años de casados. Ya sabes, por lo de las “bodas de granate” y le gustaban mucho, aparte porque era su color favorito, “rojo sangre de arteria” decía ella. Era enfermera. Yo creo que los apreciaba mucho porque fue el último regalo que le hizo mi tío antes del infarto, si te fijas, parece que forman un corazón.
—  Mmmh… como que no le hallo la forma…
— Si, mira, debajo de los dos hexágonos hay un rombito y si lo volteas parece un corazón. Es que le falta un pedacitito en la esquina, se pierde un poco.
— No se lo nota que esté roto.
— No, casi no se le nota. Eso pasó cuando mi tía se los prestó a su hermana para ir a una fiesta, en el camino tuvo un accidente de carro muy grave, el carro fue pérdida total. Esa tía acabó en el hospital con la cadera fracturada. Tuvieron que operarla, ya casi se les muere en la anestesia, luego tardó en recuperarse porque no le soldaba el hueso. La volvieron a operar y le pusieron un clavo. Creímos que ya no iba a caminar, gracias a Dios se recuperó, pero ahora por eso trae bastón.
— Que mala onda.
— Creo que tenía un juego de aretes, pero ya no supe donde quedaron. Lo último que supe es que mi tía se los había prestado a una comadre para la boda de su hija. Por ahí debe haber una foto en el álbum grande, es una señora que trae un vestido rojo, ella traía los aretes que hacían juego. Pobre señora, no alcanzó a conocer a los nietos. Le salió un tumor en el cerebro: primero según que estaba quedándose sorda, pero luego ya no pudo mover la mitad del cuerpo y antes del año se les fue. Se la llevaron a la capital a tratamiento, pero ya no regresó y mi tía guardó los aretes que porque le iban a traer mala suerte si se los volvía a poner, por eso sólo quedó el prendedor. Pero ya nadie se lo ha vuelto a poner desde que se murió. En fin, ¿Con que vestido te lo vas a poner? También te puedo prestar uno que le debe quedar bonito, deja lo busco.

— ¿Sabes qué, prima? Me acordé que Pepe va a llevar corbata verde, entonces mejor le pido a mi mamá algo que haga juego de ese color.
— ¡Ah! pues está bien…

Su prima se retiró, ella miró los granates hexagonales antes de guardarlos en el alhajero del tocador. En el espejo reconoció en sus labios la sonrisa de su tía Hortensia.

La mujer a quien en vida no le gustaba ni la gente supersticiosa, ni prestar sus joyas.

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