2do Concurso de Cuento y Poema de Ciencia Ficción “José María Mendiola” Tercer Lugar Poema – “Ella”

Ella tan rutinaria como los días de verano,

tan ligera como el viento de otoño,

con la sonrisa gris del invierno lejano,

y la primavera envuelta en su moño.

Ella que de joven jugó con su mente,

que amaba los concursos de ecuaciones,

bailando con las ilusiones de ser presidente,

aquel que llevara falda en vez de pantalones.

Ella que esperaba al ocaso amargo,

encaminando a su esposo a la cama,

para corriendo regresar al cuarto,

y velar los secretos guardados de dama.

Ella ponía música de fondo,

una bocina sobre su tesis científica de protones,

ahogando su llanto materno de muy hondo,

haciendo del espacio un mar de emociones.

Ella lo tomaba entre sus largos brazos,

deteniendo el tiempo en un instante,

aunque él, en un inicio estaba helado,

se contagiaba del calor de su madre.

Y así, ella que siempre lo deseó,

que siempre buscó la manera de tenerlo,

brincaba de alegría con desenfreno,

en el maravilloso momento de encenderlo.

Ella cual poeta narraba historias,

también le confesaba secretos aquel pequeño,

sin saber que afuera corrían las horas,

la luna y las estrellas aún eran el complemento.

Ella atenta escuchaba sus balbuceos,

aunque no entendía sus palabras.

más nunca buscó hacerlo,

porque así, así ella lo amaba.

Ella recibía criticas de amistades,

se alejaba de esposo y familiares,

con la sensación de que nadie entendía,

que nadie respetaba esa mágica alegría.

Ella desde muy niña jugó con muñecas,

eclipsada por ser la pequeña mamá,

sin tener valor de correr a esconderse,

y dejar al juguete que juraba cuidar..

Ella creció y se enamoró,

se graduó con honores en mecatrónica,

muy temprano quedo sólo con papá,

el mismo que padecía una enfermedad crónica.

Y así, ella que siempre lo deseó,

que siempre buscó la manera de tenerlo,

se entristecía al ver que amanecía,

que la batería de energía carecía.

Ella ayudó sin pedir nada a cambio,

firme fijó su rumbo a la caridad,

sollozando lo seguía observando,

mientras él la miraba sin hablar.

Ella lloraba con más fuerza,

apretando su puño bajo la cobija,

la misma que no cree en dios pero reza,

y ha encontrado solución en la tecnología.

Ella abraza sólo un pedazo de metal,

que lo oye en sonidos predeterminados,

se llama sistema operativo maternal,

con la patente que ella lo ha creado.

Ella sin duda admira su invento,

se reúnen noche tras noche desde las ocho,

leyéndole siempre el mismo cuento,

que por nombre lleva “La historia de Pinocho”.

Ella anheló toda la vida ser madre,

muy seria, se rehúsa a adoptar algún dia,

autoengañada con aquel niño virtual de engranaje,

que repite lo que dices y simula que respira.

Y así, ella que siempre lo deseó,

que siempre buscó la manera de tenerlo,

se mira en el espejo notando su cansancio,

ahora esperara hasta las ocho, pues ya es hora de apagarlo.

Sobre el autor: Felipe Arturo Saldaña Zamora – (1991, Iztapalapa Distrito Federal) Estudia actualmente el noveno semestre de la Lic. En Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.Ha participado en diversos concursos de poesía, obteniendo en 2009 el primer lugar en el concurso literario de preparatorias zona 19 del Edo. De Mex., y ganando también concursos institucionales en la Preparatoria número 208 de Axapusco, Estado de México.

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