“Nyctelios” 2015 Primer Lugar – “Vuelta a casa”

A Alberto no le permitieron ver el cadáver de su hermana.

Dijeron que estaba ya muy descompuesto por el tiempo transcurrido desde su muerte. El parte médico señalaba “infarto fulminante” como causal. De cualquier forma había cosas más urgentes de las qué ocuparse. Su mamá aún no había aparecido.

La Diócesis le había permitido oficiar el servicio en consideración a sus años de trabajo y a su pulcro historial como sacerdote. Después de encabezar la procesión al camposanto a orillas del pueblo y una vez finalizado el entierro, se acercó a la comisaría para ver el estado de las pesquisas. Aún no había resultado. Nadie había visto ni escuchado nada y no había ni una sola pista para seguir. La teoría más probable era que la señora había salido en busca de ayuda al notar que su hermana se ponía mal y que se había perdido en el monte debido a la oscuridad. Los de la montada seguían buscando por entre las nopaleras, atentos a cualquier señal que pudieran encontrar.

Una vez arreglados sus asuntos pasó a la miscelánea y se compró cigarrillos y una botella de mezcal. Hacía mucho que no probaba algo así de fuerte, pero ésta vez lo necesitaba. Luego se trepó a la camioneta y enfiló a la terracería que conducía a “La Quemada”. Quince años después de haber salido de ahí, al fin regresaba al hogar.

Por lo que veía, el panorama no había cambiado demasiado: las empedregadas milpas seguían igual de secas, sólo cruzadas de vez en cuando por gavillas de hierbas muertas arrastradas por el viento. El potrero que delimitaba el camino seguía también igual de derruido; y el ominoso silencio imperante sólo era interrumpido por las ráfagas repentinas, que arrastraban tierra roja consigo. Todo igual que siempre. Después de hora y media del mismo triste panorama, al fin llegó a la cerca del poblado. Al fin había llegado.

Cruzó las polvosas calles hasta el que había sido su hogar sin encontrarse con ningún alma. No se veía nadie alrededor. Fue a sentarse a la sombra del pirul que aún seguía en pie a lado del estanque de atrás de la casa. Había sido su sitio favorito cuando niño. Encendió un cigarrillo y le dio el primer trago al mezcal. Fijó la vista por unos minutos en el sendero que empezaba al fondo de la huerta, la noche empezaba a caer. Entonces lo supo: era inútil buscar. No la iban a encontrar.

Los recuerdos llegaron entonces: la tierna manita aferrando su mano, el croar de los sapos cuando cruzaban el mogotal, el roce de la hierba en sus piernas en el sendero. Y luego el miedo al fin, el intento de huida entre los nopales, el llanto y los golpes para acallarlo. Luego los gemidos y el acre olor de la sangre mezclada con el aroma de los excrementos calientes cuando los intestinos dejaron de resistir… Luego solo la niebla de sus pensamientos. Hasta que mucho rato después despertó y se encontró, ahí en medio de la nopalera, acunando los restos destrozados e irreconocibles del niño.

Una extraña luminosidad irradiaba del suelo mientras caminaba el sendero de nuevo. Las sombras en los huizaches y nopales circundantes proyectaban una parodia de vida siniestra, como de una danza macabra. No tardó en llegar al fondo de la vereda, donde los nopales se abrían formando un claro en medio de la nada. Se quedó quieto unos instantes, rematando lo que quedaba de la botella. Luego empezó a cavar con las manos en el punto donde la luz brillaba más que en los otros. Sus dedos lacerados no tardaron en dar con los huesos.

A sus espaldas, el rumor de la hierba al ser rozada por “algo” rompió el silencio de la noche: “¡Tata!, al fin llegaste”, dijo la voz ajada del niño. Pero cuando giró, fue el sonriente rostro del cadáver de su madre lo que encontró, aguardándole…

Sobre el autor: Octavio Villalpando – Nacido en Monterrey, N.L. en 1979. Estudioso del horror en todas sus manifestaciones. Incansable lector y cinéfilo irredento. Diletante de las manifestaciones más oscuras de las artes. Administrador de la página de la página de promoción de cultura lectora “Lea, no sea pendejo”. Ha dictado conferencias y charlas acerca de temas Lovecraftianos y coordinado ciclos de cine de horror relacionados con la obra del genio de Providence.

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