2do Concurso de Cuento y Poema de Ciencia Ficción “José María Mendiola” Tercer Lugar Poema – “Hack”

Era ella, pleno sentido corporal sin nombre

y dualidad eterna, así cambiaba a voluntad,

de haz de clara luminosidad a ente animado,

era  dulce  peregrina del universo tras búsqueda

de ecos; vibrantes sonidos de otras inteligencias.

Oscuros mantos cubrían las profundidades

y  aparecían y escondían  los resplandores;

soles rojos y gigantes o binarias, siempre ella

atenta en su camino, así escuchó variaciones

de una estrella no tan radiante, ni grandiosa.

Y ella, la grata escucha de las extrañas voces

de otras inteligencias, del Sol se dirigió al tercero

era binario de luna tan blanca como nubosidades

del manto de su planeta, primogénita entre nono,

en sus aguas, las ocres islas brillaban de noche.

En una catarsis ondulante, ella reconstruyó afín

de su luz atemporal y así volvió en un  cuerpo,

en el confín de una elevada montaña, ella nació

así, caminaría entre aires y vientos, y en su suelo,

lo rozagante de las brisas marinas que ya miraba.

A su oído habían llegado las voces inteligentes,

y  miró a la gente humana; al cielo de la Tierra

y su blanca luna, compañera celeste. Era dualidad,

como  ella misma. A su mirada se obsequió la selva,

cual brillo de jade, y de aguas-mares, su turquesa.

Y llamó Hack, luz infinita, vestida de tul

sobre su piel, la lluvia en sus manos era dulce

frialdad, una mirada al sol evangelizó creencia

de que era mundo ángel y espiritualidad gentil,

y todo quebró, al percibir la maldad de unos.

En sus manos, la rosa era substancial aroma,

y olía como ya oía y miraba, sentía como gente

era piel y cuerpo; perfecta. Y sabría de un hombre,

de mente  brillante; e intuyó, “Parece oír  murmullo

de estrellas, el son cósmico de enredos y metáforas”.

Era Van, hombre astrónomo que, ecuánime miraba

en las noches, la luz de bellas constelaciones

en un viejo lente; acercó ella, cual viento en la rama

de un árbol, en silencio, bosquejó su radiante luz

a la sensibilidad de su alma,  y fue extraordinario.

Y entre ellos, Van y Hack; fue sincera mirada

a sus cuerpos; y de él, su alma, y de ella, plétora

de luz cósmica;   así  unieron su tiempo y goce,

de corazón a corazón latió sentido en torrente

de sangre y sentimiento;  Hack conocía el amor.

De ambos, nació Humus luz tierna-niña, así ella

heredó de los dos, sustancial luz-ternura, y pasión

viajera a las estrellas; canto sideral atraería desde

la cuna;  padre vio, en su mirada,  bello pedacito

del universo en su oscuridad, y  brillos de luces.

Así, Van enteró que Hack era viajera por senderos

del universo; sorprendió que fuese ella; luz infinita,

deseó, en su mente, también el caminante sideral

y  tomaría, en su mirada, las estrellas que amaba,

así trasmutaron ambos en filo de luz,  dádiva de Hack.

Tres visitantes irían a bellas constelaciones;  obsequio

del cielo terrestre hacia el norte y los meses fríos;

sutil  intensidad de las estrellas rojas; maremágnum

incandescente en la soledad de sus vestigios; soles

gigantes e imposibles de creer;  y así, aún pequeños.

Hack volvió en eterna luz infinita,  en su caudal

sus dos pasiones, así; Van y Humus, sin ser cuerpos,

miraban las evoluciones en giro de las densidades

cósmicas; era infinita noche estrellada y opulenta;

verían Aldebarán, la que sigue  de las siete Pléyades.

Si Van hubiese tenido corazón, hubiere palpitado

intenso; y  así, contemplaba sin desvarío, y hablaba

a hija  y madre; “Ante el gran ojo de toro imponente,

sientan el viento estelar, lleva la caricia de estrella

así, un día, la gigante perderá majestuosa presencia”.

La triada del cielo que, con Aldebarán, Betelgeuse

y Pólux, eran las estrellas gigantes que perseguía Hack,

así escuchó de la sabia mente de Van, amable voz;

“la estrella, un día, asomará, en el cielo de la Tierra,

como  Luna, supernova que extinguirá en nebulosa”.

Era Pólux;  final de ruta, el sol naranja esplendoroso,

la mirada de tres posó en su cercanía, fue el giro

de un extraordinario mundo, que era como el hogar,

Van aseveró; ecuación de Drake permite aseverar…

“Aunque remontemos a luz, no alcanzará para saber”

Era la vida que Hack había hallado tras millones

de años-luz en viaje por el universo, cuando oyó

las gentiles vibraciones de  viejo sistema solar

 habitado; donde había hallado sueños y el amor.

Entonces,  al sol de Sirah remontaron y se alejaron…

Fue un vistazo, desde el sur, hacia Sol de Tierra,

un tremor fugaz de Van dio inquietudes de luz

que sostuvo en silencio; ella y su hija, y él, el hombre,

convirtieron en brillo más poderoso, irían a hogar,

luz infinita hacia Andrómeda  y  así despidieron.

Sobre la Autora: María Isabel Galván Rocha (Cd. de México, 1958) – Médico Veterinario. Comenzó a escribir a finales del 2008 después de que envíe una carta a un periodista y me ánimo a hacerlo. Con “El Silo de Svalbard” obtuvo el tercer lugar en un concurso de novela en Argentina. Lectora desde la infancia, su inclinación es por la ciencia ficción y la fantasía.

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