Cthulhu Fhtagn: Crónica de una obra de teatro infame

A mediados de octubre del 2015, entre las redes sociales de Monterrey comenzó a hacer mucho ruido una página llamada “Cthulhu Fntagn” que promocionaba una puesta en escena inspirada por el cuento de H.P. Lovecraft titulado “La llamada de Cthulhu”.

En esa página se mostraban videos de coreografías de baile a blanco y negro, y un poster en el que se apreciaba una figura cuya mitad izquierda era el autor de Providence, y la derecha el ya muy reconocible monstruo verde, alado y con tentáculos en vez de boca. El poster rezaba de la siguiente manera: “De las pesadillas de H.P. Lovecraft: CTHULHU FHTAGN Obra de horror cósmico” y cuyo debut sería el treinta de octubre, con dos funciones en el Teatro Convex de Monterrey, antes de partir en un tour por diferentes ciudades del país.

En esos días el periódico Hora Cero publicó un reportaje donde se mencionaba que este era el primer montaje a gran escala de la compañía Dscenicus, producida por Edna Durán (Egresada de la FACPYA de la UANL) en el que se citaba “Nosotros lo que hicimos fue inspirarnos en H.P. Lovecraft para crear el guión. Nos pusimos a pensar  ¿Qué podríamos hacer dentro del arte de vanguardia?”

Si eso era suficiente para atraer la curiosidad y el interés de los aficionados al horror sobrenatural en Monterrey, el anuncio de la presencia en el escenario del monstruo mismo fue el verdadero detonador. En la página oficial del evento se describía la obra como un performance multidisciplinario, de grandes dimensiones, música sombría y un guión impecable basado en el famoso cuento. “Una experiencia escalofriante que te erizará la piel”, doce bailarines, tres actores y cuatro músicos. Una experiencia invaluable, aseguraban.

Y al describir al dios durmiente mismo, las expectativas de que verdaderamente sería algo para recordar se elevaron hasta los abismos estelares: “El Cthulhu más grande del mundo: Con dificultad cabe en el escenario. Mide más de cinco metros de altura y más de cuatro de ancho, verlo de cerca ¡es horror puro! No puedes creer que no está vivo…”

Complementado tan fenomenal descripción, la página de facebook mostró una fotografía de la cabeza y mencionaba: “Se necesitan mínimo tres personas para lograr moverlo en el escenario; una persona está en el interior haciendo que gesticule y otras dos personas moviendo las demás partes del cuerpo, los tentáculos se mueven por medio de un sistema de engranes automatizados ¡increíble! ¿no creen?”

Con toda esta expectativa (o hype si le quieren llamar así) y pensando que hace veinte años me perdí “La Anunciación” (monólogo basado en un cuento de Lovecraft y actuado por Alejandro Camacho), pensé que era algo que no debía perderme. Los boletos más económicos estaban en $150, había de $300 y finalmente los mas caros eran de $500 e incluían una foto con el Cthulhu al final. Habría dos funciones únicamente, una a las 7:00 pm y otra a las 9:30 pm.

Ese viernes llegué al Teatro Cónvex con anticipación ya que había comprado el boleto en línea y debía estar una hora antes para recogerlo. Los responsables de la venta de entradas (Arema Tickets) llegaron rayando la hora de entrada, cuando una fila de personas que esperábamos para recogerlo, ya estaba formada. Al menos en la primera función, me consta que había un lleno importante. Hubo una persona que asistió caracterizada con ropa de época, otra que llevaba un peluche de Cthulhu, y en su mayoría se trataba de un público compuesto por adultos jóvenes y algunos adolescentes.

En el acceso al teatro se vendían tazas y diarios conmemorativos, así como se mostraban las ilustraciones de los cinco ganadores del concurso convocado en facebook para publicitar la obra.

Al levantarse el telón, tres pantallas sobre el escenario (una al centro y dos a sus costados) en los que se proyectó la imagen de un pueblo ambientado en Arkham, y la historia básicamente era la obra. Empieza: Un erudito llega a la región para estudiar los ritos locales, su guía lo lleva al bosque (proyectado en las pantallas) donde ve a un grupo de bailarines en la noche. Su guía es atrapado por ellos y el protagonista escapa. Con dificultad regresa al pueblo, donde encuentra en la calle a una mujer que pregona la venida de su Señor, sin darle más explicaciones al protagonista. Posteriormente refugiado en su hotel, duerme y la mujer allana su habitación, viendo que él posee un ídolo, lo cual lo convierte en El Elegido. El guía reaparece, contrahecho en su caminar, y habla de cosas innombrables e inenarrables, señalando que una verdad será rebelada. En algún momento el protagonista es llevado a bordo de un barco (cubierta y oleaje proyectados en pantalla) que se hunde, llevándolos a la ciudad sumergida de R’lyeh donde duerme Cthulhu esperando que se alineen las estrellas para despertar. Aparece una acróbata aérea ejecutando algunos movimientos entre dos cortinas. El erudito, ahora convertido en Elegido se pregunta cómo es posible que puedan respirar bajo el agua, y ella responde que todo se debe a su dios. Él se burla de ella diciendo que para Cthulhu somos insignificantes, el telón baja y elevando el ídolo, lo invoca para que despierte.

Las luces se apagan.

Empiezan a sonar acordes de heavy metal.

El telón se levanta y ha aparecido una figura con cabeza de calamar, bastante grande, encuclillada en una plataforma en medio del escenario, al fondo los músicos parecen tocar pero da más la impresión de ser una pista. Los bailarines danzan alrededor de la figura, empieza a surgir humo del escenario, la música sigue… y después de unos segundos, el telón vuelve a bajar. El guía, con un antifaz, pasa delante del telón corriendo como animal, apoyado en manos y pies. La música sigue sonando, las luces se encienden… y los actores salen a dar las gracias para que posteriormente una voz en off se disculpe por las dificultes técnicas y solicita a quienes vayan a tomarse la foto con Cthulhu, esperen diez minutos.

El aplauso es dubitativo, mientras nos miramos unos a otros, en desconcierto. Muchas personas abandonan la sala para reunirse en el lobby del teatro, donde Edna Durán está dando explicaciones, y después de la insistencia de la gente, se compromete a regresarles su dinero, solicitando que se apunten en una lista.

La función de las 9:30 según supe, no fue diferente.

Consternado por el resultado, le comenté a varios asistentes que así eran las funciones de debut, que no debíamos ser duros con la crítica… aclarando que yo no tenía nada que ver con la producción. Lamentablemente pequé de condescendiente y lo reconozco.

El descontento era generalizado, como expliqué al principio, las expectativas que se generaron fueron muy altas. En el fin de semana siguiente la presión sobre la página de facebook llego al punto de que se censuraran comentarios primero, se cancelara el tour de la obra en otros estados y que se eliminara la página después. Arema Tickets y el Teatro Convex se deslindaron de la obra que era responsabilidad sólo de Dscenicus y la productora. El sitio oficial se deslindó también explicando que los habían subcontratado, y la página fue dada de baja. No tardó en crearse una página de facebook de asistentes, que exigían la devolución del dinero y naturalmente, una avalancha de memes haciendo burla del títere de Cthulhu que nunca se movió. Hay quienes aseguran que la falla técnica mencionada fue que se le cayó la cabeza, pero yo estuve en la primera función y por lo que a mi respecta, yo no vi eso.

Reflexionando a la distancia y después de exponer los hechos de la forma más objetiva que me es posible, llego a la conclusión de que además del perjuicio económico del que fueron presa quienes asistimos, temo que el mayor daño que este experimento pueda hacer aun esté por venir: ¿Cuántos se animarían a volver a ir a ver una obra basada en horrores cósmicos después de esta experiencia?

Adaptar horrores indescriptibles al cine, con todos los recursos técnicos y altos presupuestos, ya es de por sí una tarea en la que han fracasado muchas de las cintas inspiradas por la obra de Lovecraft. Intentar hacerlo en teatro podría sonar suicida, ya sea con escenografía y vestuario ambiciosos o apelando a la imaginación, aun teniendo grandes actores, maquillaje e iluminación.

¡Y sin embargo sería sumamente triste que no se hiciera! El gran error de esta obra, o quizá su gran apuesta, fue centrarse en la aparición de un entidad que encarna en su descripción general algo sencillo, pero en lo particular se describe con texturas que salieron de la imaginación de cada lector de Lovecraft, tan variadas como pueden ser los temores que anidan en sus cabezas.

Quedará pues en la memoria de los regiomontanos que asistieron a “Cthulhu Fhtagn” una obra que prometió mucho pero que como en el parto de los montes, no cumplió las altas expectativas, y sólo el tiempo dirá si se llega a convertir en una especie de referencia como ya lo es “Plan 9 del espacio exterior” de Ed Wood, que hasta hoy está catalogada como la peor película jamás realizada.

Y seguirán esperando Los Antiguos (y nosotros) la llegada de ese productor visionario que aprenda de los errores cometidos por otros, y realice en México una auténtica puesta en escena que capture la escena del horror cósmico, que no es necesariamente tentáculos y monstruos, sino el miedo a lo desconocido que habitará siempre en lo mas profundo de la psique del ser humano.

Sobre el autor: Abraham Martínez Azuara “Cuervoscuro” (Tampico, Tamps, 1975) Escritor cuyas historias han aparecido en México en Tierra Adentro, Revista Hiperespacio, Horizonte Cero y Cactus  entre otras. En el extranjero ha publicado en Heavy Metal Magazine, Strange Aeons, Strip Magazine, Próxima, y para DC Comics Digital coescribió Earthbuilders.

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2 comentarios sobre “Cthulhu Fhtagn: Crónica de una obra de teatro infame

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