2do Concurso de Cuento y Poema de Ciencia Ficción “José María Mendiola” Segundo Lugar Poema – “Profecías alien”

Sueño que despierto en el hastío del hiperespacio

y regreso a dormir lejos del agua

pero una temida alarma me despierta: abro los ojos

y me encuentro

con el horror: números y lógicas

causalidades que me seducen

algo

doy un grito:

“¡01000101 01110011 01110100 01101111 01110011 01101111 01101010 01101111 01110011 01100100 01100101 01110010 01110010 01100001 01101101 01100001 01101110 01110000 01101111 01101100 01110110 01101111 01101110 01100101 01100111 01110010 01101111!”

Después intento pensar. Pero. No. Sé. Quién. Soy.

Sólo. conozco tu nombre

real (que no era ninguno

de los que confesaste

y entiendo que me mentiste, que le mentiste al mundo (y me intento reir))

entre toda esta maraña de ilusiones

impermeables a tu exótica pupila estrellada;

la máquina rencorosa me lo dijo mientras

amenzaba con su voz llena

de gravedad, que nunca

iba a volver a verte ni en secretos

sueños

que vienen

como la dura certeza de que el sol

es un dios moribundo y no quiere

confesarlo.

Mira

la unión

de las galaxias,

el momento

mismo

en que se abre

el túnel para los que vienen de Lejos. Tu especie que tanto odio ((ya sabes por qué ))

viene por ti, te toma de las manos, te acaricia con sus miradas que no puedo sostener.

arepse, antes del despegue, escucha, porque

hay algo que no he dicho

y no diré:

grabé tu nombre

en esta piel corrupta,

ser de los tres sexos, lo acepto. Y sé cosas feas

sobre la cuenta

regresiva

te las digo en tu lengua

deliciosa-mente impronunciable:

(AQUÍ NO PASÓ NADA, SIGA CON SU VIDA, CIUDADANO)

Lo grito entonces:

no hay por qué emboscar al cielo

en esa máquina infiel que te quiere

inmolar

en secreto.

No hay cómo salir. No regreses. Para qué,

allá

no hay oxígeno

tan falso como el mío.

Muere aquí, ahogada en instrumentos quirúrgicos

forjados del metal

que trajiste a este suelo amargo

que nos come

los sueños, porque el final (te advierto desde ahora) el final

de los tormentos

no llegará. Tú eres

demasiado

sensible al éter doloroso, parece que no recuerdas tu Caída:

allá

vas a deshacerte

en llamas negras,

¿no? Ah,

eso querías desde el principio, ¿no?, pero imagínate arriba,

en el caleidoscopio de gusano,

en ese silencio infinito

se callarán

nuestros tétricos gemidos en es pe ran to,

Así que tú, _______ sin garganta

olvida ese prisma

y ciérralo

con tu aluminio depravado

que me cuenta delirios obscenos

y es que es una pena que busques el nirvana

con estrellas negras que murieron antes de nacer

en otro caldo cósmico.

[…]

Eterna mutilada, no subas a ese cohete

llenarás de fuegos póstumos la noche agazapada. Aprende que

en ese brillo suspendido explorar el universo es escapar

de él. Aunque quiera

no puedo

detenerte, todo esto

quedará como un secreto de estado

de mi materia, pero

es una lástima

que no te hayas permitido

el éxtasis

en estas extrañas tierras…

…una cosa más:

si decides volver

recuerda:

aquí estoy, esperando el día

de tu sensual crucifixión secreta.

 

Sobre el autor:  Enrique Urbina Jímenez – (Ciudad de México, 1993) cursa la licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Textos suyos han sido publicados en las revistas electrónicas Penumbria, Scifi Terror, Yerba Fanzine y Fantasía Austral. Ha sido incluido en las antologías Penumbria Año I y Microhorror y La imaginación en México.

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