Fanera

Y ahí está el hombre en cuestión, preparado, encorvado; dirigiéndole una mirada retadora al objeto de su concentración, el sudor hace mella en su frente, perlas del líquido salado cristalino comienzan a bajar desde el cuero cabelludo para terminar en el mentón, cayendo hasta el piso, dejando su marca característica en el mismo.

El hombre sabe que dolerá, no es lo mismo sólo imaginarlo y planear la ejecución, que ya estar ahí y ver la marca frente a él, al color y el dolor que aquella operación casera representa. “No es la primera vez” se dice a sí mismo, “el dolor será breve” se repite como una oración que lo salvará de lo que se aproxima.

Toma las tijerillas especiales, tienen bastante filo, le consta; la punta es curva para mayor efectividad al momento de cortar, su mano izquierda sostiene fuertemente el área y la derecha las tijerillas, se inclina aún más para alcanzar a ver la pequeña ranura y comienza.

Primero mete la tijera en el extremo de la fanera, haciendo una incisión precisa sin cortar del todo, comienza a redondear, al llegar a la orilla es donde se vuelve difícil, donde lo técnico se convierte en arte, donde todo depende de la destreza cirujana en sus manos torpes.

Llega a la orilla, ahí donde la fanera se vuelve carne y la carne se endurece en fanera, es en ese momento en el que el hombre se convierte en un Dios, en un metahumano, en uno mismo con sus tijeras de corte, las cuales inclina y entierra dentro de la unión, el dolor quema, el sudor en los ojos también, pequeños temblores nacen desde la base de su cuerpo hasta el cerebro. Ahora es cuando, levanta las tijerillas hacia dentro, formando un arco, arde, quema, duele, él maldice pero continúa con la cirugía, casi termina, hay un poco de sangre, “Solo un último tirón” se dice ahora en voz alta, no sabe si es el sudor el que entra o son lagrimas las que salen de sus ojos.

Ha terminado.

Tiene la prueba, el deshecho físico de la tortura por la que pasó. La muy maldita uña de mierda enterrada ahora yace en la palma de su mano. Él sonríe, una victoria más sobre ese regordete dedo traidor, vuelve su mirada hacia el lugar de la cirugía y nota una ligera protuberancia rosada pálida. Acerca su rostro y ve que hay un pequeño pedazo de piel que sobresale del dedo, lo retira dándole un tirón. Al principio duele pues es piel, carne de su cuerpo, pero prosigue, lo estira y comienza a salir con mayor facilidad, luego se da cuenta de que el pedazo no disminuye ni sufre rotura, sino que crece y se va haciendo cada vez más ancho junto con el dolor que esto representa, la uña completa comienza a separarse del dedo, él gime de dolor, un dolor cada vez más intenso, la uña se cae por completo, la sangre mana del dedo, como si se lo hubiera cortado de tajo.

Por fin grita. Lo que comienza a salir de su dedo, de aquella uña enterrada, es lo que podría llamarse un gusano, con su punta redondeada de un extremo pero del otro una multitud de pequeños tentáculos se asoman y latiguean, por todo su cuerpo salen espinas rosas encima de las escamas que cubre el resto de su anatomía, el pequeño gusano chilla, voltea hacia el hombre, como si supiera lo que está pasando, después y en un movimiento rápido, los tentáculos se pegan al dedo ensangrentado y succionan el líquido vital. El hombre grita y desesperado comienza a querer separar el gusano del dedo, es un proceso doloroso, los tentáculos se enredan al dedo, haciendo imposible la separación, el hombre se da cuenta, espantado, que el gusano está creciendo al mismo tiempo que su dedo y parte de su pie comienzan a ponerse de un color púrpura negruzco.

El hombre jala con todas sus fuerzas y desprende al gusano de su pie, en el proceso se arranca el dedo pero ya ni siquiera lo siente. El gusano chilla, se mueve salvajemente, se contorsiona como un poseso, buscando su fuente de alimento, para esos momentos esa cosa ya tiene el tamaño de un gato pequeño y su fuerza es descomunal. El hombre tiene que armarse de valor y tomarlo con ambas manos, el gusano no deja de moverse hasta que de pronto sufre un calambre y se detiene. Al igual que esa horrenda cosa el hombre sufre un ligero ataque hipnótico, se queda viendo al gusano, sin saber qué esperar, deseando que termine.

El gusano abre sus fauces y los tentáculos comienzan a expandirse, luego sus pequeños dientes afilados salen de la cavidad alrededor de los tentáculos y son apuntados hacia el rostro del hombre, quien espantado abre los ojos y siente como si estos se fueran a salir de sus cuencas, sudor y lágrimas se asoman de su frente, de sus ojos.

El gusano lanza sus tentáculos al rostro del hombre, enredándose como las raíces de una planta lo hacen con las paredes a su alrededor; el gusano chilla, el hombre implora piedad pero no la obtiene, los tentáculos lo atraen hacia esa cosa horrenda que salió de la uña enterrada, abre sus fauces y de pronto todo termina.

Los días pasan, las horas hacen mella en aquella habitación oscura. La puerta es derribada por algunos policías que se cansaron de tocar y llamar, pues los vecinos se habían quejado de un fuerte olor nauseabundo.

Encuentran al ocupante de la casa, sentado en un sillón individual viejo y roído, viéndolos con atención; sus ojos son fríos y de un color amarillento. Los oficiales le hablan y hacen preguntas, pero el hombre no contesta, solamente los ve y al final hace un gesto con la boca, como una sonrisa siniestra, mientras un hilillo de baba cae de la comisura de sus labios.

Sobre el Autor e Ilustrador: Jorge Robles (Gomez Palacio, Dgo) – Diseñador Gráfico, ilustrador y escritor,autor de la mini serie en cómic “2010” y artista del cómic oficial del equipo profesional de basketbol de La Laguna, los Algodoneros, titulado “ALG”

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